Apariencias |
  en  
Hoy es martes, 17 de octubre de 2017; 9:24 AM | Actualizado: 16 de octubre de 2017
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta sección: 302 | ver otros artículos en esta sección »
Página

Las historias del rey Tuck, de Lorelei Rebull León

Alina Iglesias Regueyra, 26 de marzo de 2014

Normalmente los cubanos, y los caribeños en general, percibimos como muy lejanas las culturas nórdicas y su particular pensamiento mágico-religioso. Las walkirias, los trolls, los elfos y toda suerte de seres fantásticos procedentes de los pueblos escandinavos, eslavos, germanos, celtas y galos —entre otros—, nos parecen increíblemente fantasiosos, extraños a nuestro modo de asumir la existencia, como si en nuestro imaginario colectivo no existieran güijes, fantasmas, espíritus y apariciones como protagonistas de nuestros respectivos cuerpos mitológicos.

Por eso nos sorprendió mucho cuando en el año 2008 la Editorial Gente Nueva, dentro de su colección Escolar, publicó Las historias del rey Tuck, cuyo protagonista es un soberano de los trolls, quien posee el don de transformarse en objetos de la naturaleza, como rocas, troncos de árboles, cuevas, y vive siglos enteros como si fueran días.

La obra, de la autora matancera Lorelei Rebull León, está dividida en diez capítulos que constituyen cuentos diferentes, cada cual más interesante, basados en mitos locales de Noruega. Una introducción nos ofrece un bosquejo acerca de la historia de los pueblos vikingos, mientras que el siguiente capítulo y el epílogo desarrollan, respectivamente, el encuentro y la separación de una joven —que no es otra que la escritora en cuestión— y el supuesto rey troll nórdico, quien narra el resto de las historias.

“Las siete hermanas” presenta la conversión en cascadas, por el monarca de los trolls, de siete vanidosas princesas y de su único e infructuoso pretendiente, un pobre pescador, a quien el rey padre condena por sospecha del secuestro de sus hijas. “Las tres espadas” cuenta cómo los trolls vencieron a tres temibles gigantes que asolaban sus bosques mediante hechizos y conjuros, transformándolos en pinturas rupestres.

“Olav el Santo” se refiere a un rey de origen vikingo convertido al cristianismo en la ciudad de Ruán, uno de los pocos santos de procedencia nórdica cuyo culto es aceptado por la Iglesia católica —actualmente es considerado patrono nacional de este país—. La historia relata el amor de este soberano noruego por una joven igualmente transformada por los trolls.

“El frailecillo de Alesund” ofrece la leyenda de este pajarito, originada en la cacería que en la Edad Media realizaban los monjes contra los duendes del bosque, mediante tambores y cencerros que no los dejaban descansar en el silencio de las noches. La venganza fue un hechizo que los dejó transformados en estas aves de pecho blanco, plumas negras, “pico muy rojo por tomar tanto vino, y unos ojitos curiosos y asustados”.

“El más impetuoso del mundo” narra la creación del Maelstrom por los trolls, ante la insistencia de los pescadores en matar ballenas a capricho. Este es un muy conocido embudo de agua, referido en muchos otros textos literarios, que se forma entre las islas Sorland y Vaeroy, del archipiélago noruego de las Lofoten en la provincia de Nordland. El cuento tiene un trasfondo ecologista, coincidente con la esencia de los mitos ancestrales, arraigados en las fuerzas de la naturaleza.

“El país de la luz” es una leyenda de amor entre un joven que quedó, muy a su gusto, convertido en una enorme roca frente a su amada, transformada por el hechicero de la tribu en aurora boreal. En esta historia, la autora, por boca del troll, reflexiona sobre el impacto de este sentimiento en los amantes jóvenes y sus consecuencias. “Ese olor a primavera” transcurre igualmente en el año 1300, en las tierras de Akershus, condado noruego fronterizo con Suecia, donde un joven monarca queda prendado de la ninfa Heidi y se retira absorto a un castillo para vivir recordándola por siempre.

Como leyendas, poseen un valor histórico indudable, y como fábulas, una enseñanza lógica. Sus móviles son emociones humanas tan variadas como la venganza, el amor, la ilusión, la envidia o el odio, y resultan tan amenas como cualquier patakín leído o escuchado en boca de nuestros mayores.

La edición de Las historias del rey Tuck es de Suntyan Irigoyen. La cubierta y las  ilustraciones interiores pertenecen a Renier Riera Rebull, quien con trazos abigarrados y efectivos claroscuros, siluetea las figuras. Loreley Rebull León, quien dirige el taller de narración “País de Libros” en su natal Matanzas, ha publicado, entre otros títulos, Alba y el número mágico, La pandilla del capitán Chícharo, Cuatro Esquinas y El drago del abuelo.

Celebramos a Gente Nueva y a esta autora, que abogan por el conocimiento de la cultura de otros pueblos, tan llena de fantasía como la nuestra.