Apariencias |
  en  
Hoy es lunes, 18 de diciembre de 2017; 2:11 AM | Actualizado: 15 de diciembre de 2017
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 112 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Los hermanos Robreño, escritores para el vernáculo

Jorge Tomás Teijeiro, 12 de abril de 2013

Los hermanos Robreño, Gustavo y Francisco, dedicaron gran parte de su vida a las letras y al teatro, y es necesario tenerlos en cuenta cuando se trata de escribir sobre obras teatrales.

Gustavo Robreño Puente
(1853-1957). Pinareño de nacimiento, tuvo la dicha de haber pertenecido a una estirpe de teatristas, de la cual heredó (o aprendió) las mejores técnicas de actuación: fue hijo, nieto y bisnieto de “cómicos”.  Compartió con Regino López la categoría de figura principal del teatro Alhambra durante sus primeros veinte años y en este coliseo se mantuvo hasta dos años antes de su cierre definitivo.

Se destacó Gustavo Robreño como periodista, durante cuarenta años escribió diariamente crónicas de actualidad en Diario de la Marina, La Prensa, La Lucha y La Discusión. Fue fundador de los semanarios Gráfico, La Política Cómica y La Semana, donde escribía habitualmente. Escribió para el teatro más de cien obras de gran aceptación.

Francisco Robreño Puente (1871-1921). Nacido en Puerto Rico, pero trasladado a La Habana por sus familiares a la edad de dos años, fue el único de esta familia de actores que no “actuó” en un escenario –curiosidades que tiene la vida. No obstante, fue un gran conocedor de todos los secretos del arte teatral, pues trabajó como apuntador, traspunte, escenógrafo y, además, autor.

Fue Francisco Robreño un gran poeta. Sus versos fueron musicalizados por Sindo Garay y Villalón. Con esta habilidad para componer versos enriqueció los cantables de las obras que escribió junto a su hermano Gustavo.

Tin tan, te comiste un pan


“Tin tan, te comiste un pan” era un dicho de principios del siglo pasado, usado para indicarle a alguien que había “metido la pata”, o más finamente, “el delicado pie”.  “Te comiste un pan” era el equivalente a “te comiste el millo” o “te comiste un cake”. Y ese fue el título que utilizaron los hermanos Robreño para una obra teatral humorística, que ha trascendido hasta nuestros días con el título de El velorio de Pachencho y se estima que sea la pieza teatral cubana más veces representada. A continuación ahí les van algunos fragmentos de su libreto con comentarios de este articulista.

Surge la idea de “matar” a Pachencho. Humor negro


Arturo y Rodolfo, amigos de Pachencho, sufren una crisis económica “fantasmal” y para solucionarla idean simular la muerte de aquel y ver si pueden hacer pesar sus bolsillos con algunas monedas. La travesura se inicia sin que Pachencho esté al tanto de lo que se trata y acuerdan escribir al adinerado don Pepe, allegado a Arturo, para ver si por esa vía lograban sus propósitos. La carta es un delicioso juego literario de humor negro  Veamos:

RODOLFO
(Dictando.) Distinguido amigo: el negro ángel de la fatalidad bate hoy sus alas en nuestra morada. Las nubes de la desgracia envuelven por completo este recinto, y al volver los ojos en torno mío, solo distingo el fantasma de la miseria que con el brazo extendido me dice: “Acata los inapelables mandatos de la Providencia”.

ARTURO
(Levantándose) ¡Dame un abrazo! ¡Esa metáfora me ha llegado al alma!

RODOLFO
Gracias. ¡Vamos, hombre, si escribiendo necrologías soy un toro!

ARTURO
(Sentándose.) Sigue.

RODOLFO
Usted se presenta como faro salvador en el encrespado mar de mis tristezas.

ARTURO
¡Qué bonito! ¡Qué bonito! Desearía morirme para que me hicieras mi crónica.

RODOLFO
Sí, don Pepe, amigo querido (Canta), esta mañana he tenido la desgracia de perder al ser que más quería, a mi primo Pachencho, que era la alegría de esta casa y uno de los seres a quien adoraba mi padre… (Déjale caer una lágrima ahí.) (Arturo hace esfuerzos por llorar y al no conseguirlo va en busca de la palangana, moja sus dedos y rocía la carta.) Como usted sabe, mi situación es apuradísima, no tengo para los gastos que exige un suceso de esta índole.  Así espero que usted me adelante algún dinero…

ARTURO
Espérate, déjame poner esto en letra bien grande.

RODOLFO
...Que en su día devolveré.

ARTURO
Esto lo voy a poner en letra bien chiquita.

