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Giga, la incierta traza de la tecnología

Fernando Padilla González, 20 de mayo de 2013

Los cinéfilos o simplemente aquellos ocasionales espectadores fílmicos recordarán cómo un lustro atrás, el género de catastrofismo recreaba el apocalipsis del orbe, debido a la acción descontrolada de las fuerzas naturales. Huracanes de intensidad inusitada; tsunamis capaces de barrer ciudades, naciones y hasta continentes o erupciones volcánicas que harían palidecer el más potente de los arsenales nucleares del orbe, constituían la diégesis cinematográfica de buena parte de los exponentes que el séptimo arte acuñó como pesimismo futurista.

Cada año y en diferentes latitudes, la prensa periódica mundial y las cadenas noticiosas brindan cobertura al impacto sobre la vida humana y la economía que causan los eventos climatológicos adversos y la actividad telúrica de nuestro planeta. El polémico tema del calentamiento global y su consecuencia paulatina en el deshielo de los glaciares polares, y la amenaza latente de terremotos bajo las aguas oceánicas —provocados por el colapso e interacción de las placas tectónicas—, a la postre responsables de los temidos tsunamis, continúa siendo una realidad que inspira a mentes fantasiosas en las más variadas recreaciones fílmicas.

Ahora bien, una nueva fuente de inspiración para los directores de este género cinematográfico ha surgido asociada a las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC). Basados en temores o preocupaciones reales, el cine y la literatura, una vez más, se adelantan, de manera profética, al futuro inmediato y a los riesgos que este entraña. En la actualidad resulta frecuente ver o leer historias de las que afloran interrogantes tales como: ¿Qué pasaría si un día despertamos y toda la información que conocemos hubiera desaparecido? Si la melodía cómplice de nuestra primera conquista amorosa o aquella que rememora momentos felices, ya no estuviera disponible cuando nos ataca la nostalgia. Si al abrir los ojos en la mañana, el espacio físico permaneciera inmutable pero en la ausencia total de los referentes de una realidad que dejamos palpable la noche anterior.

Hallar respuestas a esas y otras inquietudes dedica Giga, la revista cubana de computación, una de sus más recientes entregas. A las puertas de sus dos décadas de fundada, esta publicación trimestral, editada por la Dirección de Marketing y Comunicación de Copextel, ha desafiado el reto de divulgar los entresijos tecnológicos a nivel mundial y de llevar en valores cognoscitivos la información al amplio público lector de la Mayor de las Antillas, sin renunciar a su carácter de revista especializada.

Quizás la dinámica social que caracteriza la modernidad haya exiliado de la memoria los sucesos acaecidos a finales de 1999, debido al “Efecto 2000”, conocido también como “Error del milenio” o “Y2K”, que amenazaba con paralizar los más disímiles servicios en una sociedad para entonces altamente automatizada. Subsanado el bug o error de software, nuevos desafíos surgen a diario, vinculados a la efímera condición de los formatos y soportes informáticos. En tal sentido, arroja luces el editorial de Giga:

El adelanto, renovación y obsolescencia tecnológica actuales nos pudieran deparar un destino no muy alejado del difundido por el séptimo arte. Los formatos 'mueren' a un ritmo agigantado que resulta difícil vivir a la par de los avances del mundo de la TIC, sin perder algo a cambio. Continuamente tenemos que olvidar o prescindir de información que consideramos importante, pero no tuvimos tiempo de pasar al soporte de moda y los equipos más modernos no nos permiten acceder a nuestros añejos disquetes para rescatar los bytes almacenados en aquellos pequeños dinosaurios. Corremos el peligro de irnos a pique en esta constante avalancha de cambio si no tomamos medidas previsoras. Archivos sonoros y visuales, datos e información de todo tipo, desde un clásico del cine mudo, o una fórmula matemática, hasta la receta para hacer un buen flan, pueden perderse si no ponemos un freno y nos detenemos a rescatar todo lo que el hombre ha hecho que deber ser legado, como parte de su cultura, a la próxima generación.

Por otra parte, nadie debiera discriminar qué es lo que debe o no ser salvado, no debe existir un comité de censura decidiendo con dedo caprichoso lo que considere de su interés; a los ojos de la humanidad absolutamente todo debe tener al menos un gramo de valor para entregar como patrimonio informativo de nuestro hacer.

Con el sugerente título de “Papeles son papeles” el artículo de portada indaga sobre los variados formatos para la distribución y conservación de las informaciones generadas por el hombre, en las diferentes esferas o aristas de su realización personal y como ser social. Ante la ineludible realidad de la evolución y el cambio de los medios y los formatos; el texto se plantea sondear la capacidad real y previsión de la humanidad para salvaguardar el legado informativo que permitirá, en el futuro, reflejar nuestros aciertos y errores en la construcción cotidiana de la historia y en la carrera de legitimación como especie humana.   

Una invitación a los argonautas digitales encontrará el lector de Giga en la sección “Perro Webero”, en esta ocasión dedicada al sitio web del Museo Nacional de Historia Natural. El portal, en su tercera versión, brinda al usuario la oportunidad de “navegar” por diferentes secciones, entre ellas varias encargadas de divulgar las particularidades de la flora y la fauna de la región antillana y caribeña.

“Arte de los nuevos medios”, así se titula el texto que aborda el desempeño o utilización de las tecnologías y medios de comunicación emergentes, en la creación de obras con alto vuelo estético. Antecedentes, peculiaridades y puntos de encuentro del videoarte, instalaciones multimedia, entre otros, son analizados desde las potencialidades que ofrecen para la creación y amplia difusión de las nuevas manifestaciones artísticas.

Aunque mucho se habla sobre los software espías en los últimos tiempos, siempre es poco si de seguridad se trata. En el artículo “Los software espías”, su autor asevera que la principal carta de triunfo con miras a la autoprotección está en no descuidar la información almacenada. En ocasiones, por ingenuidad o desconocimiento, se dejan nuestros datos, sin precaución alguna, al alcance de quienes, motivados por la mala intención, realizan algunos clics para husmear en la privacidad ajena.

Por último, desandar la retroalimentación existente en la actualidad entre las industrias culturales y las tecnologías de la información y las comunicaciones es el propósito del trabajo que se presenta en la sección “enredados”. El lector podrá disfrutar, además, de las nuevas apuestas de Microsoft relativas a las tabletas electrónicas y los ultrabook, las alternativas libres de animación 2D, las potencialidades de los paseos o recorridos virtuales multimedia, las peculiaridades de los doodles de Google, lo novedoso de la más reciente consola de videojuegos de Android y la tinta electrónica al servicio de los ebook, en el epicentro de la controversia entre el libro en su soporte tradicional y su versión tecnológica.