Honor a quien honor merece
El aforismo martiano que ilustra esta crónica devino la motivación fundamental que estimuló a los promotores de la Peña Página Abierta, cuya sede habitual es la Sala del Atrio, en la ciudad de Santiago de Cuba, para celebrar los cuarenta y cinco años en la escena teatral cubana de la actriz Nancy Campos y el actor Dagoberto Gainza.
Estos consagrados profesionales de las artes escénicas caribeñas, a quienes se agasajó en dicho espacio cultural, se iniciaron con los míticos Conjunto Dramático de Oriente y Cabildo Teatral Santiago. En la actualidad, dirigen el colectivo A Dos Manos, que impulsa el teatro en la comunidad; agrupación con la cual han cosechado grandes éxitos, tanto en la Ciudad Heroica, como fuera de la región más oriental de nuestra geografía insular.
Ambos actores conmovieron a los amantes del arte de las tablas y a la crítica especializada de nuestro archipiélago al interpretar Dos viejos pánicos, un clásico de la escena contemporánea, del poeta, escritor, dramaturgo, crítico y periodista cardenense, Virgilio Piñera (1912-1979), cuyo centenario celebramos el pasado año.
La Peña contó con la escenificación de un fragmento de la antológica obra piñeriana y la proyección de imágenes fílmicas que recogen la fecunda trayectoria artístico-profesional del ilustre dramaturgo, y cuya autoría es del artista italiano del lente Vito Giorgio.
Página Abierta tuvo, en esa ocasión, el regalo sonoro del Quinteto de Flautas, que dirige el maestro Enrique Navarro, y en ella participaron, además, el joven poeta Reynier Rodríguez y Marta Mosquera, Premio Nacional de Diseño, quien disertó sobre la laureada narradora estadounidense Tony Morrison, Premio Nobel de Literatura.
Precisamente alrededor de los Premios Nobel giró la sección El panel de la sabiduría, que —por derecho propio— ha convertido a los asistentes en sus principales protagonistas.
A los asiduos a la Peña Página Abierta no les quedó la más mínima duda de que ese encuentro vespertino, no solo consistió en homenajear a Nancy Campos y Dagoberto Gainza por su fructífero quehacer artístico-profesional en las tablas cubanas durante casi medio siglo, sino también en fundir en cálido abrazo artes escénicas, poesía, literatura, música y artes visuales.