Rafael Grillo y el humor en la novela policial
Rafael Grillo (1970), escritor de relatos policíacos, dosifica hábilmente en ellos un humor sutil y maneja admirablemente la psicología humana —apuntemos al paso que la estudió en la Universidad. Todo ello se imbrica para que, al menos quien escribe estos apuntes, le encuentre un cierto aire del Sherlock Holmes interpretado en el cine por Basil Rathbone más de medio siglo atrás... aire que se acentuaría si imaginamos al amigo Rafael Grillo con pipa, gabán a cuadros y gorra.
Cuando menos dos novelas cortas tiene publicadas nuestro autor: Asesinos ilustrados (Premio Luis Rogelio Nogueras 2009, Editorial Extramuros) e Historias del Abecedario (Ediciones Abril, 2011), ambas policiales. Así pues, es del criterio que el crimen y el delito, las circunstancias dramáticas y aun la muerte, no escapan al escalpelo del humor.
Rasgos estilísticos aparte, que son muy propios en la narrativa de Grillo, tanto una como la otra novela son derroches de imaginación y originalidad en el tratamiento del tema policial. Un pasaje de Historias del Abecedario (tres secciones de historias enlazadas), deviene retrato (además de homenaje) al detective Sam Spade creado por Dashiell Hammett. Obsérvese el empleo del humor en esta parodia:
De impresionante estatura y ancho de hombros. Poco encorvado a pesar de la edad y el vicio crónico del cigarro. Distingue su rostro la barbilla huesuda, interminable, y una palidez que no claudica ante los soles del trópico. Samuel Espada es un tipo extraño. Afirma que nació en Gibara, Holguín, allá por los años 20 del siglo pasado, aunque a nadie convence el que su acento sea oriental. Por el contrario, piensa la gente, es un extranjero refugiado, que vive en Cuba desde hace muchos años, sabrá Dios por qué.
Ensayista además —he ahí sus libros Ecos en el laberinto y La revancha de Sísifo— el actual Jefe de Redacción de El Caimán Barbudo lanza otro guiño, no menos personal en su singularidad, en un pasaje revelador de sus preferencias acerca de los autores policíacos:
Dentro del edificio, ahora marcado con la banda amarilla (Police Do Not Enter), vive un periodista llamado Rafael. Lector de Conan Doyle, Ágatha Christie, Raymond Chandler, Manuel Vázquez Montalbán, Leonardo Padura y Lorenzo Lunar, se siente entrenado para la labor detectivesca, y anhela que en el periódico abran por fin una columna de crónica roja y se la otorguen a él.
La admiración de Grillo por el beatle John Lennon, a quien confiere la letra B en sus Historias del abecedario, en modo alguno es cuestionable, aun cuando para ello recurra a un tratamiento, el de su estatua sedente en un parque de El Vedado, que difícilmente no entresaque una sonrisa en el lector:
En su nuevo oficio de guardaparque petrificado, la única amenaza que pende sobre B es que le arrebaten los espejuelos; mas el famoso ya se acostumbró en el pasado a los hurtos de los fans, y ahora no admitiría que nada le perturbase la calma de la posteridad. Una cagada de paloma chorrea por su cabeza. B sonríe (...) Un abuelo se sienta al lado suyo y le suelta la letanía de sus desgracias. B sostiene su cara de cumpleaños, inoportunamente, y se gana el insulto del viejo: ¡Qué coño fue lo que te dio gracia!
Enterado y culto, capaz de adentrarse en casi cualquier tema, Rafael Grillo hace suyo el proverbio latino y nada humano le es ajeno. Como tampoco a su trama detectivesca. Personajes reales, sucesos históricos, caracteres de la literatura; el psicoanálisis, los problemas sociales, el tarot; la santería, el cine, la filosofía; el absurdo, la ambición, el desenfado; el temor, las celebridades, el amor... todo está dispuesto en un lienzo de innumerables lecturas o ajiaco con timbres musicales plantado en Centro Habana. Y como divertimento al fin, el ejercicio del intelecto es parte de la travesura:
Han llegado diferentes personas al gabinete del doctor Freud; todas contándole un sueño semejante: que veían un cuchillo enorme caer del cielo y cercenar por el centro a una hermosa naranja; y en ese instante preciso, un dolor terrible les cortaba el ritmo del corazón. Fiel a su credo, el psicoanalista repite a todos igual cantaleta: Elemental, querido(a), es un sueño sexual, y añade: La clave está en Platón.
“Vampiros, asesinos y donjuanes confluyen en una Wagneriana eXégesis que Yuxtapone estrategias discursivas frescas y renovadoras: capaces de extraerle el Zumo imaginativo al lector más exigente... con una Chispa de talento y simpatía”.
El rejuego de letras en Historias del abecedario se aplica también a la nota editorial de contracubierta, que entrega al lector el resumen de una novela en apariencia laberíntica, aunque se la lea con la expectativa de que al final se abrirá una avenida por la que transite un coche tirado por Drácula y tres parientes más... sin que por ello la sangre llegue al río.