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De la traducción y la revisión de textos literarios (III)

Lourdes Arencibia Rodríguez, 10 de octubre de 2013

 

Particularicemos ahora en el tema de las metáforas —tan recurrente en la lengua literaria— y cerremos luego con el no menos importante de las equivalencias.

Al hablar de la subjetividad del lenguaje valorativo en la literatura traducida, poco se particulariza en los distintos tipos de metáforas que, a cada paso, retan el talento y la sensibilidad del traductor literario y los revisores.

Delisle y Bastin1 identifican dos grandes tipos: las metáforas consagradas por el uso (llovía a cantaros; cul-de-sac/callejón sin salida), y las metáforas dinámicas, que suelen tener una formulación original, fruto puntual de la imaginación creadora de un autor (Los traductores sabemos qué desaliento de ceniza y manos sucias espera al amanecer).2

En esta segunda categoría, caben las metáforas sostenidas, que muestran una secuencia de varias asociaciones (haces brillantes de luz cayendo como cascadas de cambiantes colores son como ideas luminosas que surcaran un espacio antes dominado por la oscuridad de la monotonía y el aburrimiento),3 y se hablará de metáfora dislocada en los casos en que relacionen nociones incompatibles (…al marcharse los barcos del puerto, parecía este un verdadero Sahara).4

Paso ahora a referirme, no con la profundidad y la extensión que el tema requiere, al problema de las equivalencias.

Rosa Rabadán postula que “La experiencia cognitiva puede expresarse en cualquier lengua. La cuestión es superar las barreras impuestas por la organización estructural peculiar de cada sistema”,5 toda vez que las palabras adquieren un sentido único con arreglo al contexto, pero pierden su significación en el discurso, al punto de que, para Malinowski, son “ficciones lingüísticas”6 que solo viven verdaderamente en los enunciados de un texto.

Desde que Nida y Taber definieron la traducción como la reproducción, en la lengua de llegada, del “equivalente natural más próximo”,7 se advirtió que la noción de equivalencia “natural” no iluminaba todos los acercamientos  al problema. Si partimos de la afirmación, hoy día difícil de refutar, de que cultura es todo aquello que tiene un significado,8 pues la base de la comprensión del significado de todo elemento léxico es cultural, veremos que la multiplicidad de acercamientos al concepto de equivalencia es tan nutrida y argumentada como la propia definición de traducción. No por azar, el conocido teórico Anthony Pym titula su reflexión, precisamente, “Equivalence defines translation”.9

Las aproximaciones al concepto de equivalencia entre los teóricos de la traducción se polarizan en dos enfoques: las que parten de las similitudes, analogías, correspondencias, semejanzas, etcétera, entre las unidades del texto original y las propuestas del traductor con arreglo a sus conceptos de equivalencia; y las que parten de las diferencias. Me suscribo aquí a un análisis de Halverson que justamente parte de las características presentes en uno y otra:

  • Cabrá establecer una relación de equivalencia de cualquier género siempre que haya un par de elementos entre los que se pueda establecer una relación (dinámica, textual, translémica, pragmática, funcional, comunicativa, cultural…, etcétera).10
  • Se propicia cuando se advierte, entre esos elementos, rasgos de similitud, igualdad, semejanza.
  • Se advierte en ellos la presencia de aquellas cualidades que caracterizan ese género de relación.11

Al enfrentarnos con ese evidente relativismo del concepto de equivalencia, es importante, entonces, que profesores, traductores y revisores tengamos presente que la manera de entender la relación entre un original y su traducción (o traducciones) —y, consecuentemente, la manera de enjuiciar cualquier acercamiento propuesto sobre la base de la equivalencia— ha evolucionado hacia ángulos y ópticas dependientes de la concepción de la traducción que cada época y autor tienen. Asimismo es esencial no perder de vista que en la actualidad, más que a buscar la identidad absoluta en la traducción —siempre cuestionable en los textos literarios—, se tiende a aceptar una relación de semejanza, adecuación, idoneidad, aproximación al significado de un original, con el dinamismo y la relatividad a los que prácticamente obligan los aspectos comunicativos, funcionales y culturales que inciden en cada acto de habla, dentro y fuera de su contexto.

Notas:
1- En una de las partes precedentes de este texto, hice abundante uso de la obra conjunta de Jean Delisle y Georges Bastin titulada Iniciación a la traducción. Enfoque interpretativo. Teoría y práctica (col. Estudios, Universidad Central de Venezuela —Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico y Facultad de Humanidades y Educación—, Caracas, 2006, 291 pp). No obstante, debo señalar que, en dicha obra, al referirse al español como lengua de llegada, Bastin suele tomar como referente declarado el Curso de redacción: teoría y práctica de la composición y el estilo (Ed. Pueblo y Educación, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1971, 503 pp.), de Gonzalo Martín Vivaldi, el cual citaré directamente en lo adelante cuando proceda.
2- Julio Cortázar: Imagen de John Keats, Alfaguara, Madrid, 1996, p. 251.
3- La Vanguardia (15/12/1987), p. 7.
4- Gonzalo Martín Vivaldi: ob. cit., p. 218.
5- Rosa Rabadán: Equivalencia y traducción. Problemática de la equivalencia translémica inglés-español, Universidad de León, León, 1991, p. 63.
6- Bronislav Malinowski: “Théorie ethnographique du langage”, en Les jardins de corail (preámbulo y trad.: Pierre Clinquart), F. Maspero, París, 1974, p. 246.
7- Eugene Nida y Charles R. Taber: La traducción. Teoría y práctica, Ed. Cristiandad, Madrid, 1986.
8- Véase Roger Keesing: “Theories of Cultures”, en Annual Review of Anthropology, Cambridge University Press, 3, 1974, p. 73.
9- Véanse Anthony Pym: “Equivalence Defines Translation”, en Translation and Text Transfer : An Essay on the Principles of International Communication, ed. Peter Lang, Frankfurt am Main, 1992, pp. 37-49, y “European Translation Studies, ‘Une science qui dérange’ / Why Equivalence need n’t be a Dirty Word?”, en TTR Traduction, Terminologie, Rédaction; Etudes sur le texte et ses transformations, 8, 1, pp. 153-176.
10- Como dirían los angloparlantes: whatever!
11- Sandra Halverson: “The Concept of Equivalence in Translation Studies: Much Ado about Something”, en Target, 9; 2, 1997, pp. 207-233.

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