¿Regino E. Boti también rozó el humor?
Regino E. Boti nació en Guantánamo en 1878 y falleció el 5 de agosto de 1958. Cursó la segunda enseñanza en Barcelona, España, donde fue condiscípulo de René López —importante poeta cubano malogrado en su juventud— cuando ambos se iniciaban en la escritura de versos. Al terminar allí sus estudios regresó a la patria, continuó su superación y se ocupó de disímiles labores: fue empleado, maestro, periodista, abogado y notario público, profesión que ejerció en su ciudad natal.
Boti tuvo una vida intelectual muy activa, realizó numerosos estudios y dio a la luz enjundiosos ensayos, al tiempo que colaboraba en los principales medios de prensa de la época. Publicó, además, algunos libros históricos en la primera década del siglo XX.
Pero ya en 1913 vio la luz su obra titulada La Avellaneda como metrificadora la cual le permitió demostrar su vasto conocimiento de la versificación española. Luego seguirían El mar y la montaña (1921), La torre del silencio (1926), Kodak-ensueño (1929) y Kindergarten (1930).
En ocasión del 80 aniversario del nacimiento de Regino Boti, Roberto Fernández Retamar, refiriéndose a su obra —a la de José Manuel Poveda, y a los de similar estilo en la América Latina—, manifestó lo siguiente: "Son los poetas que logran sacar la poesía hispanoamericana de la repetición a la que el poderoso modernismo parecía obligarlos; los que descubren y desarrollan en él nuevas maneras poéticas que iban a permitir el acrecentamiento de nuestra expresión".
Kodak-ensueño
En este libro aparecen ya los primeros tropos más que modernistas “(…) abre su torta lechosa la carcomida faz de la luna a semejanza de un aguamala atisbadora (…)”, para retar al lector a imaginar tales inesperadas comparaciones y hacerlo sonreír. A continuación les ofrecemos algunos sorprendentes poemas de este libro.
“A destajo”
Es sábado. Y el sol, en cumplimiento
de lo pactado —como que pasó el
día en holganza— antes de emprender
sus correrías de mañana tira manchones
policromados ante la fronda del
parque. El Tesorero Municipal le pagó.
Mas siendo la hora propicia —la
del crepúsculo— cobró en estrellas.
“Labor policíaca”
No debe tratarse de un hurto “de
gran fama”. Porque a esta hora
—las 10 p.m.— solo quedan en
el patio pequeños seres probos:
hormigas, cucarachas, mariposas,
gusanos. Pero lo cierto es que alguien
ha contravenido el artículo 7º del Decálogo
pues el grillo —que funge de
policía honorario— no cesa, hasta pasada
la medianoche, de alarmar al vecindario
con sus monótonos pitazos de auxilio.
“Autodidacta”
Cuando la noche nos restituye el
silencio y la llave del lavabo deja
caer su gota perpetua en el fondo del
recipiente, la Señorita Agua comienza
su interminable lección de solfeo la, la
fa, fa —mi, mi, mi — do –fa, fafá
—do —do —do... mi…
“Kindergarten”
Es quizás en este pequeño libro —que no “librito”— donde el autor usa sus mayores picardías posmodernistas y acaricia el humor como si fuera su mascota. En la “Prolepsis” al citado texto (vaya palabra para significar “prólogo” o “prefacio”) nos anuncia lo siguiente:
Lo demás: rectas y sinuosas, irreverencias y ortodoxias, todo y nada. Un poco de fisga, de buen humor –-y ganas de pasar el rato haciendo chunga de esto, de aquello y de lo de más allá. Malignidad inocente en que apedrea el ídolo en que adora.
Y ya entrad al Kinder, que oigo el piano pedagógico silabear su
do, re, mi,
do, re, fa…
Veamos a continuación algunos de los versos de este libro.
“A Kindergarten”
Quieran los Manes de Marte y Belona
que no tengamos más guerras con Alemania
porque si no, librejo mío,
habría que bautizarte en lengua hispana
para no parecer germanófilos.
“La varillita”
Milagros del aguacero:
trocar el viento en un plumero
y cada hoja en un joyelero,
“La palma”
Rascacielos del carpintero real
coronado por un roof-garden
con antena de radio.
“Dactilográfica”
La incandescente de 50 bujías
clava estrellas en el niquelado
de la Remington Nº 9
y enciende el rojo de la tecla
del tabulador.
“Arcaica”
Cogió el invierno sin ropas
a la flor de pascuas
la que llena de vergüenza
se vistió de ascuas.
“Semejanza”
Como los anuncios lumínicos
la pelandusca
luce de noche su esplendor.
“En clave de tu”
Tonadillera elegante
reina de la tonadilla
mejor voz que en la garganta
tienes en las pantorrillas.
“Menos por menos”
Don Crispín, extremando en avaricia,
por no gastar zoopermos,
no tiene cría.
“Bucólica” (fragmento)
Y el montuno —que es la figura
del paisaje— alegre canta:
Quien tuviera la dicha
que tiene el gallo,
que en medio de la calle
monta a caballo.
“Súplica”
Tiene el rosal todas sus rosas en primavera
todas sus rosas, todas sus rosas…
Hermano lobo hipócrita,
Hominicaco, Homúnculo,
quienquiera que seas,
tú, que has de despedir el duelo,
de mi entierro
en la puerta del cementerio,
proclama ahora mis virtudes,
ensalza mis méritos,
no exageres mis vicios
ni proclames mis defectos.
No me elogies después de finado;
porque entonces se me darán tres pitos
y siete flautas
tus póstumas mentiras,
tus flores retóricas.
Y hasta puede suceder
que si —difunto y todo— sigo de buen humor
premie tu huero panegírico
tirándote una trompetilla
desde la huesa.
Tiene el rosal sus rosas en primavera
todas sus rosas, todas sus rosas...