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La primera filmación de Cecilia Valdés (2)

Luciano Castillo, 06 de junio de 2013

Tropiezos en la fotografía, añadidos a las carencias de siempre, provocaron que en el inevitable procesamiento de las copias finales de Cecilia Valdés en los Estados Unidos fuera aplicado un viraje en sepia. La campaña de lanzamiento anunciaba que la película estaba realizada en el «nuevo y maravilloso procedimiento conocido por Sepiatone». El revelado de los negativos y las copias de trabajo fueron procesados en Cuba por el laboratorista Guillermo Ramos. De esta primera versión cinematográfica de Cecilia Valdés no sobrevivió copia alguna, apenas unas cuantas fotografías de la filmación, la publicación de una noveleta ilustrada a partir de la síntesis argumental del guión y, en la plazuela de la Iglesia del Ángel, un busto de Cirilo Villaverde con una tarja de bronce que recuerda el rodaje.

A un costo de 1 200 pesos esta fue la solución hallada por la compañía productora para el conflicto surgido con los derechos de autor de la novela que pretendieron cobrar algunos de sus descendientes. Desconocían que el propio Villaverde, en su testamento, consignó que legaba su obra a la posteridad y, por tanto, era propiedad de la Patria. Poco antes del iniciar la filmación y para otorgar una atmósfera de credibilidad y respeto al empeño, esta efigie conmemorativa con la inscripción correspondiente fueron develados por Emilio Roig Leuchsenring, el Historiador de la Ciudad de La Habana, quien asesoró al realizador en multitud de detalles.

Aunque el rodaje comenzó en 1948, fue al año siguiente que luego de un impulso final Cecilia Valdés logró ser finalizada después de muchos meses de filmaciones e innumerables interrupciones por problemas económicos. De acuerdo a los testimonios de veteranos miembros del giro cercanos al equipo de realización, para completar los fondos, los productores apelaron al recurso de mostrar fotos-fijas de las escenas filmadas colocadas en álbumes para ilusionar a los posibles inversionistas que tanto requerían, hasta acumular un costo total de 125 mil pesos. El período abarcado por la producción, el rodaje y la postproducción se extendería a tres años, cuatro meses y trece días hasta la fecha de estreno, el lunes 25 de septiembre de 1950.

Cecilia Valdés ocupó el circuito exhibidor de películas habladas en español liderado por el cine Reina en compañía de Campoamor, Santos Suárez, Olimpic, Roxy y Récord. La Distribuidora Bernades, S.A. de Ánimas 154, citó el nombre correcto del director Jaime Sant-Andreu en algunos de los anuncios que proclamaron: «Una producción más que viene a fortalecer nuestro criterio de que la industria cinematográfica nacional está en su etapa definitiva»1. El cronista de la sección «La Farándula pasa» de Bohemia, dedicó bastante espacio a comentar sus impresiones luego de una función privada:

 

La misma lentitud que se empleó en su confección y culminación, se advierte en el proceso de la trama. Con todo, estamos ante un loable esfuerzo cinematográfico cubano. [...] Si algo adolece Cecilia Valdés es, precisamente, de exceso de pulcritud, de puntillismo en el detalle ambiental, lo cual merece más elogio que reparo. Observada la novela de Cirilo Villaverde con honesto sentido responsable, la película va a paso lento hacia su trágica culminación. [...] Guardarropía, escenografía, utilería, son los tres departamentos que mejor labor han rendido en esta película de la Habana Films. [...] No es posible detallar la labor de cada actor. Son muchos, y cada uno de ellos ha hecho por el mejor lucimiento de su personaje lo que pudo. Y muchos de ellos pudieron alcanzar interpretaciones discretas y plausibles.

Leticia Reyna, ha sido Cecilia Valdés. ¡Es Cecilia Valdés! Así debió haber sido, si existió de veras. Así la concibió, seguramente, el genio creador de don Cirilo. Guapa, apasionada, ingenua en la entrega amorosa, dócil en el colmo de la felicidad y brava, arrebatada en la venganza. No hacía falta la actriz consagrada, que hubiera hecho una Cecilia Valdés más efectista en los ademanes, y más elegante y desenvuelta. Pero no hubiera sido Cecilia Valdés. Creemos que es el mejor logro de la película2.
 

Desenvoltura y espontaneidad faltaron al joven actor René Yánez, según este periodista, quien apuntó que Bringuier, demasiado sujeto a su personaje, daba «la medida de la rigidez con que ha sido dirigida esta película, novela y guión en mano». Terminó con el llamado habitual: «Un paso muy estimable en nuestra industria cinematográfica nace. Cecilia Valdés es hasta hoy el esfuerzo más considerable, el logro más honesto de cuanto lleva estrenado en lo que va de año»3. Fueron menos entusiastas los autores de los reportajes y reseñas publicadas los cuales coincidieron en criticar que no obstante la adaptación de las facciones de la actriz Leticia Reyna al personaje titular de la mulata sensual, aparecía en la cinta con el rostro esplendorosamente blanco, sin el menor contraste con el de Yáñez en su Leonardo. La Reyna era una cantante operática cubana que por estos tiempos integraba el elenco del Metropolitan Opera House de Nueva York, tuvo que someterse a un arduo entrenamiento presionada por Sant-Andreu.

Que precisamente por la grandiosidad de la novela exigía un realizador experimentado, la entrega total de técnicos y artistas y un dialoguista capaz de aprovechar la riqueza literaria del original, fueron algunos señalamientos de la crítica publicada por Enrique Perdices sobre una película insatisfactoria para el público que denotaba más «el esfuerzo de entusiastas, que la labor de los profesionales»:
 

No obstante, debe tomarse en consideración lo realizado, aún lamentando que, antes de tiempo se utilizase un libro que debió reservarse para cuando nuestra industria dejase de estar en pañales. Seríamos injustos, si después de hacer esta aclaración dejásemos de reconocer positivos aciertos técnicos que valorizan algunas escenas, por ejemplo: en la que aparecen los esclavos cantando en la finca, que muy orgulloso se sentiría el mejor director americano si la viese intercalada en su más selecta obra4.
 

(Continuará)
 

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2Lista para su estreno Cecilia Valdés»: Bohemia (sección: La Farándula pasa), Año 42, No. 38, La Habana, 17 de septiembre de 1950, p. 109

3Ibíd

4Enrique Perdices: «Son cosas nuestras»: Cinema, Año XVI, No. 773, La Habana, 1º de octubre de 1950, p. 3