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Lenguas y culturas: un problema para la edición crítica de los Cuadernos de apuntes de José Martí*

Carmen Suárez León, 24 de enero de 2014

Una edición crítica es un trabajo editorial altamente especializado y necesita de varias competencias, nadie puede pretender salir airoso de este empeño sin el concurso de muchas colaboraciones. Y este carácter de trabajo colectivo y coordinado es el primero que habría que resaltar como indispensable. Desde hace algún tiempo, cargo con la responsabilidad de realizar la edición crítica de los Cuadernos de apuntes de José Martí, una delicada fiesta para un filólogo investigador que se entrega a establecer el texto e iluminarlo con los aparatos de notas correspondientes. Comentar esta tarea me da gusto y, en cierta medida, al obligarme a pensar en ella, a reconsiderarla, enriquece mi perspectiva y es una suerte de retroalimentación.

Se trata del tomo 21 de las Obras completas de José Martí, que tiene varias ediciones. Los apuntes martianos quedaron en libretas y cuadernitos, y hasta en hojas sueltas, que se fueron integrando para constituir este tomo. Quienes transcribieron los manuscritos, lo hicieron ante la necesidad inminente de darlos a conocer, y, en general, no eran editores ni filólogos, ni lo hacían con propósitos de investigación alguna. De ahí que, para hacer la edición crítica, hay que empezar por cotejar lo impreso con los manuscritos y salvar errores y omisiones. Esa es la tarea que realizamos en equipo Pedro Pablo Rodríguez, director de la edición crítica de las Obras completas, y yo, responsable del mencionado tomo.

Ningún documento nos enseña tanto sobre la dinámica de la escritura de José Martí como sus cuadernos de apuntes, por fortuna salvados de la destrucción, aunque publicados con mucho desorden, lo cual muchas veces dificulta seguir líneas rectoras de documentos preparatorios que están en la base de otras obras realizadas y publicadas durante su vida y de una gran mayoría que se quedaron en esos apuntes dispersos y que necesitan paciencia y ojo avizor para descubrir hasta qué punto avanzaba en sus proyectos y cuánta información iba reuniendo para ellos.

Algunos apuntes tienen que ver con estudios sobre las lenguas de los aborígenes americanos, y vemos a Martí entregado a estudios comparativos entre lenguas precolombinas y asiáticas, siguiendo a antiguos autores dominicos. Y lo mismo hace anotando vocablos hindúes o hebreos que le parecen de gran actualidad, o americanismos de los diferentes países, o listados de palabras rusas o vocablos del italiano o del alemán, que a veces trata de reformular en español por parecerle que contenían nociones necesarias en nuestro sistema de expresión lingüística.

Ahora bien, es en el campo mismo de la traducción donde estos cuadernos son el despliegue de una dinámica vertiginosa e intensa como su época. Martí va leyendo, al mismo tiempo, en inglés o en francés, vastas obras de historia, literatura, ciencia u otras materias, copia citas de ellas, traduce otras, comenta unas terceras. Así establece, visiblemente, una red interlingüística con la cual construye un puente entre una lengua-cultura y la otra, pasando por las vivencias personales y la reflexión del traductor que se coloca entre ellas de manera activa e interesada, procesando los datos en función de pensar el mundo y reformularlo para Hispanoamérica en un español moderno, flexible, bello y eficiente, tanto en sus crónicas periodísticas como en sus versos: en todo cuanto escribe.

Al leer ese intrincado mapa de apuntes de los más diversos pelajes —desde una anotación de asunto personal, generalmente brevísima y dramática, una anécdota vivida o escuchada al paso, o una relación de direcciones o de libros por comprar, hasta el esbozo primerísimo de una idea que se convertirá en ensayo, o lecturas detalladas, citadas y comentadas en diversas lenguas—, a cada momento se evidencia de modo palmario esa actividad continua de traducción implícita y creativa, propia de un lector culto y políglota, pero que es, además, voluntad de enriquecimiento lingüístico consciente, necesidad que le impone el exilio en tierra ajena y el trabajo propio del corresponsal que, para sus crónicas en español dirigidas a periódicos de Hispanoamérica, debe leer toda la prensa norteamericana y aun alguna francesa.

