Fernando Ortiz, o el triunfo de los buenos
Con su vida, Fernando Ortiz fue y es insuperable ejemplo de trabajo intelectual consagrado a la tierra en que nació, amén de paradigma de pelea constante contra los falsos conceptos discriminatorios y sus exponentes, embozados o no. Humano y humanista, cordial y sencillo, y por encima de todo sabio, sobre este cubano ilustre Rubén Martínez Villena comentó:
"Mañana cuando triunfen los buenos (los buenos son los que ganan a la larga); cuando se aclare el horizonte lóbrego y se aviente el polvo de los ídolos falsos; cuando rueden al olvido piadoso los hombres que usaron máscara intelectual o patriótica y eran por dentro lodo y aserrín, la figura de Fernando Ortiz con toda la solidez de su talento y su carácter quedará en pie sobre los viejos escombros y será escogida por la juventud reconstructora para servir como uno de los pilares sobre los que se asiente la nueva República".
Apenas al año de nacer en La Habana el 16 de julio de 1881, y de la mano de su madre cubana, zarpó hacia Menorca el pequeño Fernando. Concluido el bachillerato regresa a Cuba a los 14 años: "Volví a mi patria, expresó, y vi que esta era tan hermosa y digna como me lo había enseñado mi madre; y porque yo la quería aún antes de conocerla, me fue fácil seguirla queriendo y sufrir sus penas en aquellos cruentos años de la reconcentración weyleriana y de la guerra por alcanzar su estrella”.
Concluyó estudios de licenciado en Derecho en Barcelona (1900), y de doctor en Derecho Civil en Madrid (1901). Se interesó en la criminalística y estudió al lado de los profesores César Lombroso y Enrique Ferri, publicando en Turín (1905) La criminalitá dei negri en Cuba. En ocasión de aparecer su Proyecto de Código Criminal Cubano, en 1926, el doctor Ferri le escribió: "Si su patria acepta como ley el referido proyecto, Cuba se pondrá a la vanguardia de todos los países civilizados en las reformas de justicia penal”.
Indagó en otras muchas disciplinas: la antropología, la etnología, el folclore, la lexicografía, la historia, la política... Creó revistas e instituciones y su firma aparece estampada en cuanto documento o proclama denunciadora de la discriminación racial o del imperialismo se gestó. Integró el Grupo Minorista y no es casual que en su bufete de la calle Empedrado de La Habana Vieja empleara como secretarios a Rubén Martínez Villena y Pablo de la Torriente.
De inconmensurable puede catalogarse el patrimonio escrito de don Fernando Ortiz. Amén de su Contrapunteo cubano del azúcar y el tabaco (1940), a él se deben, entre muchas otras, Hampa afrocubana, Los negros brujos, Los negros curros, Preludios étnicos de la música cubana, Historia de una pelea cubana contra los demonios, Los instrumentos de la música afrocubana (cinco tomos), Los bailes y el teatro de los negros en Cuba y Catauro de cubanismos.
A él se debe, asimismo, el acuñamiento del término transculturación —hoy generalizado—y que explicó así:
"Entendemos que el vocablo transculturación expresa mejor las diferentes fases del proceso transitivo de una cultura a otra, porque éste no consiste solamente en adquirir una nueva y distinta cultura, que es lo en rigor indicado por la voz inglesa acculturation (...) en todo abrazo de culturas sucede lo que en la cópula genética de los individuos: la criatura siempre tiene algo de ambos progenitores, pero también siempre es distinta de cada uno de los dos. En conjunto, el proceso es una transculturación, y este vocablo comprende todas las fases de su parábola”.
Hombre fundamental en la cultura cubana del siglo XX, a su deceso, el 10 de abril de 1969, hace ahora 45 años, Juan Marinello lo calificó así: "Tan ancha y honda fue la tarea de don Fernando que puede cargar, sin pandearse, el título altísimo de tercer descubridor de Cuba, en comprometida secuencia con el genovés temerario y Humboldt, el sabio”.