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Opus Habana, contar bien la historia

Fernando Padilla González, 17 de marzo de 2014

A comienzos del pasado año, los amantes de la literatura y la historia recibimos con beneplácito la entrega del Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas al insigne escritor y decano de los historiadores cubanos, César García del Pino, en ceremonia efectuada en la sala Nicolás Guillén de la fortaleza San Carlos de la Cabaña, durante los días de la XXII Feria Internacional del Libro.

En reconocimiento a una vida y trayectoria intelectual consagrada a los estudios del pasado colonial de la Mayor de las Antillas, la revista Opus Habana no quiso pasar por alto la ocasión y acudió al encuentro del cronista galardonado, protagonista de la sección "Entre cubanos",  páginas que la publicación dedica a la entrevista de una personalidad de alta significación para la cultura nacional.

“César García del Pino: entre brújulas, sextantes y bitácoras” da título al trabajo que, en principio, ahonda sobre los saberes atesorados con lucidez en la privilegiada memoria del casi centenario investigador. Las gestas de liberación nacional del decimonónico y los orígenes, desarrollo, esplendor y evolución de las primeras villas fundacionales cubanas, desde una perspectiva de los estudios navales, han sido las principales contribuciones de este arqueólogo e historiador a los anales del patrimonio de Cuba.

El texto trasluce como a sus 92 años, García del Pino se presenta como un noble caballero medieval, de larga y pulcra barba, digna de un sagaz capitán de navío o, acaso, de un sabio anciano escribano de actas capitulares. Confiesa el periodista interlocutor que quizás uno de los mayores placeres de quienes le han conocido ha sido, precisamente, gozar de su prodigiosa memoria, la cual acopia vívidos relatos que parecen salidos de la pluma de Emilio Salgari, pero con la total confianza en el acierto y la veracidad histórica de todo cuanto dice, pensamiento enciclopédico que ni siquiera es perturbado por su longeva existencia o el intenso humo del tabaco que, en alguna ocasión, lo acompañó como bastón de Eneas.

Distinción para sus obras El libro de los escribanos cubanos, Documentos para la historia colonial de Cuba, El corso en Cuba, Toma de La Habana por los ingleses y sus antecedentes, La Habana bajo el reinado de los Austria, Antonio Maceo: la campaña en Pinar del Río y su ideario político, El laborante y otros temas martianos, La Habana a través de los siglos y Corsarios, piratas y Santiago de Cuba, entre muchas otras que dan fe de su consagración al análisis y difusión del acontecer histórico de la Isla.

Tras un breve recuento, la entrevista transita por las motivaciones que inclinaron a este hombre ante el saber, influenciado en el comienzo —a decir del propio García del Pino— por las lecturas de los ejemplares que reposaban en la biblioteca paterna, donde figuraban numerosas obras sobre nuestras guerras de independencia. Las interminables horas lectivas en el patio de la casona de la calle San Lázaro, las visitas junto a su padre a la librería de la calle Belascoaín, esquina a San Rafael, los estudios cursados en el Instituto Cuba, templo al patriotismo y a la memoria del Apóstol, y la impronta de los magister Felipe Pichardo Moya, Carlos García Robioú y René Herrera Fritot sellaron el destino del entonces joven colmado de inquietudes cognoscitivas.

El colofón de la extensa entrevista llega tras la pregunta “¿Pasadas nueve décadas de vida, aun se siente útil?” A lo que César responde: “Nada ha cambiado en ese sentido. En estos momentos me encuentro en plena investigación del proceso histórico asociado a la conquista de Cuba durante el siglo XVI”.

“César García del Pino: entre brújulas, sextantes y bitácoras” es de esos trabajos que bien agradece el lector exigente. Nuestro país es simiente de excelsos escritores que han consolidado su obra a la luz de pasajes memorables de nuestra identidad y de historiadores que, en su ejercicio de investigación, han legado a la historiografía y la cultura cubana obras de alto vuelo literario. Laudable el empeño de Opus Habana por rendir merecido tributo a una figura imprescindible de nuestra intelectualidad.

Primera del año en curso, la presente edición de Opus Habana aborda otros temas de significación patrimonial. En tal sentido, “Dos rostros, estatuas habaneras” desvela como tanto la venerada Alma Mater universitaria, con su inconfundible peinado helénico, o la estatua de la República —al interior del Capitolio—, con su imponente altivez, tuvieron como modelos a sendas jóvenes cubanas, beldades criollas cuyos rostros podemos identificar en la prensa periódica gracias al reconocimiento social que gozaron en su época.

La aun latente huella del primer acueducto habanero es referenciada en el artículo “La Zanja Real, esta agua trajo”, en el que se ilustra como el establecimiento en 1561 del régimen de flotas y la designación de La Habana como su puerto de reunión resultaron determinantes en la construcción de una serie de canales para el abasto del preciado líquido a los habitantes de la villa y la considerable población flotante que en ella se daba cita.

La habitual sección "El artista y la ciudad" en esta oportunidad propone un viaje de tránsito entre la realidad y la fábula pictórica de Juan Moreira, artista surrealista y soñador irrefrenable, quien ha creado un imaginario propio que integra elementos del paisaje, personajes antropomorfos con caracteres sexuales definidos, figuras pulcramente delineadas, formas geométricas y componentes mitológicos.

En tanto, al proyectista integral, Félix Cabarrocas, considerado entre los mejores cultivadores de las corrientes eclécticas historicistas que proliferaron en la arquitectura cubana durante las tres primeras décadas del siglo XX, se dedica un acertado texto que, como valor principal, muestra los matices de una personalidad creativa artífice de obras emblemáticas del paisaje urbano: monumento a las víctimas del Maine, escalinata, pórtico y cúpula del Capitolio Nacional, Palacio de las Cariátides, por solo citar unas pocas.

Necesario —y no otro— es el calificativo que con justeza se le puede atribuir al trabajo “Cultura entre las manos”. El texto revela los aciertos del proyecto de igual nombre en la consolidación y difusión de valores patrimoniales con integrantes de la comunidad sorda cubana, mediante el vínculo del lenguaje de señas y las diferentes iniciativas culturales que se gestan en museos y salas de concierto de la urbe.

El hallazgo del manuscrito conservado en la Biblioteca Histórica de Madrid, Tonadilla a 3 de la Abana. Con violines, oboes y trompas, de autor anónimo y fechada en 1763, es el tema de la reveladora semblanza “La Habana, los ingleses y una tonadilla española”, en la cual se sugiere la hipótesis que esta letra musical, con referencias a la ocupación de La Habana por los británicos, en 1762, pudiera ser la primera composición española de tema cubano.

Cierra las páginas de Opus Habana la acostumbrada crónica costumbrista de Emilio Roig de Leuchsenring. En esta edición, se ha seleccionado “La plaga de marqueses y condeses”, la cual destaca por el uso de un fino humor y una aserrada crítica a un sector de la sociedad cubana de inicios del siglo XX.