La actividad lectora de Martí sobresale en estas páginas y nos proporciona algunas muestras del mayor interés para deducir de cada una de ellas una manera de apropiarse selectiva y críticamente de marcos teóricos, esquemas de pensamiento y registros culturales para la construcción de su propia cosmovisión. Trataremos aquí de analizar algunas de esas lecturas en lenguas extranjeras y establecer conexiones, tanto con el resto de la obra —cuando sea pertinente—, como con algunas ideas centrales de Martí que son decisivas en la recepción de estos textos.

Marie-Louise Gagneur: Les Vierges Russes (E. Dentu, París, 1880).1
En el cuaderno 8 aparece otra de esas lecturas testimoniadas por apuntes cuya dinámica escritural nos pone frente a una conjunción de culturas que ilustran esos procesos de autoaprendizaje y retroalimentación que están en la base, tanto del movimiento, diversidad y belleza visual de sus crónicas, como de la amplitud de visión y comprensión de los análisis culturales, históricos y políticos que se despliega en ellas y en toda su obra. El enorme talento artístico de Martí nunca se pierde en fuegos de artificio, como les sucedía a muchos escritores, poetas y periodistas de la época. La vastedad y hondura de sus conocimientos le permitía conjugar belleza y pensamiento a un nivel raramente alcanzado por un creador.

Ahora nos lo encontramos leyendo, en lengua francesa, una novela de Marie-Louise Gagneur (1832-1902) sobre las luchas nihilistas rusas. Esta autora, nacida en Domblams, Francia, con el apellido Mignerot, fue una fourierista militante que participó, a finales de los años cuarenta, en la colonia falansteriana de Cîteaux. A los dieciocho años, escribió un ensayo sobre el asociacionismo obrero y se casó con el diputado Vladimir Gagneur. Con sus novelas de ideales anarquistas y anticlericales, alcanzó gran popularidad en su época, al punto de ser comparada con Eugéne Sue y ser admitida, en 1864, en la Société de Gens de Lettres, aunque más tarde fue prácticamente borrada de la historia de la literatura francesa y solo en las últimas décadas ha sido estudiada y vuelta a publicar. Fue notable, además, por haber emplazado a la Academia Francesa y haber reclamado a los Inmortales la feminización de los nombres de profesiones y oficios, con lo cual se convirtió en la iniciadora de tales demandas que tendrían su despliegue en el siglo XX.2

Martí, ya lo sabemos por sus mismos apuntes y sus reseñas de libros, estaba al tanto de lo que se publicaba en los Estados Unidos y Europa. Entre esas anotaciones, es frecuente hallar listas de libros por comprar sobre los más diversos temas. Sin embargo, no deja de sorprender el caso de esta lectura, que llega a sus manos el mismo año de su publicación en Francia y que, evidentemente, leyó guiado por la intención de conocer la cultura rusa, pues no hay ni una sola huella que nos remita al interés por la autora, ni los folletines eran de su mayor atención. Ya conocemos sus opiniones contradictoras en cuanto al género novela.

Sin embargo, el tema histórico-cultural de esta novela parece ser el motivo fundamental de su lectura. Lo cual nos remite al cuaderno de apuntes no. 3, donde algunas notas también abordan el tema de los nihilistas rusos. Tanto los apuntes, como la fecha de 1880, establecen un segundo vínculo con su crónica sobre Alexander Pushkin, escrita ese mismo año, con motivo del Congreso Literario que se le dedicó y del monumento inaugurado en Moscú, tema que se abordará más adelante. La atención de Martí al mundo de los trabajadores y a la realidad social que vivían los Estados Unidos, lo tenían que llevar a los temas del anarquismo y el socialismo y a un interés marcado por la historia de Rusia y sus pensadores radicales.

En los apuntes de ese cuaderno, encontramos dos largas secciones tituladas «Rusia», concentradas, sobre todo, en esta lectura, utilizando el francés como puente lingüístico para asomarse a la cultura rusa. Por ello, los listados de palabras aparecen con transcripciones propias del francés, cuyos significados traduce, comenta o cita.

