Cierra la boca
La agrupación teatral Estudios Punto Azul, que dirige Omar Bilbao, llevó a las tablas de la capitalina sala El Sótano la reposición de la obra Cierra la boca, de Yunior García, con dirección artística y puesta en escena del actor Carlos Sarmiento.
El elenco artístico estuvo integrado por los jóvenes actores y actrices Falconerys Escobar (Abel), Carlos Sarmiento (Raimundo), Yeney Bejarano (Mirna), y Odette Chávez (Sandra).La trama de esa deliciosa comedia, con ribetes de farsa y crítica social, sobre todo a las arcaicas estructuras mentales que frenan el desarrollo consecuente de nuestra sociedad, comienza en la parada del habanero teatro Trianón, donde las cuatro parejas, supuestamente heterosexuales, esperan, en horas tardías de la noche, un medio de transporte para trasladarse a un lugar determinado de la Ciudad de las Columnas.
Sandra, quien es santiaguera y sueña despierta con el american way of life, está ebria, mientras que Mirna, revolucionaria «de pura cepa», está encinta. Las dos mujeres logran que un taxista consciente las recoja, pero los dos hombres se ven en la necesidad de esperar un ómnibus u otro taxi estatal o «almendrón» (auto particular de alquiler) que los acerque a su destino.Entre ellos, surge una atracción homoerótica espontánea, y Abel le propone a Raimundo visitar un lugar seguro, que él conoce muy bien, para «descargar» (poder establecer una relación íntima), y con ello, liberarse del estrés. Además del vínculo gay que, a partir de ese momento los une, comienzan a contarse sus aventuras y desventuras, alegrías y tristezas, éxitos y fracasos
Abel en el mundo de la burocracia administrativa y Raimundo en el campo de la narración deportiva, donde —según él— se frustró una estrella de la estatura profesional de los fallecidos maestros Bobby Salamanca, Eddy Martin y Héctor Rodríguez. En un ameno intercambio con el público, Abel defiende a ultranza el nocivo hábito de fumar como arma «infalible» para eliminar el estrés cotidiano. Con fina ironía y buen sentido del humor, basó su cálida defensa en las advertencias sanitarias que, por indicación del Ministerio de Salud Pública, aparecen en las cajetillas de cigarros: «fumar daña su salud». Sin embargo, el auditorio supo intuir que ese mensaje debía interpretarse a la inversa, o sea, como un llamamiento urgente para decir NO a ese dañino hábito, que compromete no solo la salud, sino también la vida del fumador (activo o pasivo).
Sandra y Mirna, quienes realmente eran las que decían la última palabra en sus respectivas uniones conyugales, se re-encuentran —por pura coincidencia— y deciden narrar sus insatisfacciones en la esfera psicosexual con sus maridos. De acuerdo con las confidencias que se hacen mutuamente, todo parece indicar que, además de ser adoradoras del culto fálico freudiano, padecen de ninfomanía (disfunción que padece la persona del sexo femenino cuando no logra satisfacer la libido —deseo sexual— con ningún hombre o mujer).
En uno de esos encuentros casuales, terminan embriagándose en la casa de Sandra, y acaban —como sus compañeros— en la cama. En ese momento crucial, llega la pareja gay y las sorprende. Se arma el escándalo, donde se enteran de que el empresario y el periodista habían estado detenidos en una estación de policía por tener relaciones homoeróticas en lugares no adecuados (¿?), para «luchar contra el estrés y hacer cosas de muchachos», según declararon.
No obstante, la sangre no llegó al río, y luego de alcanzar acuerdos mutuamente beneficiosos para los cuatro, decidieron enlazar sus destinos y vivir los dos matrimonios en el apartamento de Sandra y Raimundo. Dicho «convenio» incluía el intercambio de parejas homo y heterosexuales.
Esa puesta en escena contó con soporte audiovisual: una pantalla colocada en un extremo de la sala proyectó las entrevistas que le hicieran a un sector poblacional, caracterizado —fundamentalmente— por un escaso o nulo nivel cultural y educacional.
Las preguntas giraban alrededor de qué es el estrés y cómo combatirlo eficazmente, y qué percepción tenían los encuestados acerca de la libertad sexual. Solo un ínfimo porcentaje, contestó más o menos con acierto las interrogantes que se le formularan, mientras que el comportamiento psicosocial del resto de los entrevistados rayaba en la marginalidad.
En los hallazgos de esa pesquisa, que respondía única y exclusivamente a los intereses de esa simpática puesta en escena, se aprecia —por vía subliminal— una crítica a nuestros medios de comunicación, ya que el tema del estrés, por ejemplo, es tratado con exceso de cientificidad o tecnicismo por parte de los especialistas en la materia. Por ende, no llega a la población media, mientras que el de la «libertad sexual» es, sencillamente, invisibilizado o censurado como «tabú» o «prohibido».
La denominada libertad sexual tiene sus defensores, sobre todo entre los adolescentes y los jóvenes, mientras que, entre los adultos y las personas de la tercera edad, se encuentran sus más furibundos detractores.
No obstante la relativamente poca experiencia actoral como consecuencia de su juventud, Escobar, Sarmiento, Bejarano y Chávez, demostraron en escena que dominan la técnica dramatúrgica (incluido el lenguaje verbal y gestual, el cual utilizaron con precisión y exactitud, pero sin concesiones a la grosería o vulgaridad). En consecuencia, les aportaron vida en las tablas a los personajes que interpretaran con indiscutible profesionalidad.
Por lo tanto, fueron premiados con una cerrada ovación por parte de los amantes del buen teatro cubano, que llenaron esa acogedora sala, no solo para reír a mandíbula batiente, sino también para reflexionar acerca de los candentes problemas planteados en ese contexto dramatúrgico.