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José María Chacón y Calvo, un ilustre cubano

Leonardo Depestre Catony, 10 de noviembre de 2013

No se conoce lo suficiente el legado intelectual del humanista cubano José María Chacón y Calvo, quien no se cansó de trabajar en favor de la cultura nacional, de su mejor conocimiento y trajo a Cuba a importantes figuras de las letras españolas (que lo apreciaban) para que dictaran conferencias y también, para que en Cuba hallaran un poco de sosiego, porque varias de ellas procedían de España, donde el triunfo del franquismo en la guerra civil les cerró las puertas.

La revisión de antiguas publicaciones, desde las de muy vasta circulación (Bohemia y Carteles) hasta aquellas más especializadas en tópicos de la literatura y la historia, nos entrega una y otra vez la imagen y la palabra de José María Chacón y Calvo, cuyas opiniones las prestigiaban, porque se trató de un escritor y un ensayista de renombre en Cuba y toda Hispanoamérica.

José María nació y murió en Cuba. Lo primero ocurrió el 29 de octubre de 1892, en Santa María del Rosario, villa colonial en las cercanías de la capital, y lo segundo, en La Habana, el 8 de noviembre de 1968, que en esta ocasión recordamos desde aquí.

De familia de posición económica desahogada y abolengo en la sociedad cubana —título nobiliario incluido, del cual José María poco caso hizo— gozó de una educación esmerada, cursó las carreras de Derecho y la de Filosofía y Letras, y para el año 1915 poseía ya ambos doctorados; perteneció al servicio diplomático y se sumergió en los Archivos de Indias y Simancas, en España. Acerca de este último recogemos un recuerdo en la prosa de nuestro personaje:

“Simancas está en la meseta castellana, a once kilómetros de Valladolid (...) En 1927 ya teníamos un auto especial, el automóvil del investigador, dispuesto para los trabajadores de Simancas. Entonces solo hubo una dificultad: como era pequeño, cuando, en alguna rara ocasión, nos reuníamos más de cuatro investigadores, teníamos que echar suertes para seleccionar los viajeros del flamante Citroen”.

Chacón ocupó la Dirección de Cultura de la Secretaría de Educación en la década del 30, y su currículum, tanto el académico como el social, fueron abrumadores. De su bonhomía también se cuenta, acrecentada por su desinteresado apoyo a otros intelectuales y jóvenes cuando requirieron del espaldarazo de una figura de su relieve.

Aquí, sin embargo, nos interesa detenernos en su condición de hombre de letras: conferencista, historiador, ensayista, también narrador —aunque en esta cuerda menos se le recuerde. En el siglo XX, en que escribieron Jorge Mañach, Juan Marinello y otros grandes prosistas cubanos, un profesor del prestigio de Max Henríquez Ureña lo califica como “el ensayista erudito de más extenso renombre en las letras cubanas del siglo XX”. Tan categórica aseveración quizá pueda ser discutible, mas no la nombradía de José María, en particular en la primera mitad de la centuria, precisamente la más rica en cuanto al ejercicio de dicho género.

Perteneció a la Academia de las Artes,  de la Historia y   de la Lengua, la cual presidió entre 1951 y 1969; presidió además el Ateneo de La Habana, centro de conferencias, conciertos, exposiciones, concursos y otras maneras de incentivar la cultura. Aparece como cofundador de la Sociedad de Folklore Cubano en 1923, fundó bibliotecas, editó y dirigió publicaciones; una de ellas, por sí sola, le merece reconocimiento: Revista Cubana, órgano de la Dirección de Cultura, desde la cual estimuló el desarrollo de las investigaciones literarias, además de Cuadernos de Cultura, como complemento de la anterior.

En su condición de autor le ocupó la historia patria y la de España, a través de algunas de sus personalidades. Varios de sus textos ensayísticos fueron resultado de exhaustivos estudios: Romances tradicionales de Cuba, Ensayos de literatura cubana, El primer poema escrito en Cuba, Cedulario Cubano, El Consejo de Indias y la historia de América, La experiencia del indio,  Criticismo y colonización, Cervantes y el romancero, Ensayos de literatura española, El Padre Sarmiento y el Poema del Cid ...

Sin embargo, uno de sus libros más conocidos y manejados por el público en general lo ha sido Las cien mejores poesías cubanas, que "contiene en forma breve y apurada las más finas y ajustadas interpretaciones del mensaje lírico de nuestros poetas", en opinión de Félix Lizaso. Este valioso libro fue prologado y compilado por José María Chacón y Calvo.

Cualquiera sea el rasero que se utilice, ya sea el de la riqueza de los trabajos, o el de la calidad de estos, para la obra de Chacón y Calvo no cabe otro calificativo que el de colosal servicio a la cultura.

Como otros cubanos ilustres, el paso (y el polvo) del tiempo, la desmemoria que se cierne como una densa nube y la carencia de divulgación hoy día de sus trabajos, conspiran contra el mejor (re)conocimiento de la obra de José María Chacón y Calvo, un cubano ilustre.
 

Alexander Müller dijo:  Estimado Leonardo Depestre Catony: Estamos en Uruguay realizando una investigación de la producción de cartas de un filósofo argentino, González Pecotche, ello nos llevó hacia unas cartas que mantuvo con José María Chacón y Calvo y quisiéramos intrcambiar un poco con algún familiar o interesado en la vida de Chacón y Calvo y sus vinculaciones epistolares. Enviándole un cordial saludo, Ing. Alexander Müller