François Coppée: Les Humbles (1872) y L´Exilée (1877)
François Coppée (1842-1908) tuvo su hora de popularidad y mérito suficiente para ser admitido como miembro de la Academia en 1884, pero su estética fue polémica y paradójica y los poetas del Parnaso no pocas veces lo aborrecieron e hicieron burla de sus versos. Fernando Calmettes nos cuenta que su oficio como versificador, la pureza de sus metros y la riqueza de sus rimas lo colocaban legítimamente entre los parnasianos. Sin embargo, su lirismo intenso y sus célebres temas humildes estaban proscriptos para sus cofrades y precisamente fueron esos temas sentimentales los que le ganaron fama y reconocimiento. Cuando los ofendidos artepuristas hacían comentarios y se escandalizaban de su éxito, lo llamaban «laquista de suburbio»,3 aludiendo a sus tópicos sobre la vida de los parisienses pobres y asociándolos a su reconocida negación del lirismo de los laquistas ingleses. Lezama habría atribuido tan feroz ironía a lo que él llamaba «los manes del resentimiento vernáculo».

En los fragmentos conservados, llegan hasta nosotros algunos apuntes dedicados al estudio detenido de los versos de Coppée. Su análisis gira en torno a los poemarios Les Humbles (l872) y L´Exilée (1877).4 Dos problemas poéticos están en el punto de mira martiano frente a esta poesía: uno es la técnica con que se hacen los versos; el otro, los temas «modernos» de Coppée, que se centran en la ciudad y la vida de los pobres en los barrios urbanos. Si pensamos en Versos libres y en Escenas norteamericanas, vemos con claridad el interés que ambos aspectos entrañan para su estética.

Estos fragmentos parecen pertenecer a la década de los años ochenta. Martí, bien colocado en su órbita colonial asumida como un mundo por emancipar, no está interesado en activar los registros de la Antigüedad, no cree que allí halle respuestas, tampoco cree en la malignidad y perversión intrínsecas de los tiempos modernos, como quieren verlos entonces los artistas decadentes que hacen furor en Francia por esos mismos días. Su examen del mundo no es positivista sino positivo, tomando la ciencia como un nuevo valor humano. Si Coppée tiene a un París moderno ante los ojos, él tiene a Nueva York, y eso lo hace muy sensible a los temas de la pobreza urbana.

Martí anota algo sobre nueve de los trece poemas de Les Humbles.5 Lo primero que sorprende en sus comentarios es la manera vertiginosa y aparentemente desordenada con que pasa su escritura del francés al español, del verso a la glosa del verso, del original en francés a su traducción. Por ejemplo, en su análisis de «La Nourrice» (La nodriza) —historia de un casamiento infeliz entre una joven pobre y un «galán bribón»—, Martí anota:

La Nourrice.-
Linda moza se casa con un galán bribón.
Et le premier souflet près du ler baiser.-
Hijo – Miseria.
Va de nodriza «la mort dans le coeur».
Ses pauvres seins gonflés de lait lui faisaient mal.6

Al mismo tiempo que glosa los versos, intercala fragmentos analíticos en los cuales estudia las excelencias técnicas del verso o disímiles aspectos del contenido. El poeta cubano escribe que: «Sólo en manos de Teodoro de Banville y de Catulle Mendés es el verso más flexible que en manos de Coppée».7 Admira la facultad «gráfica» de matizar el verso con tintes y reflejos, y de darle calidad sonora y texturas que, más que describir, pintan las escenas y modelan los caracteres. Al analizar estas técnicas que se empeñan en la precisión y en la ausencia de palabras huecas en el estilo, Martí fija su atención en cierta adjetivación de Coppée que implica un salto analógico en el cual se condensan el orden de lo físico con el orden de lo espiritual. Anota:

Mezcla deliciosamente las emociones del alma a las apariencias exteriores.
De un golpe salta del alma pudibunda a toda la naturaleza, y la mezcla (atrae) por un adjetivo dichoso con el afecto interior:
lllllllllllllllllllllllllllll La fenêtre
s’ouvre sur le ciel nuptial.
Odia la verbosidad odiosa, y las fáciles acumulaciones rimbombantes —los abalorios de la poesía—.8

Por donde podemos apreciar a Martí observando y estudiando, en los modelos franceses contemporáneos, los procedimientos que conducen al verso hacia la modernidad y que están latentes en la poesía de Coppée, a horcajadas entre el Parnaso y el romanticismo.

