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Mirta Yáñez: La infancia es algo que no se puede tomar a la ligera

Enrique Pérez Díaz, 20 de septiembre de 2013

La Habana, 13 de septiembre

 

Creo que conozco pocas personas con el quehacer tan interdisciplinario, la seriedad, el rigor intelectual que posee Mirta Yáñez. Aunque nunca tuve la dicha de recibir sus clases en la Universidad, pues la conocí en un período en que emigraba hacia otro sitio, de inmediato me llamó la atención su chispa, vehemencia y ese fuego que durante años ha presidido su ejecutoria en nuestras letras. Quizás releyendo su amplia obra para adultos o los en apariencia áridos temas de sus ensayos, cualquier podría imaginar que Mirta es una señora docta, intransitable, algo ajena al mundo normal y no la persona llena de energía, humor, originalidad y amor por los animales y criaturas desposeídas en general, que pude conocer durante su vida en Alamar. Por si fuera poca la fascinación que su “pronto” dejó en la persona de un joven periodista que se iniciaba en las letras, valdría decir que Mirta es, además, la hermana de un grande la LIJ cubana, de esos que se niegan a crecer y por tanto un día se marchan de repente, sin prepararnos para su adiós, como ya he repetido alguna que otra vez cuando me refiero a su hermano Albertico Yáñez. Una sólida amistad nos une desde hace ya varias décadas, principios semejantes, quizás hasta los mismos furores y pese a esos asaltos de la vida, nada ha conseguido separarnos aunque en muchos temas no pensemos ni parecido y algunas personas cercanas a ambos probaran echar leña en nuestros respectivos fuegos. Mirta es una creadora de principios y comprometida con su momento, una persona sin complicidades, una feminista inveterada (pero no de no modas sino de cerebro y posturas firmes) y un ser de una enorme sensibilidad que, para desafiar al mundo, se oculta tras la coraza de un guerrero. Más que atenta al desarrollo de su propia obra para niños, reconocida desde hace mucho por su innegable calidad, una de sus cruzadas más recientes es el rescate del inagotable tesoro que legó un ser tan atípico y original como el irrepetible Albertico… Sobre sus pasiones en el mundo de la infancia es este diálogo… 

 

¿Existe para ti una literatura infantil? ¿Una LITERATURA? o simplemente ¿Literatura para personas?

 

Pues esta pregunta tiene dos respuestas según el ángulo desde donde se mire, y también según mi opinión. Sí, existe una literatura para infantes, y también existe una LITERATURA. Cosas de Perogrullo. Me explico: si una familia, una maestra, un comunicador, alguien que trabaje para los niños, y quiere que estos lean, por supuesto que no puede darles La montaña mágica. Las lecturas deben ser procuradas según las etapas de la vida. Siempre hay niños que se adelantan y ahí debe entrar la perspicacia de los adultos en ponerles nuevos retos de lectura. No se debe nunca subestimar a los niños que, como sabemos de sobra, se apropian de textos que no han sido escritos con esa intencionalidad. De esta manera, llegamos a lo que en tu pregunta llamas literatura con mayúscula. Por otra parte, los adultos, de tanto en tanto, disfrutamos con una lectura o una película fundamentalmente elaborada para niños. Se supone que estamos hablando de arte, de obras literarias verdaderas. 

 

¿Qué piensas de la infancia?

 

Decir que es un bello momento de los seres humanos es caer en un inexcusable lugar común, aunque verdadero. A esta edad pienso que los responsables de los niños deben pensar que en la infancia se juega todo lo que luego el hombre y la mujer van a ser en la vida. Mucho lo ponen los genes, pero más ponen la educación y el contexto. Pienso que la infancia es algo que no se puede tomar a la ligera. Cuidarla y enriquecerla. Y los viejos, no olvidarnos nunca de cuando fuimos infantes. 

 

En tu concepto, ¿las niñas leen hoy día más o menos que antes?

 

Los niños ven más TV, los que tienen computadora pasan más tiempo delante de la pantalla. Pienso que, en general, la infancia lee menos que “antes”. En Cuba se agrava porque, aunque hay una intención de promocionar la lectura, los métodos (y esto vale también para los adultos) son reiterativos, aburridos, y como ha habido generaciones enteras descuidadas y de pésima educación, pues los niños (aunque se desesperen por comprar u obtener el objeto libro, como un objeto más de posesión entre muchas escaseces de juguetes, implementos deportivos, etc.) no sienten que la lectura sea imprescindible. Eso es al menos mi experiencia. 

 

¿Qué piensas del tono que deben tener las historias para niños?

