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A la espera del día

Antonio López Sánchez, 19 de marzo de 2014

La mezcla entre realidades y ficciones no es nada nuevo en el ámbito de las creaciones artísticas de cualquier manifestación. Recrear un hecho, o alguno de sus detalles, o sencillamente deslizar ficciones, personajes, actitudes, mensajes, sendas posibles ubicadas detrás de, o sobre, las sendas reales, se ofrece como una rica cantera de la cual se nutren los artistas. Por estos días, por solo citar un par de ejemplos, la televisión cubana ofrece una excelente recreación del suceso real de una importante expedición mambisa, la de Duaba. O el muy seguido escritor Leonardo Padura recrea, a través de las páginas de su novela El hombre que amaba a los perros, una plural mezcla de hechos reales y ficticios, en su mirada a los muchos caminos que conducen o parten del asesinato político de León Trotsky.  

En esos predios, los de la recreación, los de la mixtura entre realidades e imaginerías posibles, se mueve también la novela que ahora  reseñamos. Desde la colección Alba Bicentenario, de la casa Editorial Arte y Literatura, se ofrece Mientras llega el día, una obra del escritor ecuatoriano Juan Valdano.   

Ambientada en la ciudad de Quito, la novela rememora los candentes días de finales de la primera década del siglo XIX. El grito quiteño de la independencia americana, sus preludios, sus intersticios, es el eje sobre el que gira esta historia. Un retrato de un importante fragmento de las luchas anticolonialistas y de la formación como nación del Ecuador.     

Muchas semejanzas se podrán descubrir en los sucesos narrados en este libro, con nuestras propias historias de lucha frente a la colonia española, y más, con la larga y accidentada historia de nuestra América: desde los intereses explotadores, representados por lejanos reyes y sus personeros reaccionarios foráneos y hasta nacionales, siempre dueños de la pólvora y la muerte para reprimir el más intento de desobediencia, pasando por la supresión del pensamiento autóctono, la siega de cualquier retoño del intelecto criollo, siempre ávido de mayores horizontes para las tierras que los han visto nacer y que conduzcan a la búsqueda de las más elementales libertades, hasta tocar también tópicos menos generales, en actos y personas, quizás menos trascendentes, como los retratos de personajes que representan las muchas caras de una sociedad. Hilos sueltos, sí, pero cuyas acciones individuales, y sus influencias, develan y hasta conducen muchas veces a tejer los devenires colectivos.  

Algunos episodios sonarán no solo semejantes, sino hasta actuales, a pesar de las distancias temporales donde la novela se desenvuelve. Los desmanes de una soldadesca capaz de arremeter y saquear sin piedad. La caza y represión a los masones, una de las sólidas fuentes del pensamiento independista en nuestro continente. Y, por suerte, el amor, la fe en llevar a cabo proyectos sociales que conduzcan al mejoramiento humano, al goce de la libertad.  

Su autor, Juan Valdano, posee como creador una obra vasta y diversa. El ensayo histórico, la crítica, la novela y el cuento, han sido de los predios que ha recorrido con su obra. Con Mientras llega el día, el lector cubano hallará una novela disfrutable, fluida, y que sale airosa del trance de reseñar, entre hechos ciertos y algunos personajes verídicos, el sabor y la imagen de una época crucial en la historia ecuatoriana.   

En los lapsos actuales de una América, precisada de unidades y refundaciones, en tiempos donde, como diría José Martí, tiene mucho por hacer todavía el grande Simón Bolívar, una novela como esta resulta un positivo recordatorio. Un saber de dónde venimos, para mejor determinar los rumbos a donde debe intentarse llegar. Una mirada a sabernos más por dentro, a compartir  y aprender de lo mucho en común de nuestros pueblos.  

Una frase de Alejo Carpentier, hija de sus habituales reflexiones sobre nuestra literatura americana y de su sitio y misión social en el continente, podría ser en buena media un reflejo de los frutos que entrega esta novela. “Hoy conocemos los nombres de las cosas, las formas de las cosas, las texturas de las cosas nuestras; sabemos dónde están nuestros enemigos internos y externos; nos hemos forjado un lenguaje apto para expresar nuestras realidades, y el acontecimiento que nos venga al encuentro hallará en nosotros, novelistas de América Latina, los testigos, cronistas e intérpretes de nuestra gran realidad latinoamericana”. 

Así pues, recorramos el preludio del alba que nos ofrece esta novela. A pesar del amanecer todavía violento que presagian sus escrituras memoriosas, un logrado sol de buena lectura y de saberes comunes, deberá alumbrar sobre el cielo de la página, al terminar la lectura. O cuando, por fin, el día se abra paso. 

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