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Yoss… ¿súper extra grande?

Alina Iglesias Rgueyra, 27 de septiembre de 2013

El humor en el diseño de cubiertas suele verse poco en la literatura. Una de las causas es lo difícil que resulta lograrlo. Generalmente, resume y simboliza la hilaridad que podría provocarnos determinado pasaje del texto, o incluso la permanente sonrisa en nuestros labios a través del decursar de sus páginas, de principio a fin.

En el caso de Super Extra Grande, libro publicado el pasado 2012 por la Colección 21 de Gente Nueva, fue la editora Gretel Ávila quien les sugirió a Ceddy Valdivia y Yaimel López, responsables respectivamente del diseño de cubierta y la composición a partir de la pauta de María Elena Cicard para la colección, incluir el seudónimo del autor: Yoss (José Miguel Sánchez —La Habana, 1969—), como parte del título, para crear un efecto simbólico, e incluso malicioso, en la mente de más de una lectora o lector cubanos.

La relación entre esta malicia y el contenido no está del todo desacertada, pues Jan Amos Sangan Dongo —personaje protagónico que narra en primera persona del singular—, de madre cubana y padre japonés, es un humanoide que, por designios de la vida y de los planetas en que ha habitado, posee dimensiones poco comunes y, por ello, destaca en todos los campos. En consonancia, ha elegido su profesión: veterinario de animales extragrandes.

Ha de saberse que los sucesos transcurren en un futuro lejano donde los seres humanos conviven con vecinos de una inmensa variedad de formas de existencia, e incluso con otros, antiguos, terrestres, pero “deformados” debido a las condiciones de los planetas conquistados donde habitan hace tiempo, como estrategia natural de adaptación al medio. Amebas que cubren mundos enteros, sensuales féminas que se alimentan de sustancias provenientes del aparato reproductor masculino de sus congéneres, reptiles parlantes y otras creaciones que beben de clásicos de la ciencia ficción cubana y extranjera, hacen las veces de colegas, compañeros de aventura, parejas sexuales, profesores o integrantes del alto mando militar de la Comunidad Galáctica que rige esta parte del universo en ese tiempo imaginario.

Yoss dedica el libro, entre otras estimadas personas, a su profesor de Ecología y Evolución en sus años de estudiante de Ciencias Biológicas en la Universidad, curioso paralelo con su personaje, lo cual nos hace preguntarnos cuánto hay de autobiográfico en él. También se evidencia una influencia u homenaje al clásico Gargantúa y Pantagruel, de François Rabelais —de hecho, ambos personajes son mencionados en la página 62 del libro—, minimizando graciosa y retadoramente su protagonismo en la historia literaria universal.

Yoss, en un toque de cubanía y latinoamericanismo extremos y para aderezar con sabroso condimento la obra, atribuye la posibilidad de viajar a altas velocidades supraespaciales a un peruano de nombre común, quien logró nada menos que “el impulso González”, un suceso físico sin precedentes que revolucionó la historia terrícola y universal. Yoss hace gala de su conocimiento en materia científica al exponer leyes y mecanismos que rigen el universo, en las cuales basa rigurosamente sus narraciones y descripciones, como en sus tiempos hacía el gran Isaac Asimov. El guiño referencial a la historia más contemporánea de su patria tampoco escapa al ojo avizor:

Nací en un mundo colonial de la Segunda Oleada, de origen singular. Los primeros en poblarlo fueron 3 000 descendientes de cubanos que, en cuatro naves de fabricación casera, abandonaron la Tierra e intentaban llegar ilegalmente a Yumania, pero equivocaron el rumbo. Al sitio donde recalaron lo bautizaron Coaybay, que en la religión de sus lejanos antepasados taínos significa algo así como el paraíso.

El vocabulario presente en esta novela incluye jerga beisbolera en inglés y español, además de cubanismos y neologismos de la propia invención del autor, colocados de manera original y creativa para caracterizar metafóricamente a cada ente que trata el médico de marras, en escenas donde lo escatológico, lo morboso y lo tremebundo provocan desde reflexiones profundas hasta estrepitosas carcajadas.

En cuanto a la dramaturgia, el personaje experimenta una evolución desde un pensamiento más bien cerrado y conservador hacia uno plenamente abierto y desprejuiciado, transformación permitida por la experiencia vital acumulada durante el tiempo que tarda en escribir este “diario”, en el cual recoge cuestiones desde profesionales hasta íntimas, siempre —y a pesar de la fantasía— tomando como referencia la vida más normal y cotidiana. El autor busca así la necesaria identificación con el lector, a través de un personaje de esencia profundamente humana. Es este un libro que, a pesar de ser considerado “ligero” por algunos críticos, destaca por su hábil y consecuente construcción, con un completo y complejo diseño de personajes y una enseñanza cívica y moral, desprejuiciada y auténtica, de lo que significa ser humanos, incluso a través de entes no humanos.

La novela, para un público joven y adulto, fue galardonada con el Premio UPC del Consejo Social de la Universidad Politécnica de Cataluña en el año 2010. Agradecemos a Yoss el “disfrute de la diversidad” que propone en su obra, y nuestra gratitud va acompañada del anhelo de que su mensaje —súper extra grande— de convivencia pacífica, humanismo, amor, respeto y aceptación surta el efecto deseado para el futuro provechoso de la vida terrestre.

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