 

Sabes que me declaro feminista, así que ante el conocimiento defiendo la igualdad de género. Si las niñas ya practican casi todos los deportes, cuando son adultas, si les toca, van a la guerra, y demás calamidades que ven por la televisión, no hay por qué tener tonos distintos. Pero eso sí, están las edades, no es lo mismo un niño o niña de cinco años que uno de doce. Lo que sí hay que defender es un tono igual de ética, de elegancia, de imaginación. Algunos se creen que incluir a los niños en la información de la realidad de la vida es escribir acerca de vulgaridades, chabacanerías, ambientes soeces. Los clásicos nos han dejado la enseñanza que se pueden tocar temas duros, sin perder de vista que la literatura es arte: Hansel y Gretel son abandonados por sus padres, la pobreza está de manera evidente en Andersen, y así. Por lo demás… ¿no era lindo cuándo creíamos en los reyes magos? El mundo va peor si a los niños y niñas se les quita la posibilidad de la fantasía. 

 

Se suele decir que en cada libro que se escribe va un gran porcentaje de la personalidad de su autor. ¿Eres tú parecida a alguno de los personajes de tu obra?

 

Uh, sí. Hice a mi personaje Jiribilla para parodiarme. De niña me decían así, por lo inquieta que era. 

 

¿Cómo concibes idealmente a un autor para niños?

 

Que escriba, de verdad, “pensando” en los niños, y no en ganar un premiecito, en ascender en las prioridades del “jet set”, en cualquier asomo de oportunismo. Que sienta que tiene la necesidad de expresarse de esa manera en particular. 

 

¿Reconoces en tu estilo alguna influencia de autores clásicos o contemporáneos?

 

Reconozco, ante todo, a la lectura en mi infancia de muchos muñequitos, desde Lulú hasta Los Halcones Negros. Mucho cine de Disney. De entre los literatos a A. A. Milne y su serie de Winnie the Pooh.

 

¿Cuáles fueron tus lecturas de niña?

 

Ya dije: muñequitos. También muuuuuchos libros de las colecciones argentinas. Periódicos infantiles como Billiken. Desde antes de saber leer, mis padres y mi tío Félix me leían El Principito. Todavía conservo mi ejemplar. Libros de aventuras y acción, desde Los tres mosqueteros, La isla misteriosa hasta Pimpinela escarlata. Todos los volúmenes de Louise M. Alcott. Y mucho más. Yo leía mucho. Leía y leo. 

 

¿Quién es tu héroe de ficción?

 

De la cultura para infantes es Mickey Mouse. De la LITERATURA es D´Artagnan. 

 

¿Quién es tu villano?

 

Repito: de los infantes es la Bruja Agata. De la LITERATURA es Moriarty. 

 

¿Cómo insertas tu obra dentro del panorama actual de la llamada literatura infantil cubana?

 

Eso prefiero que sean otros los que lo digan. 

 

¿Qué es lo que te enciende emocionalmente-creativamente?

 

Depende de qué tipo de “encendido” se trata. Siempre me motiva mucho la injusticia, por un lado serio, y también algo que me haga regocijarme, reírme. 

 

¿Qué es lo que te desanima?

 

La deslealtad, la mentira, la violencia, la marginación, la impotencia.

 

¿Qué atributos morales piensas que debe portar consigo un buen libro infantil?

 

En fin, nada bueno se consigue pontificando sobre la moralidad. Creo que la moral es algo muy personal, y también relacionado, naturalmente, con la época que se vive. En aras de la “moralina” se han hecho muchos desaguisados, no solo literarios. Aunque siempre hay determinados códigos, ya asentados en el humanismo, que no se pueden violentar, muy en especial si se trata de obras dirigidas a los niños y niñas. No voy a poner ejemplos. 

 

Aparte de tu profesión actual, ¿qué otra cosa te hubiera gustado ejercer?

 

Cuando era niña quería ser “exploradora”, de adolescente me afanaba por la publicidad y el diseño. De “vieja” me lamento de nunca haber tenido a mi cargo una revista.

 

¿Qué profesión nunca ejercerías?

 

Ninguna que tuviera relación con estar bajo las luminarias.

 

¿Podrías opinar de la relación autor-editor?

 

En mi experiencia, a veces es buena, a veces es mediocre. Yo he tenido suerte, me han tocado buenos editores, sensibles, comprensivos. Creo que una de las exigencias fundamentales que debe cumplir un editor es ser culto.

 

Si tuvieras que salvar solamente diez libros de un naufragio, ¿cuáles escogerías? ¿Alguno de los que has escrito?

 

Supe que mi hermano Albertico, ante esta pregunta, tuvo la gracia y la generosidad de afirmar que salvaría los de su familia, y los allegados. Lo que nunca sabremos es si se los volvería a leer. Jajaja. Yo respondo igual, porque nobleza obliga. Y además me llevaría un E-Book para tener lectura para rato.

 

Tomado de Cubarte