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Plácido, o la muerte absurda de un poeta peinetero

Leonardo Depestre Catony, 31 de marzo de 2014

En el aniversario 205 de su natalicio


Si se echa un vistazo a la biografía de Gabriel de la Concepción Valdés, conocido por Plácido, se hallará material suficiente para escribir un libro o, si lo prefiere, el guión de una película... aunque tanto lo uno como lo otro ya existen.

El personaje, nacido el 18 de marzo de 1809, e hijo de una bailarina burgalesa y de un mestizo peluquero, fue el resultado de amores trasnochados. La madre lo depositó a los pocos días de nacido en la Casa de Beneficencia y Maternidad, de donde el padre lo extrajo al cabo de algunos meses.

Plácido no tuvo escuela hasta los 10 años  y en adelante, solo de manera esporádica, pese a ser aceptado en la escuela de pobres del Colegio de Belén. No por ello sepultó su talento ni amenguó su empeño, que halló temprano curso, pues a los 12 años compuso su primer soneto.

Mientras el padre moría pobre en México, Plácido probaba en diversos oficios: la tipografía e impresión en el taller de José Severino Boloña, muy prestigiado por entonces (y aún); mas como no bastaba para vivir lo que allí ganaba, cambió hacia la más rentable fabricación de peinetas.

Luego mudó hacia Matanzas, donde pasó cinco años, válidos para afianzar su condición de poeta.  Sabido es que el santiaguero José María Heredia, cantor del Niágara, visitó a Plácido en su taller. Conmovido ante la pobreza del vate peinetero le propuso un viaje a México, que el propio Heredia costearía y que Plácido declinó mediante corteses pretextos.Inspiración nunca le faltó:

Adiós, callado y memorable río,
cual mística sirena entra en el río
recitando el humilde canto mío,
de tus ondas al dulce murmurar.
El almo Dios consérvelas serenas,
y de los siglos vuélvate hasta el fin,
tus góndolas, tus palmas, tus arenas,
y tus conchas de nácar y carmín.
(“Al Yumurí”, fragmento de Poesías escogidas, edición de 1977)

Como colaborador de la prensa, publicó a veces poemas laudatorios, aunque ni así gozó de la confianza de las autoridades colonialistas. El poeta mulato casado y vuelto a casar, siempre estaba dando de qué hablar por su actividad social. Más de una vez lo aprehendieron, retuvieron y liberaron por falta de pruebas que justificaran una condena por conspiración.

Pero tanto va el cántaro a la fuente... que fue detenido el 30 de enero de 1844, supuestamente implicado en la llamada conspiración o proceso de La Escalera.

Veamos los hechos. A finales de 1843 se produjeron en la provincia de Matanzas alzamientos de esclavos, hubo incendios de cañaverales y ataques a ingenios. La represión fue brutal por las autoridades: 14 esclavos ejecutados y otros 100 azotados hasta el desfallecimiento.

En enero de 1844, el capitán general Leopoldo O' Donnell comenzó a recibir informes acerca de supuestas nuevas conspiraciones abolicionistas. Creyó necesario un escarmiento y nada mejor para ello que orquestar un proceso, nutrido con declaraciones falsas y muchos implicados de entre los negros y mulatos de cierto destaque en la sociedad matancera.

"No se puede comprender por qué involucraron a Plácido en el proceso de La Escalera —apunta Renée Méndez Capote— y le dieron nada menos que el rango de jefe del movimiento. Plácido era un individuo tranquilo, de oficio peinetero y de vocación poeta, más inclinado a la raza de su madre, española de Burgos, que a la de su padre".

Nunca se le probó culpabilidad alguna, aunque se le fusiló junto a otros 10 pardos de "reconocida solvencia moral, gente de orden y trabajo" cual afirma la cubanita que nació con el siglo. Así, de manera absurda, el 28 de junio de 1844 fue privado de la vida en Matanzas, la ciudad desde donde se extendió al país su fama de versificador.

Muerte ilógica por demás, que acrecienta su nombradía y lo convierte en leyenda... si bien a un precio demasiado alto.