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La primera filmación de Cecila Valdés (1)

Luciano Castillo, 21 de mayo de 2013

Con el nombre de Havana Films, S.A.1 fue fundada en la capital cubana a mediados de los años cuarenta, una compañía presidida por Carlos Manuel Sánchez, vinculado al cine como dueño y empresario del teatro Riviera y durante un tiempo como accionista y gerente de una conocida firma importadora de aparatos y de proyectores y otros implementos cinematográficos. Este miembro de una familia criolla financieramente poderosa se asoció a José Huerta Oliva, concejal habanero y a Macario Fernández con el objetivo de filmar tres películas basadas en otras tantas novelas cubanas de costumbres. La primera de ellas, una versión cinematográfica de la conocida novela Cecilia Valdés o La loma del ángel (1879), escrita por el pinareño Cirilo Villaverde (1812-1894).

Edwin H. Tolón, entusiasta del teatro vernáculo, fue designado supervisor artístico de la empresa, mientras que para la supervisión técnica nombraron a Jaime Saint-Andreu, por su permanencia durante varios años en Estados Unidos y España consagrado a empeños cinematográficos. Su trayectoria en el cine posee visos novelescos desde que firmó con el nombre de Jaime Gallardo (1905-1955), su primera película en Cuba: Intriga de amor (1925), fecha en que se dijo que había nacido en la ciudad de Cárdenas, provincia de Matanzas. De acuerdo a fuentes más confiables, su verdadero nacimiento se produjo en Mallorca, el primero de octubre de 1905 con el nombre de Jaime Sant-Andreu Grimalt, hijo de un español y de una cubana. A lo largo de su carrera utilizó en ocasiones el de Jaime Gallardo y en otras redujo su apellido a Sant-Andrews de resonancias anglófonas, moda nada excepcional por estos años e incluso después, y con el cual rodaría algunas películas en Cuba en las próximas décadas.

Para interpretar el papel protagónico delineado por Cirilo Villaverde se anunció la celebración de un concurso. «De hecho, Cecilia Valdés puede ser el comienzo de la verdadera cinematografía cubana —publicó Bohemia—, pues hasta el momento solo se ha hecho, en la medida en que se puede afirmar tal cosa, desde un punto de vista técnico y estético, cinematografía en Cuba, pero no cinematografía cubana»2.

Jaime Sant-Andrews, realizador asociado a los millonarios Cándido Mora y José Huerta Oliva, presidieron la empresa que bajo la dirección de Sant-Andrews trabajaba desde hacía más de un año y medio en la producción iniciada el 11 de mayo de 1947. Una versión fílmica de esa novela cimera en la historia de las letras nacionales, interesaba a los cineastas cubanos desde los tiempos del cine mudo, e incluso en el sonoro, hasta acumular la cantidad de siete intentos malogrados, entre ellos uno para el cual la actriz mexicana María Félix se mostró entusiasmada de personificar a la heroína por adaptarse a su físico y a su temperamento.

El argumento de este clásico de la literatura cubana ochocentista, obra capital de su autor, ante todo un costumbrista que retomó el recurso del incesto, empleado por él en sus primeros ensayos narrativos, es harto conocido. Fue sintetizado y transcrito en forma de guión por el propio realizador, responsable además del diseño escenográfico. En La Habana de la primera mitad del siglo XIX, Cecilia, bella mestiza, ambiciona el mundo de los aristócratas blancos. Su vehículo será Leonardo, joven nihilista y contradictorio, hijo del opulento hacendado don Cándido Gamboa. Los dos amantes ignoran la secreta consanguinidad existente entre ambos, pues ella es el fruto de los amores clandestinos de Cándido con la mulata Rosario, que pierde la razón al serle arrebatada su hija al nacer y depositada en la Casa Cuna para ocultar su origen. La madre de Leonardo se opone a estos amores y concerta su matrimonio con Isabel Ilincheta, una joven de familia acaudalada.

Cecilia, enloquecida de celos, induce a uno de sus enamorados frustrados, el músico mulato José Dolores Pimienta, a matar a la novia el día de la boda en un final precipitado y violento, según estudiosos de la novela considerada por Manuel de la Cruz como un lienzo colosal de toda una época. La sinopsis promocional de la película añadía: «¿Qué secreto tan terrible cuando el propio Leonardo decide poner fin a estos amores… y casarse con Isabel? ¿Qué tragedia envuelve la vida de los dos jóvenes con quienes el destino se muestra tan cruel…? Cecilia Valdés es el desfile de una época brillante; la historia de una pasión sin límites. Una de las más sublimes páginas de la vida de nuestra Cuba de antaño»3.

