En el centenario del escritor cubano Raúl Aparicio
Cien años se cumplen ahora del nacimiento en el pueblo de Cruces, hoy provincia de Cienfuegos, del escritor e historiador Raúl Aparicio. Ocurrió el 29 de mayo de 1913, la fecha amenaza pasar inadvertida y no debe permitirse que así sea, porque la bibliografía cubana en torno a la figura del Lugarteniente General de nuestras guerras por la independencia, aunque abundante, tuvo en él a un destacado contribuyente con el volumen titulado Hombradía de Antonio Maceo, ganador en 1966 del premio de biografía de la UNEAC.
Otro notable historiador y también biógrafo de Maceo, nos referimos a José Luciano Franco, señaló de este libro su capacidad de “revelar al lector las profundidades del carácter y sentimiento revolucionario en la heroica y ejemplar vida de Antonio Maceo”.
Desde joven, se insertó Aparicio en el panorama intelectual de las ciudades de Santa Clara y de Cienfuegos, en el mundillo de los autores jóvenes de entonces, soñadores y rebeldes, entusiastas creadores de publicaciones. Se licenció en Derecho Diplomático y Consular y se doctoró en Derecho Público y Ciencias Sociales, Políticas y Económicas en la Universidad de La Habana, ejerció la docencia en instituciones educacionales privadas, impartiendo Historia, Literatura y Gramática, las mismas disciplinas que apuntalarían posteriormente su desempeño autoral. Pero también desempeñó otros oficios, y en Estados Unidos, durante la década del 40, se ganó la vida como agente publicitario.
De su manejo del lenguaje y de la habilidad para escribir da prueba —además de las numerosas publicaciones periódicas que recogen sus colaboraciones, artículos, crónicas y reportajes sobre disímiles temas— este fragmento del libro ya citado:
La hazaña increíble ha tenido cabal realización; no solo se ha invadido el occidente, sino que Maceo ha regresado de Pinar del Río. [El General Máximo] Gómez sabe aquilatar la magnitud de la obra realizada por su hermano de armas, y por eso la emoción lo domina. Cuando puede hablar, dice sencillamente: Ya, después de todo, es solo cuestión de esperar.
La relación de los libros de Raúl Aparicio incluye Diez pintores del mundo, 1945; Frutos del azote, 1961; Hijos del tiempo, 1964; Espejos de Alinde, 1968, Chipojo, 1977, y Oficios de pecar y otras narraciones, 1981, pues también el cuento, la novela y la literatura para niños, que le ocuparon, revelan su amplia cultura, su conocimiento de las costumbres y tradiciones cubanas y de otras latitudes por las cuales se movió durante sus funciones diplomáticas en América Latina y en Europa después del triunfo de la Revolución.
Perteneció al consejo de redacción de La Gaceta de Cuba. Aparicio murió el 3 de enero de 1970. El tiempo transcurrido y la poca divulgación actual de su obra, que no se encuentra en librerías y a la cual solo podemos acceder en las bibliotecas o en las estanterías familiares, amén del torbellino de los tiempos, que envuelve los sucesos del pasado (aun de aquel reciente), en una nube de escasa visibilidad, tiende una capa de polvo y olvido sobre algunas personalidades de la cultura a quienes los cubanos debemos respeto y agradecimiento.
Humanista por excelencia, lector en varias lenguas, sencillo y docto al mismo tiempo, Raúl Aparicio dejó una obra sobre la cual podemos y debemos volver en el perenne propósito de conocernos mejor. Ojalá el suceso de su centenario promueva una relectura de sus libros, la promoción de estos y la aventura siempre incitante de adentrarnos en la vida de Antonio Maceo, su insigne biografiado.