De disparates, aberraciones y algo más
La tradición cuentística cubana, relativamente joven si tenemos en cuenta que solo cumple 114 años -desde que Estaban Borrero publicara su colección de relatos Lecturas de Pascuas-, mucho ha cambiado desde el punto de vista estructural y temático. La escuela de narrar en la Isla ha ido ganando su espacio propio dentro del continente. De rupturas, apropiaciones y conquistas novedosas se caracteriza el cuento cubano.
El nuevo siglo presenta estéticas diversas, cargadas de contrapuntos “extraños”: preocupación por la existencia y desinterés por los sucesos normales, ante ellos no se puede hacer nada; fuerza dramática sobrecogedora y pasividad pasmosa; antihéroes con matices cotidianos y héroes obstinados en conseguir su objetivo. La narrativa, marcada por la época en que se produce, sellada por la más amplia variedad de estilos que responden a creadores de diversas procedencias culturales, encuentra “su caldo de cultivo” en situaciones complejas que acompañan al cubano.
Dentro de esta multifacética visión se insertan los cuentos de Rodolfo Alpízar Castillo que propone la editorial José Martí bajo el nombre de Amorosos disparates, aberraciones para escoger. En ellos, como bien señala la nota de contracubierta es posible encontrar “una lectura amena y entretenida que, a la vez, invita a la reflexión”. Sin embargo, los textos de Alpízar alcanzan “alturas insospechadas” a primera vista. Es por esto que el lector debe estar atento pues el autor intentara tomarle el pelo, tenderle una trampa subrepticia y sorprenderlo más de una vez.
En este punto es necesario aclarar que son cuentos fáciles de leer, el lenguaje es asequible y de una limpieza en la construcción digna de admirar. Parecería contradictorio si dijera que la metáfora y los recursos poéticos forman parte suculenta en el banquete que resulta la lectura de los amorosos disparates de Alpízar. Pero no es una contradicción, es un juego que oscila entre la tradición liderada por Virgilio Piñera y los más jóvenes escritores.
La conjugación de “métodos constructivos” para los relatos resulta evidente desde el propio índice donde se separan “supuestamente” los cuentos por temáticas, que dicho de manera rápida parecerían banales y repetidas, a pesar de no serlo. En Amorosos disparates... la novedad es punto clave para entender situaciones, apariencias y personajes. La compilación de los relatos por “categorías especiales” distingue hábilmente cada uno y se podría considerar que encasillarlos fue un modo exclusivo para tender puentes entre ellos, conducidos únicamente por un hilo: la existencia del hombre –aunque algunas veces sea conejo-.
Los animales, la conciencia, los prejuicios, lo escatológico, la intertextualidad, la emigración, la religión, la violencia, los problemas de género, la muerte, la propia vida se conjugan en un círculo vicioso que hace de la lectura vaya más allá de lo entretenido para ahondar en reflexiones íntimas, que pueden ser subvertidas por las circunstancias “ficticias” que Alpízar entrega, aunque bien sabe el lector que la realidad supera la ficción.
Llamativa resulta sin dudas la compilación donde en una treintena de relatos, una parte considerable haya sido premiada en concursos nacionales e internacionales. Sin lugar a dudas, ello devela la calidad de las narraciones galardonadas que tampoco nada demeritan las que no lo son. Unas y otras logran, por variados rumbos, momentos climáticos y tensiones a través de recursos como el humor, la ironía y la burla. Todas poseen el valor un trabajo elegante en su contenido y en su forma externa.
El juego con la tradición cuentística cubana y foránea es visible a través de personajes o historias que “se desvirtúan” de su esencia para lograr un nuevo argumento que mueve esa carcajada interna que todo lector se permite cuando la audacia del autor sorprende una y otra vez.
No quiero adelantar títulos o historias, ni tampoco deconstruir desde un punto de vista crítico los textos; de ambas cuestiones se encargarán quienes se acerquen a Amorosos disparates, aberraciones para escoger. Prefiero dejar al lector inquieto por conocer o sencillamente por reconocerse en las páginas del libro con sus propias historias, frustraciones y amores.