La Gaceta de Cuba, un claro en el bosque
A voz descubierta se revela que en los últimos meses el acontecer artístico de la Mayor de las Antillas ha estado matizado, en gran medida, por el denominado “séptimo arte”. En consonancia, el más reciente número de La Gaceta de Cuba, correspondiente a los meses estivales de julio y agosto, ha querido ser eco impreso de las inquietudes y nuevos derroteros del cine cubano, indiscutiblemente marcado por la desaparición física de Alfredo Guevara en abril del año en curso.
Como reza en el editorial que acompaña la sección Dossier de La Gaceta: “Con él (Alfredo Guevara) desapareció no solo el fundador, sino también un intelectual que no conoció límites en su quehacer, y que hasta el último momento estuvo en acción, indagando, proponiendo alternativas, cuestionando esquemas y prejuicios”.
Desde la impronta y vigencia de la labor de Guevara, el citado Dossier intenta trazar un nuevo mapa para el cine cubano, no como predica ante la incertidumbre inmediata, sino como cuenta de debates y reflexiones en torno a las relaciones entre el arte y la producción cinematográfica y el sistema institucional de la cultura cubana.
“Forman parte de ese conjunto dos documentos generados desde las acciones emprendidas por los cineastas en favor de la concepción y promulgación de una nueva ley de cine donde se integren armónicamente todas las formas de producción, distribución y exhibición que ya existen en nuestro país”, ahonda el editorial.
De empresa nostálgica podríamos catalogar el desandar por la manigua sentimental colmada de talento literario desvalorado, en el propósito de acopiar en un libro la obra, o al menos lo más significativo de los literatos y periodistas de la seudorepública, bajo los matices que rebaten el seudo conocimiento de la capacidad creativa y estética que atañe el quehacer intelectual de aquellos hombres y mujeres de letras.
Más allá de ser el resultado final y el testimonio impreso del empeño de Antón Arrufat y Graziella Pogolotti —responsables del ciclo de conferencias acogidas por la Fundación Alejo Carpentier— y luego llevadas a la tinta y al papel por Ediciones Unión, el volumen Escritores olvidados de la República es una oportunidad exquisita para acercarnos a la impronta de Aurora Villar Buceta, Armando Leyva, Rómulo Lachatañeré, René Jordán, Fernández de Castro, Marcelino Arozarena, Carlos Loveira, Rubén Martínez Villena y Guillermo Cabrera Infante, entre otros que afloran en este repaso crítico que con el sugerente título de “Cementerio perdido en un claro del bosque” llega de la mano del investigador David Leyva.
Revisitar una revista desde otra publicación seriada suele ser una rareza en estos días. Quizás en este singular estribe el valor de la nota “El Amnios de la poesía cubana” que, desde las páginas de la sección Crítica, llega bajo la rúbrica de la narradora y ensayista espirituana Yanetsy Pino Reina. En el texto se pone de manifiesto la necesidad de una revista como Amnios, donde la cubanidad y lo poético alientan lo trascendente y se refunden como matriz simbólica de poemas, poetas y poéticas.
En la propia cuerda del arte de los aedas se encuentra el trabajo del profesor y crítico de arte Javier Negrín, “Un milagro compartido o A propósito de La ventaja de no pertenecer, de Rafael Carballosa”, una crítica reflexiva que desde el análisis de lo particular en el volumen La ventaja de no pertenecer transita hacia la esencia poética de Rafael Carballosa y la típica transparencia que este poeta suele impregnar a sus versos, mezcla de metáfora compleja con la salida de tono más conversacional, las referencias a mundos literarios diversos (Quevedo, Machado, Vallejo, Borges, Lorca, Neruda, Unamuno), con la copla popular del registro menos ilustrado, la reflexión existencial de profundo carácter lúdico y humorístico y la poesía filosófica. “Este libro, como los poemarios anteriores de Carballosa, está atravesado de un raigal compromiso ético, de ahí que constantemente se hurgue con el escalpelo lírico en las llagas morales de la sociedad”.
La traza poética se extiende en las páginas de La Gaceta de Cuba con el texto referente a la recolocación, en el ámbito intelectual, de la figura de García Vega, a partir de la obra Kaleidoscopio. La poesía de Lorenzo García Vega, de reciente publicación y de la autoría del investigador, profesor, poeta y ensayista cubano Jorge Luis Arcos. En el volumen, el literato residente en Argentina, ofrece los resultados de sus pesquisas en la Universidad Complutense de Madrid, al tiempo que da continuidad a una línea de análisis que por años ha venido explorando el autor sobre la impronta de varios escritores y poetas de Orígenes para la historia de la literatura cubana.
La propia sección Crítica ofrece detalles del libro Los límites del texto. Autoría y autoridad en Borges, recién publicado, en 2013, por la editorial madrileña Verbum, bajo la firma del ensayista y periodista cubano radicado en los Estados Unidos, Alfredo Alonso Estenoz. El artículo parte de un examen sobre la noción de la autoría a través de un conjunto de cuentos del reconocido intelectual argentino Jorge Luis Borges. La más acertada definición sobre la obra queda referida en la contraportada del volumen, donde Daniel Balderston, director del Borges Center de la Universidad de Pittsburg, afirma: “Este libro hace un aporte fundamental a los estudios de la autoría de Borges, mostrando con inteligencia y originalidad cómo Borges crea a Borges y cómo sus creaciones son personajes en busca de un autor”.
En los pliegos finales de La Gaceta de Cuba se ofrece a los lectores el texto “Los próximos cien años. A propósito del centenario del Museo Nacional de Bellas Artes”. Escrito por Corina Matamoros, curadora y crítico de arte, el trabajo es un extracto del prólogo del libro, aun en preparación, sobre el citado aniversario de la fundación y tránsito en las últimas diez décadas de la institución protectora y difusora de los más selecto del arte cubano.
A manera de colofón, la especialista hace un llamado a la conciencia: “El tiempo apremia: a la comunidad museística mundial le tomó demasiado tiempo aceptar que todo patrimonio era material e inmaterial a la vez. No demoremos nuestra misión esencial y hagamos del legado patrimonial una mejor guía para la existencia poniendo al servicio de la mayoría sus sempiternas reservas de sabiduría, belleza y virtud”.