No podemos fechar con precisión estos fragmentos; sin embargo, cuando Martí publica su Ismaelillo, en 1882 —la misma fecha de la crónica sobre Sully—, ya le son familiares estos procedimientos y condensa sus imágenes y adjetiva enlazando instancias objetivas y subjetivas que potencian el significado poético en busca del registro simbólico: recuérdese que Martí habla en estos versos de un «príncipe enano» y de unas «internas aves», y que puede construir versos como estos:

(…)

ll Suavemente la puerta
Del cuarto se abre,
Y éntranse a él gozosos
Luz, risas, aire.
Al par da el sol en mi alma
Y en los cristales.
¡Por la puerta se ha entrado
Mi diablo ángel!

(…)

ll ¡Pudiera yo, hijo mío,
Quebrando el arte
Universal, muriendo,
Mis años dándote,
Envejecerte súbito,
La vida ahorrarte!–
Mas no: que no verías
En horas graves
Entrar el sol al alma
Y a los cristales!9

Además de las observaciones técnicas, Martí alaba especialmente un aspecto ético de esta poesía. Anota: «Toda la poesía de la honradez, jamás puesta en verso hasta este siglo, encaja por un arte sencillo en sus versos: y eso viene a ser Coppée, y su gran mérito —en un país de gente impura—: el poeta ve los honrados…».10 Martí ha apreciado que París y Europa misma viven una época de decadencia y falta de valores. Por ello, esa reivindicación poética de la humildad y la pobreza le parece tan meritoria en Coppée.

No deja de advertir, sin embargo, con inquisitiva agudeza, la huella baudelairiana en el poema «La Famille du Menuisier» (La familia del carpintero). Escribe: «De las contradicciones brutales e inmorales de la vida, con estilo de Baudelaire, este es un ejemplo».11 El poema narra, con timbre irónico y siniestro, la historia de un carpintero que fabrica féretros, y describe a los hijos y a la esposa, contentos y saludables, satisfechos de tantas muertes que les dan prosperidad. Este tipo de observación muestra claramente el conocimiento que tenía de los diversos registros de la poesía francesa. El racionalismo moderno saca a la luz esas «contradicciones brutales e inmorales de la vida», y Baudelaire hace con ellas una poesía descarnada y hasta ingenua, cuyas reminiscencias no pasa por alto Martí al leer a Coppée.

Al intercalar reflexiones generales dentro de estos apuntes precisos sobre un poema u otro, Martí escribe: «La de Les Humbles no es poesía condensada y perfumosa, sino recitativa, y como de cuentos poéticos, aunque la poesía, más que en la esencia, está en la vestidura».12 Formula así una discrepancia definitiva: la que al fin y al cabo le reprocharon a Coppée los que vinieron tras él, y que era la de colocarse fuera de la verdadera poesía moderna al escribir versos centrados en la narración, sin conseguir una verdadera tensión poética.

Y más adelante, cuando analiza L´Exilée con la misma minuciosidad, dejará escrito un haz de juicios que manifiestan la modernidad y madurez del pensamiento martiano sobre la poesía, no atrapado en sus simpatías por las temáticas de Coppée.

