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El ballet en Cuba. Apuntes históricos

Jesús Dueñas Becerra, 05 de diciembre de 2013

Hablar del ballet en Cuba es hablar,
necesariamente, de Alicia Alonso.

Miguel Cabrera


El doctor en Ciencias Históricas Miguel Cabrera, historiador del Ballet Nacional de Cuba (BNC), y concretamente de su directora general, la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, es el autor del volumen El Ballet en Cuba. Apuntes históricos, presentado en el Centro Cultural Dulce María Loynaz.

Ese texto, publicado por Ediciones Cúpulas, sello editorial de la capitalina Universidad de las Artes, muestra los hallazgos de más de cuatro décadas de investigaciones realizadas en el campo del ballet por el también miembro fundador y profesor titular de la Facultad de Arte Danzario de ese centro de educación superior.

La figura de Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza (CID-UNESCO), se erige como símbolo y paradigma de excelencia artística, iniciadora de esa leyenda que es el BNC; emblemática agrupación fundada —hace más de sesenta años— por los maestros Alicia, Fernando y Alberto Alonso.

En sus páginas, el autor organiza fechas de estrenos y comenta —desde una óptica objetivo-subjetiva por excelencia— presentaciones devenidas únicas e irrepetibles, momentos cruciales, en los años de duras batallas para desarrollar y consolidar el ballet como manifestación artística surgida en el archipiélago cubano, que hoy es una pieza «clave» en el ranking internacional de dicha disciplina, percibida por el doctor José Orlando Suárez Tajonera, Premio Nacional de la Enseñanza Artística 2007, como «algo material y al mismo tiempo espiritual».

De acuerdo con esa dualidad, advertida por el ilustre filósofo caribeño, el crítico ruso A. Shaichkevich estima que «no son los battements a la barre ni el virtuosismo de una elevada técnica los que producen el milagro del vuelo, [sino] el arranque espiritual […]».  

Cabrera es un minucioso analista, que ha tenido el privilegio histórico de acompañar al BNC —y seguir la exitosa trayectoria artístico-profesional de una de las mejores compañías del orbe danzario— desde 1970, o sea, hace más de cuatro décadas.

Por lo tanto, es el intelectual idóneo para sistematizar esas memorias, las cuales explican por qué el BNC es un colectivo danzario respetado y valorado al máximo en todas partes del planeta.

El ballet en Cuba…, ilustrado con un centenar de imágenes que poseen un gran valor histórico y artístico, se estructura —desde la vertiente metodológica— en once capítulos, íntima y estrechamente relacionados entre sí:

El nacimiento de una tradición (I); Coppelia y Pávlova en la República neocolonial (II) Grandeza y limitación de la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana (III); Alicia, Alberto y Fernando Alonso: la gran simiente (IV); «Las Cuatro Joyas» (V). Dos ilustres herederas: María Elena Llorente y Marta García (VI). «Las Tres Gracias» (VII); La presencia masculina: consolidación de una estirpe (VIII); El Ballet Nacional de Cuba en su gloriosa brega (1948-2011) (IX), Valoraciones de la crítica mundial (X); y la sección Documentos (XI), que recoge textos de gran significación en la trayectoria artístico-profesional de la emblemática compañía.

Del capítulo dedicado a las cuatro joyas habría que destacar la valoración realizada por la primera bailarina y maître Josefina Méndez —una de las figuras «clave» de la historia narrada en esa gema de la literatura especializada— acerca de las características esenciales que identifican a la que hoy es una de las mejores agrupaciones danzarias del orbe.

«En primer lugar, es un logro [innegable]» —precisa Josefina— «tanto desde el punto de vista técnico como artístico. Hay que velar porque se mantenga y se desarrolle. Es necesario cuidar que no se pierdan las características que la han definido […]: la velocidad de los pies, la posibilidad de giros lentos y rápidos, el diálogo sin palabras en los adagios, la libertad en el fraseo o en el acento y seguir conciliando la exigencia técnica y estilística con el respeto a la individualidad del intérprete; cosa hermosa que ha hecho que nunca en nuestro ballet se anule la personalidad del artista. Esa es una tarea de todos, de los maestros, de los ensayadores y de [los/as bailarines/as], tanto los más experimentados como los más jóvenes que ahora asumen responsabilidades mayores dentro del repertorio».

El Ballet en Cuba…, del doctor Miguel Cabrera, es una obra dirigida —fundamentalmente— a los amantes del arte de las puntas, así como a los colegas de la prensa especializada.




 

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