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Beatriz Maggi, una shakespearóloga cubana en el ámbito internacional

Leonardo Depestre Catony, 28 de febrero de 2014

A propósito de su cumpleaños 90

Confieso que voy a escribir este comentario no sin cierta pasión: fui alumno de la doctora Beatriz Maggi casi cuatro décadas atrás. Desconocía entonces su obra, yo era muy joven y aún así su magisterio me estremeció: sin levantar la voz conseguía la atención de un auditorio absorto en sus palabras (¡qué maravilla eran sus clases sobre el teatro isabelino!), alta era su estatura y elevado su saber, se le podía interrumpir, escuchaba las preguntas y fomentaba la discusión, durante los exámenes autorizaba consultar libros y demás materiales docentes: sabía distinguir entre la autenticidad y el calco, tampoco era dura al calificar, su profesión era enseñar.

En cierta ocasión tuve el honor de recibir un elogio de ella, que me llegó de manera indirecta, a través del delegado del aula, pero solo después comprendí el privilegio de haber sido su alumno de Literatura Inglesa. Y saldo ahora una deuda de gratitud que no es tanto con ella, sino con mi conciencia, pues la Maggi —así la nombrábamos— es una de las leyendas más perdurables de la Escuela de Letras de la Universidad de La Habana.

Lo que representó para muchos de nosotros el magisterio de la profesora se resume en estas palabras que la también eximia profesora y ensayista Graziella Pogolotti pronunció en ocasión de conferírsele la Distinción Por la Cultura Nacional:

“Beatriz Maggi ha venido descubriendo en varias generaciones de estudiantes la capacidad de leer la Literatura, de desarrollar una sensibilidad, una inteligencia, y, sobre todo, de pensar, de plantearse problemas. Así los ha educado e instruido para la vida”.

También ha recibido otras distinciones: el Premio Nacional de la Crítica (más de una vez) y la medalla Rafael María de Mendive, que es premio mayor a la excelencia profesoral.

Más allá de estos apuntes tan personales, queda otra Beatriz Maggi, la ensayista, la shakespearóloga cubana cuyo nombre se honra cuando se habla de literatura inglesa y norteamericana en estas tierras hispanohablantes, y posiblemente también en otras que no lo son.

De su fecha de nacimiento —el 27 de febrero de 1924, en el antiguo central Chaparra, de la provincia de Santiago de Cuba— y de su ascendencia venezolana por el padre y española por la madre, he sabido hace poco, por las fichas biográficas que de ella se incluyen en las enciclopedias. Allí leo además que es doctora en Filosofía y Letras (Universidad de La Habana), Máster en Literatura inglesa y norteamericana (Wellesley College, Massachusetts) y doctora en Ciencias Filológicas (Universidad de La Habana).

Ya está retirada, pero enseñó a varias generaciones de estudiantes. Y ahí están sus libros, motivo de estos comentarios, o al menos, lo que lo justifican. He aquí algunos títulos: Panfleto y Literatura (1982), El cambio histórico en William Shakespeare (1985), El pequeño drama de la lectura (1988), La voz de la escritura (1997), publicados todos a través de la Editorial Letras Cubanas; también De la Corte a la taberna, Antología. Selección y prólogo de Fabio Murrieta, publicado en el exterior  (Editorial Aduana Vieja, 2005).

Su producción impresa, observará el lector, no es abundante, lo cual se explica por una cualidad más de la Maggi: la enorme responsabilidad con que asume su trabajo literario, la autoexigencia y el respeto por el ejercicio del conocimiento. 

Así escribe Beatriz Maggi:

“El escritor, como el científico de cualquier rama, como el filósofo, es un hombre que realiza la función de apresar en palabras los contenidos del mundo. En su conciencia se refleja, de una personal manera, el universo en que se halla inmerso, y él confía a las palabras la misión de entregar a sus contemporáneos y a la posteridad esa visión suya”. (En “La palabra y la enseñanza de la Literatura”, El pequeño drama de la lectura, Editorial Letras Cubanas, 1988, p. 187)

Prólogos, introducciones, estudios sobre figuras de la literatura universal, traducciones al español de autores de habla inglesa y desempeños como jurado atestiguan el intenso quehacer  de Beatriz Maggi en la cultura cubana, más allá del ejercicio del magisterio, o mejor dicho, a manera de complemento de este. Súmese su condición de conferencista en centros universitarios de la antigua Europa Oriental  y Norteamérica.

Beatriz Maggi —cuya celebridad me permito enfatizar aquí— es una ilustre representante de la cultura cubana. No de las más llevadas y traídas, aunque sí de las más auténticas. Nuestro humilde saludo y felicitación para ella.