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José Martí, lingüista

Leonardo Depestre Catony, 28 de enero de 2014

Con cierta frecuencia se alude a las condiciones de Martí como traductor de textos en idioma inglés y francés al español, desempeño que le permitió paliar su difícil situación económica en Norteamérica, donde vivió un exilio de servicio a la causa de la independencia de Cuba. Pero su faceta como lingüista ha permanecido menos explorada.

Puede hablarse, sin temor a yerro, de un Martí lingüista, por cuanto como tal se designa al estudioso y conocedor de las lenguas. Y no caben dudas de que Martí lo fue.

Su mundo, el de la segunda mitad del siglo XIX, fue de grandes contrastes. El dominio de la lectura y la escritura, aun para los países de desarrollo, no comprende a las mayorías. La instrucción pública no deja de ser un privilegio. El conocimiento de las lenguas es uno de los medidores culturales por excelencia.

De ahí que entre los hombres y mujeres de buena posición, figure el conocimiento de uno o dos idiomas extranjeros, y de la literatura más representativa de estas lenguas como elemento básico de su instrucción y testimonio de esmerada educación.

El caso de Martí es excepcional: el de un hombre de origen modesto, que cursa estudios universitarios en el extranjero –en España, como sabemos-, pero que está allí en condición de deportado, y viaja a Europa y Norteamérica no como turista, sino como emigrado gestor de una revolución.

Es así como aprende idiomas, sobre la marcha, apoyado en su extraordinaria capacidad autodidáctica, en su inusual facilidad para el aprendizaje de los idiomas, en su genialidad, término que no dudamos en aplicarle.

En la nota introductoria al tomo 21, Cuadernos de Apuntes, de sus Obras Completas (edición de 1965) nos topamos con este comentario ilustrativo: "Descifrar la letra, casi ininteligible en muchas de sus páginas, con apuntes frecuentemente en inglés, francés, italiano, hebreo, latín y griego, ha sido tarea larga y difícil".

Su permanencia en Estados Unidos (desde 1880-1881 hasta 1895) le dio un manejo admirable del inglés. En ese idioma escribe algunos de sus trabajos críticos para The Hour y The Sun primordialmente: Modern Spanish Poets (Poetas españoles contemporáneos), trabajos sobre los pintores Fortuny y Madrazo, The Bull Fight (La corrida de toros), entre otros.

La cultura francesa lo llevó a escribir en inglés: Modern French Novelists (Modernos novelistas franceses), Flaubert‘s Last Work (La última obra de Flaubert), The French Water-colorists (Los acuarelistas franceses),  A Statue and a Sculptor (Una estatua y un escultor), así como varias crónicas y artículos.

¡Pero Martí también redactó en francés! He ahí sus crónicas Le nu au salon (El desnudo en el salón), L‘Amérique Centrale (La América Central), Un voyage à Venezuela (Un viaje a Venezuela), por citar solo algunos ejemplos.

En 1874 concluye su drama Adúltera, donde encontramos que los cuatro personajes centrales tienen nombres simbólicos en alemán: Grossermann, Guttermann, Possermann y Fleisch, a los que corresponden, respectivamente, las siguientes traducciones: "hombre alto", "hombre bueno", "hombre vil" y "carne".

Tampoco, pues, el alemán le era ajeno. A ello súmese que el italiano lo leía de corrido. Puede afirmarse que tenía disposición natural para el aprendizaje de las lenguas y lo más sorprendente: con la capacidad no solo de leerlas, sino de escribirlas.

Es en el uso de su propia lengua, el español, donde Martí da pruebas de su magisterio. Tiene un manejo admirable del vocabulario. El lo explica así: "No hay por qué invalidar vocablos útiles, ni por qué cejar en la faena de dar palabras nuevas a ideas nuevas".

De ahí que a veces se le pueda tomar por arcaico, otras por neólogo, dentro de la vastísima avenida del idioma se mueve a sus anchas. También ahí revela su apego al idioma.

"Buena lengua nos dio España –expresó-, pero nos parece que no ha de quejarse que se la maltratemos". No gusta y no emplea las expresiones extranjeras, ni los términos que nada tienen que ver con el español. Su prosa y su verso son elegantes, ajustados a la lengua madre.

La cultura colosal de Martí halla en el idioma su modo natural de hacerse pública. Conoce el alcance de las palabras y su significado. Para él, "una palabra innecesaria parece una arruga en el contorno".

Son varias las frases martianas que reflejan su dimensión lingüística: Véase esta: "No hay placer como el de saber de dónde viene cada palabra que se usa y a cuánto alcanza; ni hay nada mejor para agrandar y robustecer la mente que el estudio esmerado y la aplicación oportuna del lenguaje". O esta otra: "La lengua es jinete del pensamiento, y no su caballo".

Original y fecunda es la palabra de José Martí, quien a sus muchos oficios unió, sin proponérselo pero inobjetablemente, su condición de lingüista.