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El libro en el papel de la modernidad

Fernando Padilla González, 09 de julio de 2013

En la actualidad, no es una realidad vedada a nadie que la web y los e-book o libros digitales han abierto un amplio espectro de posibilidades a los jóvenes escritores o a aquellos que no disponen de recursos financieros para costearse la edición impresa de su proyecto editorial. La dinámica del mundo contemporáneo, sustentada sobre las bases del marketing o leyes de mercado, han calado en el enfoque de las grandes casas editoras.

Los últimos tiempos han traído a cuestas las más disímiles respuestas a los monopolios de la información. Baste citar la cinematografía independiente, la televisión alternativa, los blogs y los software libres. A los nuevos derroteros de los mass media se suma una tendencia relativamente reciente, los e-books o libros digitales.

El libro digital, además de las clasificaciones ya aludidas, es conocido también por las denominaciones de libro electrónico y ecolibro. Quizás, su conceptualización más elemental sea la de una versión digital de libro o texto publicado en la World Wide Web o red de redes u otros formatos electrónicos. En ocasiones, el término amplía su significación, al englobar los dispositivos usados por los usuarios para leer dichas publicaciones, igualmente identificados como e-reader.

Atrás ha quedado el polémico argumento enarbolado por el sector más conservador que planteaba o quería ver en el surgimiento y vertiginoso desarrollo de los e-books una potencial amenaza para el libro tradicional impreso en papel.

Hoy los enfoques del tema transitan por nuevas problemáticas o potencialidades que ofrecen las nuevas tecnologías al servicio de los lectores y los escritores, su aplicación en bases de datos o bibliotecas digitales almacenadas en la “nube”, la protección de los recursos forestales del planeta y la salvaguarda de documentos valiosos e incunables que ahora pueden ser consultados, sin tener que exponer el valioso material a factores ambientales adversos o a la manipulación directa por parte de los usuarios.

En tal sentido abunda uno de los principales artículos de la más reciente edición de la revista cubana de computación Giga. Bajo el título de “El libro en el papel de la modernidad”, el texto rubricado por el especialista en informática Rafael de la Osa Díaz, se acerca a las innovaciones tecnológicas, unas más reales que otras, como la tinta electrónica, el papel digital y el papel inteligente que, con gran despliegue publicitario, intentan reclamar la atención de los lectores que prefieren hojear las páginas, al tiempo que sienten el olor de la tinta recién impresa sobre la celulosa o el olor característico de un volumen añejo.

Afirma el autor del trabajo que, además del deseo de innovar, mejorar y facilitar al acceso y uso que hacemos de los contenidos impresos y lograr una reducción en el gasto de los recursos naturales del planeta, detrás de estos desarrollos, desafortunadamente, hay también fuertes intereses comerciales y de beneficios personales, lo que provoca, una vez más, la manipulación de la información en los medios y la necesidad de mantener un estado de ansiedad por utilizar estas nuevas tecnologías.

La evolución de los nuevos medios que permiten la lectura e incluso el almacenaje de grandes cantidades de textos o libros en el propio dispositivo, es otra de las aristas analizadas en el artículo. En un principio, la mayor desventaja de los e-readers radicaba en la molesta luz que irradiaban sus pantallas CRT o TFT. Afortunadamente, ahora esos inconvenientes han quedado en el camino como recuerdo de la ineludible versatilidad del campo tecnológico. Los dispositivos actuales, de apenas tres milímetros de espesor, poseen una mayor nitidez y resolución de las imágenes.

La novedad está realmente en la capa del polímero de nueva generación, donde en una especie de gel o aceite, flota una matriz de millones de cápsulas (de 40 micrómetros de uretano), semejantes a las partículas de un tóner de impresora.

Las indiscutibles potencialidades de la tinta electrónica ha propiciado el desarrollo y comercialización de dispositivos del grosor de una cartulina y el tamaño de una página de libro o revista estándar.

Dichos equipos son flexibles, de poco peso, se pueden enrollar y llevar en un bolsillo, tienen luz reflectante, capacidad de almacenamiento similar a la de una computadora y muy buena visibilidad sobre lo que nos muestran, incluso aunque incida la luz solar sobre el dispositivo o el ángulo de visión no sea el más apropiado.

La clave del éxito no debe sustentarse sobre la apuesta a favor o en contra de lo tradicional o lo novedoso. La coexistencia del libro impreso y la obra en soporte digital o magnético apuesta por ser la solución al menos a mediano plazo.

La agitada vida que protagoniza los tiempos que corren demanda de la inmediatez y de las facilidades inherentes a las tecnologías. En las mañanas, de camino al trabajo o la escuela, ya no es necesario detenerse en un stand de prensa para adquirir el rotativo del día y así satisfacer nuestras necesidades cognoscitivas referentes al acontecer cultural, político, económico o deportivo, de acuerdo a las preferencias del lector, basta tan solo con poseer una cuenta de correo electrónico o conexión a Internet de forma inalámbrica y descargar al dispositivo electrónico el material que sea de nuestro interés, entiéndase noticias, videos, música o simplemente un clásico de la literatura universal.

Entender o ver los libros digitales como una amenaza para sus homólogos tradicionales no debe robar el sueño a nadie. El libro, tal y como lo conocemos desde la invención de la imprenta, permanecerá entre nosotros, es esa una realidad incuestionable. Solo las naciones más desarrolladas tienen acceso sistemático y representativo a estas bondades de la tecnología, privilegio aún negado a la gran mayoría de las poblaciones que habitan en países en vías de desarrollo, donde constituye una utopía la posibilidad de acceder a los cada vez más crecientes fondos documentales de la red de bibliotecas mundiales, que han decidido digitalizar lo más valioso o selecto de sus obras y ponerlas a disposición de los usuarios, sin importar su localización en el orbe y sin las restricciones lógicas del horario en que prestan servicio estas instituciones.

El libro en el papel de la modernidad debe ser apreciado como un nuevo escalón en decurso de la humanidad, similar a las transiciones de la pictografía rupestre, la escritura sobre piedra, telas o papiro hasta llegar a la gran revolución de la imprenta y su legado enciclopédico que abriría, sin cortapisas, las puertas a una nueva revolución humana, la informatización de los saberes de la sociedad.