No alcanza la universalidad de sentimiento, grado esencial de cristalización para la viabilidad de una poesía. Lo de uno solo no interesa, sino es lo de todos. Los detalles pasan: y solo lo esencial queda.
Juguetes de rima difícil e ingeniosos. Placer de la mano desocupada en vencer dificultades en honor de la que ama.
Recalentamientos voluntarios, y renacimientos ¡ay! incompletos de la fantasía mortalmente herida.
El amor puro tiene tendencias a la plasticidad. Le place la alegoría por lo mismo que le place el misterio.13

Como podemos suponer por este botón de muestra, la masa de información que puede contener un cuaderno de apuntes es enorme y deshilvanada, pues de una anotación se salta a otra y hay un carácter fragmentario que impide hacer conexiones aclaratorias a partir de la lógica del texto. Muchas veces la conexión se encuentra en el resto de la obra y hay que encontrarla por uno mismo o auxiliándose del resto de los especialistas, de acuerdo con la materia en que son más fuertes.

Todas las normas editoriales del aparato referencial y aun las normas de la edición del texto están en las manos del investigador, quien debe conocerlas y ajustarse a ellas lo más posible. A su vez, el editor que intervendrá más tarde debe estar suficientemente familiarizado con Martí como para advertir algunos errores que competen al investigador. Todo lo cual subraya ese carácter coordinado en el que las tareas de investigación, edición y traducción se solapan e interactúan. Cotejos, notas, investigación de contenidos puntuales e indagación de enigmas planteados por el texto, realización de índices, se cruzan continuamente y van de un campo a otro, de múltiples búsquedas en solitario o con la ayuda de muchas personas.

Por ello, este trabajo es, sobre todo, agradecimiento, mucho agradecimiento a decenas de personas que, en Cuba y en el mundo, colaboran generosamente con la edición crítica de los Cuadernos de apuntes de José Martí.

Notas:
* Ponencia presentada en el XII Simposio de Traducción Literaria en noviembre pasado en la Sala Villena de la UNEAC.
1- Texto disponible en: http://catalogue.bnf.fr/ark:/12148/cb304738202
2- Claudie Baudino: «Une initiative inaboutie mais prémonitoire»; Audrey Lasserre: «La volunté de savoir», en: LHT, no. 7, publicado el primero de enero de 2011. (Disponible en: http://www.fabula.org/lht/7/documents/177-7baudino)
Véase también: Michel Cordillot: «Thomas Voet: La Colonie phalanstérienne de Cîteaux, 1841-1846 (2001)», Cahiers Charles Fourier, no. 12, diciembre de 2001, pp. 112-114. (Disponible en: http://www.charlesfourier.fr/article.php3?id_article=204)
3- Fernando Calmettes: Leconte de Lisle et ses amis, Libraries Réunis, París, 19(??), p. 172.
4- José Martí: [Fragmentos 424-430]: Obras completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t. 22, pp. 290-302. (En lo adelante, se citará como O.C.)
5- «La Nourrice», «Le Petit Epicier», «En Province», «Emigrants», «Une Femme Seule», «Simple Ambition», «Dans la Rue», «La Soeur Novice» y «La Famille du Menuisier». Quedan sin comentarios «Un Fils», «Petits Bourgeois», «Le Musée de Marine» y «Joujoux d’ Allemagne».
6- José Martí: O.C., t. 22, p. 292.
7- Ibíd, p. 290.
8- Ibíd, pp. 291 y 292.
9- José Martí: «Musa traviesa», O.C., t. 16, pp. 28 y 31. (Las cursivas son mías.)
10- José Martí: O.C., t. 22, p. 291.
11- Ibíd, p. 295. Se refiere a estos versos de Coppée:

Le marchand de cercueils vient de trouver ses manches
Et rabote en sifflant, les pieds dans les copeaux;
L’année est bonne, il n’as pas le moindre repos,
Et même il en boit son gain tous les dimanches.

Tout en jouant parmi les longues bières blanches;
Ses enfants, deux blondins tout roses et dispos,
Quand passe un corbillard, lui tirent leurs chapeaux
Et bénissent la mort qui fait vendre des planches.

La mère, supputant de combian s’accroîtra
Son épargne, s’il vient un nouveau choléra,
Tricote, en souriant, au seuil de la boutique.

Et cet groupe joyeux, dans l’or d’un soir d’été,
Offre un tableau de paix naïve et domestique
De bien-être honorable et de bonne santé.

12- Ibíd, p. 293.
13- Ibíd, p. 298.