La integración del cineasta mallorquín al frente del equipo de rodaje de este proyecto resulta curiosa. Para poner en práctica un acuerdo determinante adoptado en el seno de la compañía productora, Carlos Manuel Sánchez, propietario de un circuito cinematográfico, vinculado a Havana Films, envió agentes a Estados Unidos para contratar un director norteamericano. Sus gestiones fueron negativas al no hallar a ningún profesional dispuesto a filmar en Cuba para una empresa primeriza y con un salario por debajo de lo devengado en la comodidad de los estudios californianos. Sin embargo, fue en Hollywood donde les recomendaron a Jaime Sant-Andreu como el realizador ideal. Ante la infructuosa búsqueda en el extranjero, para ellos era inimaginable la existencia del «profeta en su propia tierra» y tuvieron que localizar en la isla al cineasta. Lejos de desanimarse por la frustrante experiencia de Tengo fe en ti, inconclusa por las perennes limitaciones presupuestarias, Sant-Andreu concentró todos sus esfuerzos en la consecución del proyecto de Cecilia Valdés.

Surama Ferrer, periodista la revista Ecos de la R.H.C., afirmó que el interés adicional del director en la famosa novela era evocarle un fogoso amor de juventud mientras cursaba segundo año de Medicina en la Universidad de La Habana, truncado abruptamente por sus padres al rumorarse que la muchacha no era del todo blanca. Tras la disputa familiar, Sant-Andreu fue obligado a embarcar rumbo a Estados Unidos para que con la ayuda de unos amigos olvidara aquel amor desgraciado y esto permitió que diera sus primeros pasos en Hollywood4.

La fotografía fue encomendada a su hermano Antonio Sant-Andreu, con Bernabé Muñiz como asistente y Manuel Oropesa en la iluminación. Los interiores fueron rodados en los Estudios Havana Films (una vieja nave donde estuvo antes el Summer Casino), en la Playa de Marianao5. Los intérpretes seleccionados fueron: Leticia Reyna (Cecilia Valdés); René Yáñez (Leonardo Gamboa); Carmen Ignarra (Isabel Ilincheta); Nidia Sarol (Doña Rosa); Armando Bringuier (Don Melitón); Ignacio Valdés Sigler (José Dolores Pimienta); Juan Borrás (Doctor Montes de Oca); Fela Jar (Antonia Gamboa), Josefina Pedrosa (Chepilla), Benigna Roldán (María Regla), Elena Diéguez (Nemesia), entre muchos otros. El actor Luciano de Pazos encarnó a Don Cándido y, al mismo tiempo, fungió como asistente de dirección.

El reparto alcanzó la cifra de 101 intérpretes del patio, muchos de ellos procedentes del Grupo adad, del Patronato del Teatro, y figuras de la radio nacional. Informaciones de la época precisan que la actriz protagónica devengó un salario de ocho mil pesos; su pareja un total de seis mil, mientras que los secundarios principales cobraron tres mil pesos cada uno. Un dato no verificado es que fueron contratados tres mil extras negros en su mayoría con una tarifa de seis pesos diarios, similar a la aplicada a los extras en México. Sin embargo, las secuencias en que intervinieron, denunciadoras de la crudeza de la esclavitud, fueron cortadas por la censura.

Para la secuencia del baile en el Palacio de los Capitanes Generales fueron invitadas muchachas de la alta sociedad habanera, quienes aportaron su vestuario y las joyas de sus familias, que facilitaron también gran parte de la utilería. La escenografía de mayores dimensiones fue la de esta edificación, un salón de treinta y cinco metros de largo por dieciséis de ancho con techo artesonado y un retrato al óleo de Fernando VII(copia del de Goya), pintado expresamente para la película. Ante la calidad de la reproducción varios sugirieron su donación posterior al Archivo Municipal. En la musicalización intervinieron varias agrupaciones: la Orquesta Filarmónica, dirigida por González Mántici para la música incidental o de fondo; la Banda Militar y la Banda Municipal de La Habana, conducida por Manuel Duchesne Cuzán, que aparecía en la secuencia del baile del palacio; la orquesta de treinta profesores a las órdenes del maestro Guida para los cantables y la orquesta típica de Pedro Pons para las danzas, minuets y contradanzas, aparentemente dirigidas por José Dolores Pimienta en el filme. (Continuará)
 

Notas:

1 El nombre aparece indistintamente como Havana y Habana Films en la prensa de la época.

2«En Cuba»: Bohemia, Año 37, No. 51, La Habana, 23 de diciembre de 1945, p. 37.
 
3Programa de mano de la presentación de la película el jueves 5 de octubre de 1950 en el cine habanero Lux, calle Díaz entre Mendoza y Primelles.

4Surama Ferrer: «Cecilia Valdés, joya de la cinematografía cubana»: Ecos de la R.H.C., La Habana, (sin fecha).

5Al estrenarse la película se anunció como una gran producción de la empresa cubana HAFCA Films.