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El lado oscuro del paraíso perdido (III)

Luciano Castillo, 17 de octubre de 2013

Eliseo Subiela se acerca a las preocupaciones de Carpentier al proponerse en un guión demasiado largo y abarcador, dotar a La conquista del paraíso de las ideas e imágenes provocadoras del relato carpenteriano. Traduce en varias secuencias algo del deslumbramiento del antihéroe, que en su exploración de la sinuosa ruta del río Paraná renuncia a la protección ofrecida por el mundo civilizado en un redescubrimiento de su propia autenticidad. Sin alcanzar la trascendencia y majestad del relato, este promisorio debut queda como una versión imposible de acreditar de Los pasos perdidos, el texto de Carpentier más estudiado y, al mismo tiempo, el que ha retado a un considerable número de cineastas. De la insoluble gestión de conseguir los derechos nació el primer título de ficción en la obra de Eliseo Subiela, quien pronto concedería en sus películas mayor relieve a la poesía que a la prosa.

El deslumbramiento suscitado en la fase genética en el novelista por la lucha del hombre con la naturaleza en el paisaje selvático del Alto Orinoco y el territorio amazónico recorrido en 1948 —cuando Subiela contaba con apenas cuatro años— no se aleja demasiado de aquella realidad hallada en Misiones por el director argentino. Sin sospecharlo, depositaba demasiado de sí mismo a un proyecto frustrante desde un inicio por no haber podido alcanzar todas sus ambiciones. Con el tiempo, el director la considera como una película despareja, pero valiosa, lastrada por las concesiones comerciales en la elección del elenco con vistas a un supuesto éxito, pero rescata el «había una vez», la capacidad de narrar una historia.

Como «la más poética y seductora metáfora sobre el amor, la vida y la muerte», fue promovido un filme tan atípico en la obra de Subiela, aunque sentara las bases del tono poético que más tarde desarrollara. Un crítico argentino escribió sobre La conquista del paraíso:

La mostración como al desgaire del lomo de una novela de Alejo Carpentier —Los pasos perdidos— en una de las primeras secuencias, suministra desde el vamos la clave en la que cabe entender la película: se trata, como en el libro del cubano, de la búsqueda de una identidad extraviada, o de una definición de la misma, a partir de una comprensión mística de la realidad americana [...] Este excelente planteo intelectual, que alude por extensión y subliminalmente al carácter del problema cultural argentino, no termina de realizarse en la práctica, tal vez porque Subiela, como el personaje de su historia, sufre en carne propia esa dicotomía entre el pensamiento y el hecho, que aflige al héroe de su película. Esta, empero, está muy bien realizada [...] la banda de sonido es de una limpidez que sorprende en una película argentina y la estructura narrativa está acorde con el ritmo moroso y un poco ensoñado que se ha pretendido imprimir al relato. Las debilidades surgen más bien de cierto abuso en el recurso literario, de cierta proclividad a una explicación verbal y retórica de elementos que podían haber sido sugeridos de otro modo, y de unas actuaciones que [...] no terminan de adecuarse a la naturalidad que hubiera exigido la historia y rozan a veces el estereotipo1.

 

Nota

1Citado por Paraná Sendros: Eliseo Subiela, en la colección Los directores de cine argentino, Centro Editor de América Latina S.A., Buenos Aires, 1993, pp. 24-25.