Julio Girona y sus memorias plenas de humor
Premio Nacional de Artes Plásticas: Tal fue el reconocimiento supremo con que la cultura cubana distinguió al pintor Julio Girona (1914–2002), un artista cuyo arte, disperso y reunido por Europa, Norteamérica y Cuba, se movió por las más variadas latitudes.
Pero Girona fue hombre de talento multidisciplinario. Escribió unas memorias tituladas De la voz a la letra (en dos tomos, publicadas póstumamente, en 2010) que, además de incluir numerosas anécdotas, ofrecen detalles reveladores y simpáticos acerca de importantes personalidades de la cultura cubana.
Nacido en la ciudad de Manzanillo, Girona se alistó en su juventud como voluntario en el ejército norteamericano durante la Segunda Guerra Mundial. Vivía en esa nación y las páginas que dedica a contarnos su adiestramiento militar, recorrido por Europa y aventuras diversas, incluidos episodios cubanos de su niñez y madurez, nos lo descubren como uno de los más carismáticos antihéroes de una narrativa que se inserta entre la realidad y la ficción.
En posesión de las habilidades del cuentero y las artes del cuentista, Girona mueve con maestría los resortes del humor. Lo hace mediante un lenguaje sutil, elegante, sencillo, pero de amenidad extraordinaria, para todas las edades, acrecentador de la cultura del lector.
La anécdota que sigue transcurre durante la preparación militar previa a ser destinado como soldado a Europa:
Una tarde, al oscurecer, llegaron unos camiones grandes y largos al patio de la Comandancia. Uno de nuestros oficiales dijo: «Todo el mundo tiene que bañarse. Aquí hay soldados que no se bañan desde hace un mes». Nos pusimos en fila para entrar en las duchas. Me quité la ropa dentro del camión: dos uniformes, uno de campaña y otro de invierno, uno sobre el otro, un chaleco blanco de piel de oveja hecho por mi mujer, dos suéteres, uno castaño de la Cruz Roja y el verde olivo del ejército, que llevaba puesto sobre los demás, más una camiseta y un calzoncillo largo. Mis compañeros, al verme desnudo, exclamaron:
¡Miren eso! ¡Goddammit, el cubano es flaco!
Otro soldado comentó riéndose:
¡Coño, el cubano no era más que ropa!
Cuando salimos de las duchas parecíamos pálidos.
La historia que sigue, una de las más originales, tiene de protagonista a Antonia Eiriz, pintora, promotora de la técnica del papier maché y personalidad de la cultura cubana que siempre vivió fuertemente insertada en la comunidad. Cuenta Girona:
Antonia, la artista de la cuadra, la que visitaban extranjeros notables, como Julio Cortázar, Konchalowski, el director soviético de cine, el pintor español Saura, el poeta griego Ritsos, que le escribió un poema y Antonia le ilustró un libro publicado en Grecia, fue nombrada responsable de cultura del Comité de Defensa. En una reunión en que se discutían las medidas a tomar contra los que comerciaban en la bolsa negra, y no se ajustaban a la libreta, un muchachito negro se paró en la puerta de la sala donde estaban reunidos los vecinos y le hizo señas a la pintora. Antonia preguntó:
¿Qué quieres tú, Iván?
Ñiquita, dice mamá que cuántas latas de leche condensada quiere comprar esta vez. Ella tiene catorce latas —respondió el niño.
Mira, muchacho, vete.
Pero mamá quiere saber cuántas latas de leche quiere ahora.
Todos en la reunión soltaron la carcajada.
He aquí una tercera:
Marinello me contó, cuando yo modelaba su retrato, que le había escrito [Manuel] Navarro [Luna] después de su visita a La Habana, para decirle que no tomara más, pues la bebida arruinaría su talento.
Navarro le contestó:
Cuando yo regresaba en guagua a Manzanillo, un niño lloraba en los brazos de la madre. La madre trataba de calmarlo, pero el niño seguía llorando. Entonces le dije a la mujer: Señora, ese niño tiene frío. Yo me quité el saco para que la madre envolviera al hijo. El niño dejó de llorar. Juan, aquel gesto humanitario, en aquella madrugada fría, fue posible porque me tomé una botella de Matusalén antes de salir de La Habana.
Como escritor, y en su faceta de narrador —pues también fue poeta— en Julio Girona tenemos los lectores a uno de los autores más divertidos e inteligentes que pueda encontrar en bibliotecas. Creo, después de presentarle estos ejemplos, que no se requieren más “pruebas”.