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Friguls: Memoria y leyenda en el periodismo cubano

Leonardo Depestre Catony, 10 de agosto de 2013

Juan Emilio Friguls laboró día tras día con la tenacidad y modestia de la hormiga. Si llegó a conocérsele tanto, si se convirtió en un periodista “popular”, fue a su pesar. Porque su oficio de escribir lo cumplió sin grandilocuencias ni afanes de figurar, y lo hizo por tantos años que uno llegó a pensar que era como las ceibas centenarias que cada primavera reverdecen. Pero un día —el 8 de agosto de 2007— Friguls murió y nos percatamos de que la leyenda necesitaba continuar viva.

Recuerdo que una tarde lo identifiqué sentado en la Plaza de Armas, de La Habana Vieja, tal vez meditando, como quien tiene un mundo de años por delante, aunque ya superaba los 80. Me acerqué, conversamos y el tiempo transcurrió. En adelante intercambiamos saludos y charlas breves alguna que otra vez, y aún hoy me parece escucharle, muy comedido y dulce el tono, dotado de sutil buen humor, sencillísimo en el trato, vestido con impecable guayabera, el porte quijotesco, caballeroso y cubano por los cuatro costados.

Se cuenta que este hombre hizo un juramento de fidelidad con el periodismo y que lo cumplió hasta el último día de su existencia, porque permaneció al pie del cañón, —que para él fue Radio Reloj— estoicamente, como si no se tratara de Juan Emilio Friguls, el reportero que estuvo nominado al Premio Príncipe de Asturias, el decano de la prensa cubana, el mismo que un día confesó: “el placer mío es ser periodista”.

Friguls nació en La Habana el 3 de agosto de 1919. Hizo estudios en la Escuela Profesional de Periodismo Manuel Márquez Sterling, estuvo entre los mejores cinco expedientes de la primera graduación de dicha escuela y figuró así entre los fundadores del noticiero La Palabra, de Unión Radio, en 1946.

En su larga carrera colaboró o trabajó para el periódico Información, para la sección “En Cuba” del semanario Bohemia, fue redactor del Diario de La Marina, muy vinculado allí al quehacer eclesiástico, y reportero de Unión Radio, todo ello antes de 1959. También se le confirió el Premio Enrique José Varona y fue decano del Colegio Provincial de Periodistas en 1959-1960.

Después del triunfo de la Revolución, lo hizo para Radio Habana Cuba, aunque no puede sino asociársele a la emisora Radio Reloj, adonde llegó en 1970, y a la cual estampó su sello, pues tributó un sinfín de notas informativas que, segundos antes del tictac característico de la emisora, cerraban con estas palabras: Reportó: Juan Emilio Friguls. Esto, sin que su firma dejara de aparecer en otras publicaciones diversas, sin que su figura dejara de ser captada por la cámara en infinidad de acontecimientos culturales de los cuales fue testigo y reportero.

Menuda tarea pudiera esperarse de quien un día intente recopilar cuanto escribió este reportero a lo largo de más de 60 años de ejercicio de la palabra al servicio de la información. Tuvo también un curioso privilegio: entrevistó a dos Papas: a Pío XII, en 1950, y a Pablo VI, en 1968, y cubrió los sucesos de la presencia en La Habana del Pontífice Juan Pablo II, primero en visitar la Isla, en 1998. Publicó en 1994, por la editorial Publicigraf, el libro Templos católicos de Cuba.

Muchos reconocimientos se le otorgaron, que jamás alteraron un ápice su apacible bonhomía: la Distinción por la Cultura Nacional, la Distinción Raúl Gómez García, la Medalla Alejo Carpentier, el Machete de Máximo Gómez, la Orden de la Cultura Polaca, el Premio José A. Fernández de Castro, el Diploma de Honor Gran Teatro de La Habana, la Placa Dorada Juan C. Nápoles Fajardo, el Premio por la Promoción Cultural Cubana, La Giraldilla de la Ciudad de La Habana, así como el Premio Nacional de Periodismo, 1997, significativo por cuanto lo recibió por el conjunto y dignidad de su obra, además del Premio Nacional de la Radio en el 2003.

En Juan Emilio Friguls cuentan los periodistas de hoy y de mañana con un ejemplo de consagración y sencillez.