Giros y saltos de una saltamontes
Es una aguja racional:
zurce hábilmente las desgarraduras,
refuerza los botones desprendidos.
Marilyn Bobes
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«Nadie sabe hacia dónde va a saltar el saltamontes. Ni siquiera él mismo», dice un conocido proverbio chino. Y es verdad que aterriza, gira sobre sí mismo, salta y vuelve a girar este valiente del zigzag en su alborozada trayectoria, sorprendiendo siempre por su nueva dirección.
Esa espontaneidad del saltamontes parece ser el secreto de Marilyn Bobes, cuya obra, o aterrizaje, contiene la frescura inicial, con un lirismo visible en la nota quieta o punzante, presente en el diálogo intertextual con raíces en lo que de experiencia, manifiestan sus composiciones poéticas.
El salto imprevisto de nuestra saltamontes se perfila con el libro Alguien tiene que llorar (Premio Casa de las Américas, 1995), donde el nuevo escenario narrativo es dominado con insospechable maestría. A partir de entonces va a desarrollar una personal narrativa que, como parte de su poesía, se ocupa de historias sobre mujeres, un destino que la crítica mayormente cataloga como feminista, aunque su pretensión identitaria es más proclive a contradecir la discriminación.
Textos de seis poemarios se recogen en la antología La aguja racional. Poesía 1978-2010, publicada en 2011 por Ediciones Unión, la cual rezuma la labor poética de Bobes y que, desde el título del volumen, viene a ser una interpretación del tejido, cuya urdimbre trama las esencias poéticas con que comulga la versada escritora.
Así se perfilan los saltos, donde nace la sorpresa y se desconoce ahora el final.
2
Una constante en los poetas ha sido la inquietud por la creación, hecho que los ha conducido a disertar sobre la poesía o el poeta en sí. Por eso, Bobes comienza esta antología con el texto titulado “Prefacio”, donde se sabe diluida en el pensamiento de otros, con una voz que resuena esperanza en el camino de esos otros. Su “Arte Poética” es la aguja racional, aquella con que armoniza las sajaduras del lienzo, el alter ego de una vida reinterpretada, recreación, pequeña aún, frente al universo.
3
Es laudatorio el hecho de que la poeta se interese por la obra de autoras y autores que la han precedido y en esa búsqueda de filiación, la obra de ciertas mujeres acapare su atención.
Sor Juana Inés de la Cruz es una de esas mujeres que con su literatura abrió el cerco hacia el reconocimiento de una intelectualidad femenina, la misma que los versos de Bobes develan como «mala entre las malas»1 por no renegar del conocimiento y que, a juicio compartido, sigue siendo la primera de América.
Por esa senda de injusticias, la figura de Gertrudis Gómez de Avellaneda, es motivo para nuestro hablante lírico, quien reflexiona, en “Apuntes sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda”, alrededor de los sentimientos de quien fuera excluida de los escenarios literarios cubanos, pero esto no le robó el amor ni la condujo al egoísmo.
También la presencia de Gabriela Mistral se asoma en “Como una flor y nada más”, un texto a modo de semblanza sobre la Premio Nobel de Literatura 1945, en quien tres palabras precisan una casi perfecta definición: «Desolación, ternura o elegía».2
De una turbación colectiva, entre los intelectuales del siglo XX, especialmente entre las poetisas, podría catalogarse el suicidio de Alfonsina Storni. La muerte de la poetisa argentina, la que está unida al mar —invariable inspiración del vasto y profundo azul para bardos y cantores—, se sumerge en “Sobre el suicidio de Alfonsina Storni”, recreando atmósfera e interrogante en torno al hecho consumado en la playa de Mar del Plata, al que le ceñirá siempre un velo de dudas.
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Una definición antigua apunta que el amor es una necesidad humana. Esta necesidad de amar se presenta en el deseo de comunicar el deseo de afirmación de la persona amada. De esta forma, el poeta de todos los tiempos se ha mostrado ávido de expresar sus emociones, esa capacidad muy especial de comunicar lo que «siente» el corazón, como lugar donde convergen juicio y sentimiento.
La propuesta de Marilyn Bobes alrededor de la temática del amor sondea ese espacio esperanzador en el cual la esperanza es la búsqueda del amor; es decir, en su sujeto lírico actúan la espera y una meta todavía no visible, por la plenitud de las experiencias escapadas a su cosmovisión:
Afuera llueve
y la mujer que no se llama Elvira regresa por las calles silenciosas
y se duerme en la luz: está esperando.3
El fragmento citado es típico de la mujer reverberante de soledades, quien conociendo el amor no se sacia, sino que se obstina en la incansable busca, hasta en su propio olvido, porque «eterno» es solo una palabra precisa, cuando se está amando…
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Entre los motivos que tienen a la mujer como objeto lírico ya hemos adelantado algo sobre la voluntad feminista de la autora. Sin embargo, hay otros textos como “Hablan los viejos conceptos”, donde se ve a las señoritas rendidas a la vieja usanza:
No hablan alto.
No discuten no estudian no trabajan.
Las señoritas son como las rosas.4
Critica a las convenciones masculinas arredran estos versos, cierta ironía o juego con la condición de la mujer del pasado, que no es ya mero objeto decorativo y que se impone sobre la masculinidad.
Entre los viajes que ha dado nuestra saltamontes —quien sabemos que no agota los caminos—, su poesía descansa además en el recurso del intertexto. El poema “Ana Karenina se suicida en un andén de Moscú” viene a ser una dimensión poética de la novela del escritor ruso León Tolstoy y cuya resonancia es consecuencia de la rememorización de personajes, escenas y frases de Ana Karenina.
Son, por tanto, varias las posibilidades que ofrece la intertextualidad y Bobes las refrenda con pose de mujer sabia, aunque sin alardes, bien para reflejar al yo lírico, o dialogar con autores o personajes de la tradición literaria.5
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Los poemas de Marilyn Bobes resultan lecciones de una obra, cuya inspiración va del verso libre a la prosa, del soneto al epigrama, del coloquialismo a la glosa personal, con temas, matices y estilo tan propios como renovados por la conciliación con su poesía, cada vez más depurada. No sabía yo que contemplaría esa espontaneidad del espíritu de una saltamontes entre mis revisitaciones literarias. Aprendamos, pues, los saltos de la autora de La aguja racional.
Notas:
1 Marilyn Bobes: “Sor Juana Inés de la Cruz”, en La aguja racional. 1978-2010. Ediciones Unión, La Habana, 2011, p. 17.
2 Marilyn Bobes: “Como una flor y nada más”, en ob. cit., p. 19.
3 Marilyn Bobes: “Elvira”, en ob. cit., p. 31.
4 Marilyn Bobes: “Hablan los viejos conceptos”, en ob. cit., p. 16.
5 En una poco profunda exploración descubrimos a Cirilo Villaverde, Catulo, Mirta Aguirre, Julián del Casal, Juan Rulfo, Eliseo Diego, Francisco de Quevedo y León Tolstoy, autores de representatividad nacional y universal.