Don Pepe y Pachencho no se conocían. Equívoco.
Don Pepe llega a la casa donde viven los jóvenes supuestamente afligidos por la muerte de Pachencho y se encuentra precisamente con Pachencho, pero como no se conocen, se produce una confusión risible. Hela aquí:

PEPE
Este debe ser de la casa a juzgar por el traje.  Buenos días, caballero.

PACHENCHO
Muy buenas. (Aparte.) ¿Quién será este hombre?

PEPE
Supongo, caballero, que usted será amigo de Rodolfo.

PACHENCHO
(Aparte.) Este debe ser un inglés. (Alto.) Sí, señor, somos amigos, pero yo no tengo nada que ver con sus deudas.

PEPE
Sí, ya sé que las tiene y muchas veces he querido castigarlo, pero en este caso era necesario venir… aún cuando fuese de bronce.

PACHENCHO
(Aparte, bajo.) Ah, vamos, ya sé.  Este hombre fue el que le vendió a Rodolfo la cama de hierro que nosotros vendimos al día siguiente. Sin duda viene a cobrar.

PEPE
¡Qué lástima! Esto ha sido un escopetazo.

PACHENCHO
¿Eh?

PEPE
¿Por supuesto que habrá recibido un golpe de esos terribles?

PACHENCHO
No señor, no ha recibido ningún golpe.  (Aparte.) Dios sabe cómo estará a esta hora la dichosa cama.

PEPE
Porque la caída ha sido rápida.

PACHENCHO
¿Qué caída? No lo crea usted, no ha habido caídas, es muy resistente.

PEPE
Sin embargo, cuando se tiene cierta propensión… Porque Rodolfo me ha contado algunas veces que tenía ciertas cosas muy raras, como a quien le falta un tornillo.

PACHENCHO
Es que Rodolfo exagera, pero yo le aseguro que los tornillos están completos.

PEPE
Y que cierta vez por una cuestión de bastidores en el Alhambra… estuvo a punto…

PACHENCHO
¿El bastidor de alambre? Sí, sí, pero enseguida se compuso.  (Aparte.) Pero señor, ¿qué clase de mentiras le habrá metido Rodolfo a este hombre para pastelearlo?

PEPE
(Sollozando.) Yo, créame usted, soy muy blando de corazón y estas cosas me descomponen.

PACHENCHO
Vaya, compóngase usted.  (Aparte.) Digo, pues no toma poco a pecho este hombre que le deban veinte pesos.

PEPE
Y dígame, amigo, ¿dónde está?

PACHENCHO
(Aparte.) ¡Adiós, demonio! ¡Ahora sí que se formó! (Alto.) Está ahí, dentro.

PEPE
¿Y no se puede ver?

PACHENCHO
¡Caracoles! (Alto.) Sí, pero luego, porque creo que ahora la están tendiendo.

PEPE
¿Lo están tendiendo? ¡Ah, sí! ¿Los vecinos seguramente?

PACHENCHO
Sí, los vecinos…

El negrito Cabrizas, agente funerario

No podía faltar en esta obra –que aún conservaba esquemas del teatro bufo— el consabido negrito, en este caso representando al agente funerario que intenta obtener para su empresa la prerrogativa de tender e inhumar el cadáver de Pachencho. Veamos, en pequeños fragmentos cómo se acentúa, de esa forma, la utilización del humor negro.

CABRIZAS
(Presentándose.) Dispense.  Yo soy Juan Cabrizas, agente de la mejor casa de pompas fúnebres de la ciudad cuyo propietario es José Monge, situada en el mil setecientos treinta y nueve de Madison Avenú.

CANDA
Sí, Rosalía, este es Azabache el zacatecas.

CABRIZAS
No, ningún zacatecas! No desprestigie la profesión. (A Rosalía.) Y créame, señora, la casa que represento no tiene rival.  Tenemos un amplio surtido de sarcófagos de distintos modelos, capaces de satisfacer el gusto del muerto más exigente.

ROSALÍA
¿Pero qué dice usted?

CABRIZAS
Lo que usted oye. (Enseñándole el catálogo y mostrándole algunas páginas.) Mire, mire… todos son de última hora. Tenemos este tipo Chevalier, muy ancho de aquí. (Señala las hombreras.) Y este otro tipo Príncipe de Gales, Muy ancho de aquí abajo. (Señala los bajos de los pantalones.) Los dos tienen el mismo precio. Es lo que más se está llevando allá.

¡Ah! También tenemos unos modelos preciosos para maridos. Es un tipo especial. (Le muestra una página del catálogo.) Además, tenemos otro tipo: sarcófagos cameros ¡Una verdadera ganga! Le damos dos cajas por el precio de una. ¿Por qué no aprovecha? Conste que esto nada más lo hacemos este mes, mientras dure esta liquidación.