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Ricardo del Monte, entre la crítica y el periodismo

Leonardo Depestre Catony, 05 de agosto de 2013

Larga fue la vida de Ricardo del Monte, quien nació en el poblado de Cimarrones, en Matanzas, el 30 de julio de 1828 y murió en La Habana el 9 de julio de 1909, o sea, 80 años después.

Literato en el sentido más completo de la palabra y periodista avezado, Del Monte escribió asiduamente en las páginas de El Triunfo, órgano del Partido Autonomista, del cual fue su director, pues lo cierto es que no fue independentista, ni partidario de la lucha armada como medio para que Cuba se desembarazara del tutelaje colonial.

En la ciudad de Matanzas vivió sus primeros años, cuando se le envió a La Habana, de donde embarcó hacia Estados Unidos, donde hizo estudios durante cinco años en un colegio religioso. También viajó por Europa, acompañado, entre otros, por su célebre padrino Domingo del Monte, alguien que mucho influyó en su formación humanística.

Su cultura fue vasta, hablaba varios de los idiomas más divulgados en Europa y conocía las lenguas clásicas. Si sumamos a ello su posición económica desahogada y sus relaciones con las personalidades encumbradas de la sociedad, no es de extrañar que Ricardo del Monte integrara el servicio diplomático y cumpliera destinos en las ciudades de Roma y de Nápoles, ni que ejerciera el oficio de traductor literario de algunos de los clásicos.

Al regresar a Cuba en 1847 después de un largo periplo por el exterior, dirigió El Prisma, más adelante La Aurora de Matanzas, en tanto colaboraba en El Tiempo, La Serenata, también redactó con Antonio Bachiller y Morales El Faro Industrial de La Habana, y para El Siglo hizo funciones de redactor, entre otras responsabilidades con la prensa de la época que nos ilustran cuán activa fue labor periodística.

Francisco Frías, Conde de Pozos Dulces y adalid del reformismo político, puso en sus manos la dirección del periódico La Opinión, de manera que Del Monte permaneció retraído durante la contienda de la Guerra de los Diez Años (1868-1878). Con posterioridad será uno de los miembros fundadores del Partido Autonomista y director, como ya hemos dicho, de su órgano de prensa.

Constituye la colección de artículos aparecidos en periódicos su mayor contribución como prosista, aunque además escribió versos reunidos en un libro que se tituló Poesías y apareció en 1926, ya muerto Del Monte, donde se incluyen sonetos (formalmente exquisitos, según la crítica) y otras formas estróficas. También, ese mismo año, fueron compilados cuarenta artículos y ensayos suyos que se publicaron bajo el título Obras, prologado por Rafael Montoso.

La Guerra del 95 tampoco contó con su adherencia, en tanto se desempeñaba como corresponsal del diario New York Herald, y aunque todo esto nos revela su condición política y marginación del proceso libertador, no invalida su contribución al periodismo cubano durante medio siglo. En 1907, rondando ya los 80 años, asumió la dirección del periódico Cuba.

Aún aquejado de la falta de visión, se mantuvo activo, escribiendo, porque tal vez fue esa la gran pasión de su vida. Sus libros llevaron por título El efectismo lírico, de 1878, y Poesías y Obras, ambos ya citados. En cuanto a El efectismo crítico, fue un libro que resonó en el ámbito literario, pues Del Monte condena este fenómeno, el del efectismo, que puede viciar la poesía como tal.

Apuntes, comentarios y hasta notas necrológicas completan el quehacer de Ricardo del Monte, destacando entre estas últimas las que escribió a la memoria de Giuseppe Garibaldi, Miguel de Aldama, Francisco Frías y varias más.

Se trató pues, de una personalidad que transitó entre los siglos XIX  y XX, y que en el plano de la literatura conservó un crédito y espacio ganados con la tenacidad de un orfebre… aun cuando hoy permanezca en la discutida gaveta de los olvidados.