Conozcamos el mar
En la actualidad, las múltiples disciplinas científicas asociadas al estudio del planeta no dudan al afirmar que la vida surgió en los océanos. No resulta fortuito que José Martí se interrogara: ¿Qué tiene el mar, que todo lo que trata o nace de él resplandece de sabiduría? Sin embargo, la realidad va más allá y confirma la relación de dependencia entre la humanidad y las grandes masas oceánicas.
La problemática posee dos aristas. La primera de ellas atañe a las incuestionables condiciones naturales, por ejemplo: la mayor parte de la superficie de la Tierra se halla cubierta por cuerpos de agua que corresponden, fundamentalmente, a los mares y los océanos, encargados de generar el setenta por ciento del oxígeno atmosférico.
A ello se suman factores sociales: dos tercios de la población mundial vive dentro de las franjas costeras, 81 estados soberanos ubican su capital en zonas litorales, la producción pesquera actual —sin tener en cuenta la acuicultura— rebasa los 85 millones de toneladas, al tiempo que 12 millones de personas están empleadas en labores asociadas a la industria de la pesca. Las condicionantes anteriores son apenas un esbozo de cuánto depende el ser humano del mar y sus recursos, así como del nefasto impacto de su actividad cotidiana sobre el paisaje y la biota marina.
Mientras esto ocurre en ambas latitudes del orbe, simultáneamente varios grupos multidisciplinarios de científicos aúnan esfuerzos y recursos para medir las consecuencias ecológicas del ser humano sobre el medio natural. A las innumerables campañas ambientales por sensibilizar los diferentes sectores sociales se añade el empeño de cierta porción de la comunidad científica internacional por promover los estudios de las características físicas, químicas, geológicas, geográficas y biológicas del medio subacuático y sus habitantes.
Precisamente, es este el propósito que motivó la idea de concebir una obra como Conozcamos el mar, publicada recientemente por la Editorial Científico-Técnica del Instituto Cubano del Libro y fruto de la labor investigativa de especialistas del Acuario Nacional de Cuba, el Instituto de Oceanología, el Museo Nacional de Historia Natural, el Instituto de Meteorología, el Centro de Investigaciones Marinas de la Universidad de La Habana, la Agencia de Cartografía Náutica y el Centro de Ingeniería y Manejo Ambiental de Bahías y Costas.
En poco menos de 150 páginas y cinco capítulos, Conozcamos el mar invita al lector a sumergirse bajo la gran masa azul oceánica, a bordo de un submarino propulsado por la imaginación, a emprender un viaje subacuático a través de la historia del planeta.
La primera de las escalas tiene como atractivo el surgimiento mismo de la Tierra, la conformación de los océanos y el surgimiento de la vida, procesos ocurridos en largos períodos, asociados a los movimientos de las placas tectónicas y a los constantes cambios climáticos encargados, a la postre, de moldear nuestra “casa grande” tal y como la conocemos hoy día.
Tras presenciar la génesis del planeta, al lector —en su condición de argonauta— se le presenta la interrogante ¿está listo para conocer el mar? La afirmación como respuesta despliega ante él un universo cognoscitivo, revelador de la complejidad que entraña la solución del agua marina, conformada por elementos disueltos y partículas en suspensión. La salinidad, el oxígeno, los nutrientes y la alcalinidad son factores que buscan su equilibrio natural en diálogo constante con la temperatura, la densidad, la presión, la viscosidad, el sonido y la luz, factores que inciden en el comportamiento de las corrientes marinas, las olas, las corrientes de marea, los tsunamis y las zonas de afloramiento, estas últimas generadas por la elevación de las masas de aguas profundas ricas en nutrientes, que se mezclan con las capas de agua más superficiales, donde abundan los organismos fitoplanctónicos, principales productores primarios de la cadena alimentaria.
En tanto, el tercer capítulo de Conozcamos el mar está dedicado a la vida en los océanos, ameno acercamiento a las interioridades de los ecosistemas marinos y su diversidad biológica, sustentados sobre el frágil filamento del equilibrio ecológico. De sumo interés en este acápite, son las clasificaciones que ostentan las regiones oceánicas, dividas en bentónica (cercanas al fondo), pelágica (comprende la columna de agua rica en plancton y en necton), nerítica (plataformas insulares o continentales) y oceánica (a partir de los límites de las plataformas).
En dependencia de la profundidad y de las características geomorfológicas y oceanográficas predominantes, se pueden definir los diferentes ecosistemas marinos. El ecosistema más representativo del cordón tropical del planeta es el arrecife de coral, siempre en estrecha relación con otros dos no menos importantes, los manglares y los pastizales marinos, este último principalmente nativo de fondos areno-fangosos, donde crecen las fanerógamas marinas.
Los autores de Conozcamos el mar afirman que la diversidad marina es un patrimonio genuino del planeta, al estimarse la existencia de más de doce mil especies que podrían incrementarse en un treinta por ciento, aparejadas a un aumento de los estudios de la biota marina.
El breve pero pormenorizado análisis que realizaron los especialistas en la confección del volumen, le permite al lector concientizar sobre la diversidad de la vida en los mares de nuestro planeta. No se trata tan solo de los peces ─desde sus exponentes más pequeños, los moradores del arrecife coralino, o los de considerables dimensiones como los cetáceos─, sino también de los reptiles, aves marinas, crustáceos, moluscos, nemátodos y anélidos, equinodermos y mamíferos marinos, que en su conjunto conforman un universo multicolor y plurimorfológico.
Concluyen la obra dos capítulos encaminados a la necesidad de sensibilizar a la humanidad con la responsabilidad que a todos atañe en la protección de los ecosistemas costeros y oceánicos. Sirva el presente volumen, Conozcamos el mar, para incentivar en las nuevas generaciones el amor y el respeto por la naturaleza, en especial por la biota marina, al tiempo que rinda el merecido tributo a los hombres y mujeres que desde aquella exploración pionera (1872 a 1876), a bordo de la corbeta HMS Challenger, donde se colectaron para su estudio y mejor comprensión cerca de cuatro mil especies, han contribuido a vislumbrar ese universo hostil y fecundo que es el mar y su manto de vida. Que la imposibilidad del ser humano para vivir fuera de su medio y en particular, bajo el agua, no constituya en modo alguno, un obstáculo en el acercamiento a la sabiduría ancestral y a la fuente vivificadora que reposa suspendida, a merced de las corrientes, en los océanos de nuestro planeta.