Tres líneas de silencio
…¿qué están haciendo ustedes?
- esperando a que pase una libélula.
¿Para qué?
- para mi amiga, no las conoce y quiere ver una…
Yo tengo un libro que tiene el dibujo de una libélula.
- la libélula del libro no sirve.
¿Por qué?
- porque ella quiere escribir un haicai.
¿Qué es haicai?
- es esperar que pase una libélula.
Teruko Oda
(São Paulo, Brasil)*
Una de las mejores editoriales que conozco en esta isla, hace unos años, se animó a publicar un libro de formato singular. Pequeño, el corto rectángulo, como los bolsilibros, cabía delicadamente entre las manos. Los versos, de tres líneas, enunciaban una naturaleza intemporal, contemplativa. En ese espacio el poeta confesaba su detenimiento. No aquel modo inamovible en el que dejamos transcurrir las horas, sino en el acercarse a una rara confluencia, al empaste con el tiempo mismo, con su esencia física más profunda.
A poco de aquella presentación, nuevamente la editorial —matancera— ofreció otro volumen similar que pusieron a disposición del público en uno de esos bellos espacios ideados por la Asociación Hermanos Saíz en la azotea de la AACA. El encuentro se distinguió de otros pues aquellos autores, Leymen Pérez y José Manuel Espino, ofrecieron sus haikus, cruzados, sobre el silencio juvenil de la noche, como si en gesto elegante los filos de las palabras se encontraran.
Desde antes había disfrutado veces incontables una hermosa selección de haikus, publicados por Gente Nueva, con edición de Esteban Llorach, al que regresaba buscando la mirada atenta de los maestros japoneses. Sería entonces la armonía que fluye de los breves poemas, sus esencias profundas y abiertas, que dejaban en mí una huella permanente. Quizás la inquietud por el acercamiento occidental/americanísimo/cubano a un estado, un nivel de observación y al mismo tiempo una cultura desacostumbrada para los contemporáneos, que me acercaba a lo intangible de sus materias. Tal vez la deseada síntesis, la poca o ninguna necesidad de titular —dada la vida del poema en una estancia breve—, eran las relaciones que me inspiraban respeto y cercanías.
Todos/otros o ningún argumento necesitaba para encontrar gusto en la propuesta de un concurso de haikus en La Casa de la Poesía. Este modo tan elegante y sereno de asumir la creación y que ha trascendido su lugar de origen, ha sido cultivado por escritores de diversas regiones. Aunque no siempre manteniendo la métrica original de sus versos, la esencia de los breves poemas sí conservan la frescura y espontaneidad de los instantes vividos. Poetas de Estados Unidos, España, México, Uruguay, Perú y Argentina, entre otros, han sido excelentes ejecutores del género. Allí también podemos incluirnos. La tradición poética de la isla es profunda y diversa, así que aunque las publicaciones de estos versos no sean muy amplias, cada vez son más los creadores que entran, en silencio, al tríptico japonés. Los vemos en los detalles que aparecen en Viajes de regreso, de Israel Domínguez o en el más reciente libro de poesía de Rafael Acosta de Arriba publicado por Ediciones Unión titulado De vísperas y silencios.

Con el antecedente de una convocatoria de corte similar, coordinada por el profesor Jorge Braulio Rodríguez, decano de la Facultad de Artes Plásticas del ISA, excelente haiying premiado en el concurso internacional de haiku de Albacete, y el apoyo del grupo de artesanos artistas Yadegar, la Casa de Asia, Ediciones Boloña y el Instituto Cubano del Libro, lanzamos esta convocatoria vía digital, destinada a todos los escritores de habla hispana.
El Vuelo del Samandar, surgió como idea de Walter Diez, Moa’lem del grupo Yadegar, pensando en la mítica figura de un ave fénix que proveniente de una tradición orientalista, remontaba los cursos actuales de la poesía cubana.
Aun cuando me encuentro algunos detractores me conmueve el modo en que hemos llegado a tantos participantes. Poetas de toda la isla —y ahora de otros lugares del planeta— han enviado sus mensajes, muchos de ellos reconocidos, con varios libros publicados. Atienden nuestra propuesta sabiendo que no tendrán premio en metálico, ni derecho de autor por la obra premiada. La intención es promocional. Es que resulta, como nos ha dicho Braulio, que los practicantes o escritores de haikus se conectan a través de un extraño misterio, de lo conocido aparente, comparten zonas de meditación y ocultamientos, una especie de cofradía mística, espiritual.
Siendo de ese modo dejamos nuestras puertas abiertas a otras jornadas del vuelo recién comenzado. Serán agradables los trabajos de coordinación, ahora con un jurado internacional, de cinco miembros; la preparación de los cuadernillos que resulten premiados; la nueva ceremonia de entrega; el silencio de las lecturas; y al final los comentarios —buenos o no, siempre provechosos— de lo que estos intentos de tres líneas logran o pretenden; lo que sería el encuentro definitivo con el resurgir del ala.
*Tomado de: Hojas en la acera. Gaceta trimestral de haiku. No. 12. Año III, diciembre 2011.