Apariencias |
  en  
Hoy es domingo, 8 de diciembre de 2019; 2:14 PM | Actualizado: 06 de diciembre de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 248 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Unión entre nostalgias literarias

Fernando Padilla González, 25 de septiembre de 2013

A la impronta literaria de Eliseo Diego se dedica una nueva entrega de la revista Unión. A tan distinguida figura de las letras universales la publicación consagra la sección Dosier, no desde la perspectiva de diseccionar su obra en meros acercamientos a su poesía, narrativa y ensayística, sino basado en una concepción editorial del número sustentada en el reconocimiento del aeda y las circunstancias que le condicionaron en su tiempo.

En los pliegos siguientes, la habitual sección de narrativa sorprende con un fragmento de la novela Destrozos del alma, que desde hace poco más de seis décadas viene articulando Enrique Pineda Barnet. La selección corresponde al acápite titulado “Se anda buscando a un hombre llamado Máximo. Si lo ve, pídale, por favor, no desaparecer”. El texto no solo responde al objetivo de ofrecer una pincelada de la obra, sino que también llama la atención, a las nuevas generaciones, sobre el derrotero de Pineda Barnet más allá de ser una personalidad del cine cubano. No deben olvidarse el volumen Siete cuentos para antes de un suicidio (1952), el premio obtenido un año después en el concurso Hernández Catá por el relato “Y mas allá… la brisa” y la mención merecida en el certamen Casa de las Américas de 1964 por la pieza teatral El juicio de la quimbumbia.

De igual manera, un hombre de teatro como Abelardo Estorino ampara el anhelo de, una vez retirado de toda obligación con el universo de las tablas, retomar su novela El tren, de la que Unión ofrece tan solo un esbozo a manera de estímulo, con la publicación del pasaje llamado “El arribo”.

Completa la tríada narrativa otro hombre que consagrado a su credo y al intelecto de la nación cubana, en un momento intentó refugiar sus pensamientos tras la escritura de una novela. Detrás del silencio, de la que se ofrece un pequeño extracto en la presente edición de la revista, inédita quizás porque “encierra y libera tantos fantasmas, personales y compartidos” a decir de su autor, Monseñor Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal, ciertamente es un reto para quienes buscan en ella coincidencias exactas con la realidad, pues a cada línea la obra intentará por sí misma eludir todo carácter autobiográfico.

En tanto, “Camerún y las sociedades secretas” da título a un interesante acercamiento a ciertas etnias africanas como semilla gestora de costumbres y cultos afroamericanos. Rubricado por la reconocida investigadora y ensayista Natalia Bolívar, el texto descorre cortinas que velaban realidades culturales de las Sociedades Secretas Egbo (Ekpe-Efik) y Ngbe-Ekoi, ya que —según afirma la especialista— la tradición oral recibida de sus antepasados irrumpió en los cabildos de nación y fue madre de los fundadores Abakuá en tierras del continente americano, los mismos que trajeron consigo el secreto de Ekue y el mito de Sikán. “Las libretas sagradas de los Abakuá cubanos nos remiten a diversas fuentes de tradición y son el producto de la síntesis de las zonas del sureste de Nigeria, cuyo asentamiento en siglos anteriores estuvo ubicado entre el Camerún y la margen oriental del río Níger, denominada Calabar.

De la pluma de Olga García Yero, profesora e investigadora espirituana, nos llega el ensayo “Marcelo Pogolotti: recuperar al escritor, recuperar nuestra cultura”, artículo tomado del volumen Los pintores escriben. En el texto bien se ilustra como Pogolotti era dueño de una escritura fundadora, tanto por su afán de renovación narrativa, como por la densidad de su reflexión ensayística, características que afianzan el criterio de que no se trataba de un literato de ocasión o de un pintor que a ratos escribía, sino más bien de un artista de consagrada valía.

“Es, y resulta terrible reconocerlo tras tanto tiempo de silencio sobre su escritura, uno de los intelectuales de mayor intensidad, en impulso creador, en originalidad y en desafío, de toda la literatura insular en el pasado siglo”, sentencia la autora del trabajo.

La ensayista y crítica de arte Graziella Pogolotti, en esta ocasión se apropia de las páginas de la sección Lecturas para regalar a los lectores de Unión el texto “Nostalgia habanera”. La historia concebida por la Premio Nacional de Literatura 2005, comienza como un bajel de velas caídas, atrapado en la calma de los alrededores de una calle Infanta ajena a la atmósfera popular del cercano Cayo Hueso. Centrohabanero, el barrio colinda con la zona de hoteles y cabarets evocada por Guillermo Cabrera Infante y toma distancia de la ciudad de las columnas edificada por Alejo Carpentier.

En inusual entrevista, devenida en remembranzas de quienes le conocieron, se devela a un Carlos Victoria de personalidad controvertida, obnubilado por las circunstancias históricas. Tras una nutrida introducción, confeccionada por la ensayista Elizabeth Mirabal y el periodista Carlos Velazco, acerca de la corta trayectoria en las letras de la mayor de las Antillas por parte del escritor camagüeyano, quien estudió en la Universidad de La Habana la licenciatura de Lengua y Literatura Inglesas y que posteriormente fuese expulsado de la Escuela de Letras en 1971, se da voz impresa a Antonio Desquirón y Finita Consuegra, quienes a su vez retratan los años iniciales de su relación con Carlos Victoria y su posterior comunicación por correspondencia cuando este se asentó en los Estados Unidos, como redactor de El Nuevo Herald, al tiempo que se reflejan las múltiples sensaciones y emociones experimentadas ante la salida de sus seis novelas publicadas por el sello Ediciones Universal.

Literatura y cine convergen en “La décima musa por Alejo Carpentier”, texto en el que su autor, el reconocido crítico cinematográfico Luciano Castillo, ahonda en la profunda huella que causaron Luis Buñuel, Man Ray, Francis Picabia, Jean Cocteau, Rodolfo Valentino, entre otros tantos, en el aun párvulo y novel cronista.

Afirma Castillo que con tan solo hojear la correspondencia remitida a su madre, Lina Valmont, desde París por el escritor de Los pasos perdidos, reunida con esmero en el volumen Cartas a Toutouche (Editorial Letras Cubanas, 2010), los lectores pueden percatarse del lugar cimero que ocupó el cine en la obra de Carpentier. De la misma época data la colaboración “La cinematografía de avanzada”, remitida por el joven literato a la revista habanera Carteles, declaración de principios en defensa del séptimo arte.

Reafirma la tesis del trabajo la mención del libro El cine, décima musa, acertada compilación del ensayista y acucioso investigador Salvador Arias, quien reúne en dicha obra más de una centena de artículos publicados por Carpentier sobre lo que el definiera, en más de una ocasión, como el “arte de las sombras en movimiento”, volumen que posee además valores añadidos como la variedad de géneros periodísticos vistos desde el peculiar ejercicio de la escritura carpenteriana.