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Noel Navarro, o el hacer silencioso y diario

Leonardo Depestre Catony, 19 de agosto de 2013

A Noel Navarro siempre lo vi en la UNEAC. Era uno de sus asiduos y un autor de extrema modestia, que gustaba de acercarse muy silencioso al círculo de jóvenes autores, escucharlos y darles su opinión. De su labor como escritor, de sus funciones como  redactor, de su hacer personal, era necesario enterarse por otros conductos. Tal vez por ello no recibió en vida todo el reconocimiento al cual su obra lo hizo acreedor.

Narrador natural, de los que gozan ordenando palabras y lucubrando ideas, Navarro fue un escritor prolífico de cuentos y novelas, además  de periodista y ensayista. Sus libros revelan el conocimiento de los ardides del escritor para engancharnos con la trama, porque su producción corresponde a una época en que no solo bastaba escribir bien, sino que era imprescindible comunicarse con un muy amplio círculo de lectores y establecer ese diálogo que hoy muchos pasan por alto. Sin que el término tenga en absoluto un matiz peyorativo, más bien todo lo contrario, los libros de Noel Navarro coquetearon con eso que se llama el gusto popular.

“El viejo José Martínez era el más antiguo de los empleados del hotel y el botones mayor. Hombre pequeñito, de encías hundidas y pelo blanco. Tenía su historia y todos lo respetaban. En 1944, siendo todavía joven, lo había sorprendido el desembarco de los Aliados por Normandía, donde era prisionero de los alemanes. Allí había sufrido indecibles tormentos. Tal vez a causa de ello sentía cierta desconfianza por todos los europeos, pero trataba de no hacerlo saber a nadie”. (El círculo de fuego, p.15, Letras Cubanas, 1986).

Muchos desconocen, o han olvidado, que este autor ganó importantes premios, entre ellos el Casa de las Américas de 1972 en el género de cuento, por el libro La huella del pulgar; el Asturias correspondiente a 1992 con la novela El asedio, y el Premio Internacional de Novela “Andalucía”, con El sol de mediodía, a lo cual se suman varias menciones alcanzadas en los concurso del Premio UNEAC en los años 1967, 1969 y 1970.

Navarro nació el 30 de diciembre de 1931 en Manacas, provincia de Villa Clara, e hizo estudios en el Instituto de Segunda Enseñanza de Santa Clara. Establecido en la provincia de Camagüey, trabajó para las filas del Movimiento 26 de Julio que combatía al régimen dictatorial de Fulgencio Batista en la década del 50 del pasado siglo XX. Allí también perteneció al grupo nucleado en torno a la personalidad del poeta Rolando Escardó.

Después del triunfo de la Revolución asistió al Encuentro de Poetas y Artistas, que tuvo lugar en 1960 en la ciudad de Camagüey, y también al Congreso de Escritores y Artistas de Cuba, en La Habana, un año después.

Desarrolló entonces una labor periodística intensa, que hoy puede revisarse en las páginas de Revolución, Lunes de Revolución, Hoy, Romances, Mujeres, Juventud Rebelde, Casa de las Américas, Granma, La Gaceta de Cuba, Unión y varias publicaciones más, algunas de ellas del antiguo campo socialista.

Trabajó en el Consejo Nacional de Cultura y en la Dirección de Literatura del Instituto Cubano del Libro. Quienes lo conocieron más en el orden profesional y humano lo recuerdan como un escritor muy exigente consigo mismo, que prefería servir más que sobresalir, a quien lo animaba la angustia del perfeccionismo y el respeto hacia el trabajo de los demás.

Noel Navarro murió el 12 de agosto de 2003, a los 71 años. De ello hace pues, justamente una década. Su obra permanece en bibliotecas —e invitamos a los lectores a volver sobre ella—, y su recuerdo en cuantos degustaron de su amistad.