Thelvia Marín celebra su nonagésimo primer aniversario
La psicología me ha aportado las herramientas teórico - conceptuales
para incursionar en las letras y en el arte.
Thelvia Marín
La poetisa, escritora y periodista Thelvia Marín (Sancti Spíritus, 1922) cumple 91 años de edad; razón que justifica con creces el por qué de esta crónica, dedicada a reseñar —en unas breves cuartillas— casi toda una vida de consagración en cuerpo, mente y espíritu a las más disímiles manifestaciones artísticas y humanísticas.
Desde que la también artista de la plástica y psicóloga era una «pequeña» sintió marcada inclinación hacia el arte. En consecuencia, recibió de su progenitor, el músico y poeta Rogelio Marín Mir, el alimento intelectual y espiritual que necesita el yo artístico para su desarrollo y ulterior consolidación.
El quehacer literario de la intelectual cubana comenzó en su ciudad natal, donde publicó los primeros poemas en el periódico El Fénix, así como en la revista Horizontes.
En 1941, tomó por asalto la Ciudad de las Columnas, donde se graduó de bachiller en Ciencias y Letras en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana y de profesora de Teoría, Solfeo y Piano. Por otra parte, concluyó estudios de pintura y escultura en la Escuela Nacional de Bellas Artes San Alejandro, y egresó de las carreras de Periodismo, Publicidad y Psicología, en 1958, un año antes de la caída de la dictadura batistiana.
En 1947, fue galardonada con el primer premio de poesía, conferido por el Club de Mujeres Profesionales, y en 1954 con el de escultura, otorgado por el Círculo de Bellas Artes. Colaboró —antes y después del triunfo revolucionario— con disímiles publicaciones periódicas nacionales y extranjeras.
Fue jefa de las páginas culturales de los diarios La Tarde y Juventud Rebelde; cargo que ocupara gracias a su profesionalidad en el ejercicio periodístico, a pesar de los prejuicios machistas prevalecientes en los medios masivos de comunicación en aquella época socio-histórica, y que aún tratan de subsistir.
Entre 1959-1962 fue coordinadora nacional de Enseñanza Artística y Periodismo del Ministerio de Educación y del entonces Consejo Nacional de Cultura, donde, posteriormente, fuera investigadora de su Centro de Documentación (1967-1973).
Thelvia se desempeñó como Consejera Cultural de la Embajada de Cuba en la desaparecida República Democrática Alemana (1972-1981), y llevó a cabo relevantes trabajos poético-literarios y plásticos en países centro y suramericanos. En Costa Rica, ganó el primer lugar con su gigantesca obra escultórica para el Monumento al Trabajo, al Desarme y la Paz, certamen convocado por la Universidad para la Paz, organismo de la Organización de Naciones Unidas (ONU).
En nuestra plataforma insular, tres de sus producciones escultóricas ostentan la categoría de Monumento Nacional, mientras que, en Quito, Ecuador, fue declarada —en 1974— Huésped Ilustre por su Monumento al Indio Hatuey, emplazado en la Plaza Indoamérica, sita en la capital de la hermana nación andina.
La obra poética de la multifacética artista ha sido incluida en las antologías La décima culta en Cuba, Antología de jóvenes y viejos y Poesía social cubana, y ha sido traducida a varios idiomas extranjeros.
Ha viajado a varios países del orbe y representado a la patria de Félix Varela, José Martí y Fidel Castro en numerosos eventos culturales desarrollados en el exterior.
En el Gran Teatro de La Habana estrenó el performance poético-plástico-musical La Casa de Nadie, mientras que, en el Museo Nacional de Bellas Artes, se representó Encuentros; única obra teatral escrita en versos y estrenada en la mayor isla de las Antillas en el contexto del Encuentro de las dos culturas (1492).
Su obra artística y literaria motivó al realizador Andrés Torres a filmar un documental laureado, en 1984, en el seno del Festival de Radio, Cine y Televisión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).
Es Miembro de Honor de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) y pertenece a las secciones de Artes Plásticas y Literatura de la UNEAC. Ostenta la condecoración Distinción por la Cultura Nacional y la Orden Félix Elmuza, y ha sido galardonada con varias medallas y otras condecoraciones. Es Hija Ilustre de Sancti Spíritus, donde viera la luz de la bóveda celeste, y la Oficina del Historiador de La Habana le concedió la Gitana Tropical y la Giraldilla.
Thelvia Marín ha dado a la estampa los siguientes títulos, publicados por editoriales cubanas y foráneas:
Grito de paz, poesía y teatro. La Habana, 1964; Una gran moneda sin escudos, poesía y narración. La Habana, 1973; Proa desde la historia, ensayo. La Habana, 1975; Condenados, novela testimonio. México, España y Argentina, 1976. Bayamanaco. Entrevista con cuatro dioses. La Habana, 1993; Rezo a los cemíes, poesía y obras escultóricas sobre dioses tainos. La Habana, 1993; Vigencia del pensamiento martiano en el siglo XXI, ensayo. San Salvador, 1995; Las culturas precolombinas costarricenses y del área, ensayo. San José de Costa Rica, 1996; El camino infinito, antología poética. La Habana, 2004; entre muchos otros.
Felicidades, doctora Thelvia Marín, en su cumpleaños noventa y uno, y esperamos que cumpla muchos, pero muchos años más. ¡Que así sea!