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Con comillas y sin comillas

Blanca Zabala Santana, 10 de enero de 2014

Cuando el 17 de diciembre del 2013 se hizo público el Premio Nacional de Literatura, surgieron estas líneas que no quise enviar a ningún medio para que fueran publicadas, pues ya, hace algún tiempo, he venido cuestionando en sentido general la entrega de los premios, y me refiero concretamente a los premios de edición y no quería resultar, una vez más, “insoportable”. Hoy, cuando leí un artículo publicado por Guillermo Rodríguez Rivera, dije: ¿por qué no enviar el mío que estaba “dormido” en una carpeta de mi computadora? De hecho, comparto plenamente el criterio de este escritor y pedagogo cubano, pero yo adicionaría a ese Comité Permanente de entrega de premios también a un editor. Mucha razón tiene Guillermo al decir que no se deben nominar de año en año a los escritores, puesto que sus obras están ahí, igual que se hace con los editores, para recibir algún día su premio, si les “tocara”, eso no es justo para ninguno. Entonces, aquí va mi pequeño comentario, solo aclarar que los autores aquí mencionados desconocen la existencia de este:*
    ¿Cuándo llega un autor a su madurez? Parece difícil la interrogante, pero no, no lo es tanto. Solo depende desde qué óptica entendamos la palabra “madurez”, en cuanto al género literario se refiere. Según el Pequeño Larousse, significa: “cualidad o estado de maduro.// Sensatez o buen juicio de prudencia”. “Maduro”, que proviene del latín maturus, significa, entre otras acepciones, “que ya ha superado la juventud pero que no ha llegado a la vejez”. Entonces surge otra interrogante: ¿un autor maduro es un “medio tiempo”, hablando en buen cubano?
     No, no es así en cuanto a la escritura, un autor puede ser “maduro” y no tener una obra sólida, o viceversa, puede tener una sólida obra y no ser “maduro”. Por ello, en estos momentos me vienen a la mente algunos nombres de autores cubanos que no quiero dejar de mencionar en este pequeño artículo de opinión: Roberto Méndez, escritor más que “maduro” y con sólida obra, ganador de innumerables premios, poeta, narrador, ensayista, académico, y para qué mencionar los temas que toca en sus obras, es, según mi modesta opinión, multifacético. Alberto Garrandés es otro nombre que deseo mencionar, autor de calidad inmejorable, ganador de múltiples premios, excelente narrador y ensayista, y otros muchos más que han consagrado su vida (corta o larga, no importa) a tan loable oficio, como las hermanas Vian, Lourdes González, Maggie Mateo, Eduardo Heras León, Lina de Feria, Virgilio López Lemus, Guillermo Rodríguez Rivera, perdón si olvido a algún otro, la memoria es traicionera, siéntase aquí incluidos.
    Cuba se privilegia con nombres como estos, pero aún no hemos podido reconocerles la valía. No basta solo con publicar sus obras. Muchos de ellos merecen algo más. Y no es mera coincidencia el que se haya hecho público hoy 17 de diciembre el Premio Nacional de Literatura 2013. Es precisamente este hecho el que me ha impulsado a escribir estas breves líneas que ya había comentado con colegas y amigos desde hace algún tiempo. Porque los criterios pueden ser variables, pero los conceptos deben ser estáticos y consecuentes. A un autor se le da un premio de tamaña envergadura por la obra de toda su vida, por una obra contundente, constante, sólida, versátil, de calidad. Por favor, no los olvidemos, ellos han estado siempre ahí, y seguirán estando, deleitándonos con sus creaciones, dando fe de su paciencia para ser reconocidos también, por su obra madura (y ahora sin comillas).
 

 

* El subrayado es del escritor