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Félix Soloni y “La Vieja Habana” tras bambalinas

Leonardo Depestre Catony, 15 de abril de 2014

Observa el periodista Ciro Bianchi que “pese a ser de los más recientes, Félix Soloni es de nuestros costumbristas menos recordados”. Pero “la mala suerte de Soloni” no termina ahí: mientras que de Eduardo Robreño, de Eladio Secades y de Emilio Roig de Leuchsenring se han publicado recopilaciones de sus crónicas, el turno de Soloni parece no llegar nunca —ni tampoco el de Víctor Muñoz.1

Quien escribe esta sección guarda como un tesoro una treintena de recortes de prensa de la columna “La Vieja Habana” que Soloni escribió desde 1961 para el diario El Mundo hasta 1968, año en que el autor murió.

Por curiosidad relacionamos sus títulos, que en buena medida estimulan por sí solos la curiosidad y el interés: ”El entierro del gorrión”, “Cómo llegó El soldado a Cuba”, “El Edén de los novios”, “El Valbanera”, “Yarini”, “Chez Inés”, “Amalia Batista”, “Rita de Cuba”, “Urbano el fakir”, “El catcher bailarín”, “Pan con timba”, “Santos y Artigas”, “La quinta del Rey”, “El ángel rebelde”, “Carricaburu”, “Las esmeraldas de Luis Felipe”, “Las Yaguas”, “Los timbales de Alhambra”, “La Gatita Blanca, “Los Politeamas”, “María Calvo, de Guanajay”, “El poeta suicida”, “Potaje”, “El conde Koma”, “El tranvía del Presidente”, “Tiny Griffin, la gorda”, “El chivo”, “Lutoff”, “¡No tan cerca!”, “El frac de Gilberto”, “El último tranvía”, “El bizco de La Diana”, entre otros.

Este pasaje, por ejemplo, nos da la explicación de una frase:

Del 11 al 14 de julio de 1910 se discutió en el Senado la ley del cambio del Arsenal de Villanueva, y en las actas de las sesiones consta que el venerable  Salvador Cisneros Betancourt se opuso enérgicamente y dijo que eso era ‘cambiar la vaca por la chiva’. La frase la captaron los caricaturistas de La Política Cómica y saltó berreante la figura del chivo como símbolo del negocio sucio.
(En “El chivo”)

Estilos y épocas aparte, el tratamiento ameno de la historia a través de breves postales o viñetas en que la crónica, las memorias, los recuerdos y hasta las habladurías tienen su espacio, ha probado ser una de las maneras más eficaces para acercar al lector a ciertos retazos del pasado histórico.

Félix Soloni en modo alguno fue un escritor humorista —varias de sus estampas revelan situaciones sociales bien dramáticas—, pero sí un escritor que recogió costumbres, hechos,  momentos, con una prosa amena, con un guiño de humor, como quien busca y consigue captar la preferencia de quien lo lee, en esa intimidad cómplice que invita a esperar ansioso cada nueva entrega de la columna periodística.

En este otro fragmento, sorprende Soloni adentrándose en el carácter y la filosofía del humilde limpiabotas:

Los limpiabotas son gente de imaginación, pruébalo si no aquel lema que uno de ellos, Pogolotti, puso sobre su sillón de la Esquina del Pecado, parodiando a la Real Academia de la Lengua: "Fija, limpia y da esplendor".
(En “El tranvía del Presidente”)

Periodista, escritor, traductor, Soloni vivió 68 años. Colaboró en numerosos periódicos y revistas, y publicó las novelas que él denominó criollas: Mersé, en 1926, y Virulilla, en 1927; también el cuaderno Zumo de vida, en el mismo año. Entre 1942 y 1959, cuando regresó a Cuba, fue corresponsal en New York del diario El País y trabajó en el departamento latino de la Internacional News Service.

Aun cuando parezca tener visos surrealistas, la historia del entierro del gorrión, símbolo de la España colonial, tuvo lugar en Cuba. Todo ocurrió por la caída, ya muerto, de un gorrión de uno de los árboles frente al Palacio del Capitán General en La Habana. Tomado como un mal presagio, el pajarillo fue objeto de un suntuoso entierro y su cadáver colocado en un sarcófago. Mas no fue todo, y es ahora cuando Félix Soloni pone la nota graciosa de lo que sucedió al día siguiente:

En Guanabacoa, al comerse un gato a otro gorrión, fue preso el gato, juzgado y condenado a muerte. Pero no llegaron a ejecutar al gato porque apareció el dueño, que era un catalán, ¡y logró una revisión del proceso!
(En “El entierro del gorrión”)

Complementó su labor profesional con el trabajo de traducción del inglés al español de más de 300 obras, muchas de ellas para la Editora Nacional de Cuba y el Instituto del Libro.

He aquí otra expresión del refranero popular que el costumbrista cuenta a los lectores. Su génesis se remonta a diciembre de 1934, cuando es contratada para presentarse en los teatros Prado y Campoamor, en La Habana, la cantante Tiny Griffin, con un peso corporal superior a las 500 libras. Su representante, paradójicamente, era bien delgado y lo apodaban El Flaco:

Fue una bendición caída del cielo para los caricaturistas e inventores de chistes, sobre todo cuando la veían entrar con El Flaco Roberto al Hotel Bristol, donde residía.
Y se hizo casi una profecía el juego de palabras con alusiones políticas de que “se iba a armar la gorda”.
(En “Tiny Griffin, La Gorda”)

Escritor poco recordado, buscador de temas donde ejercitar la memoria y periodista muy activo, Félix Soloni redactó las estampas suficientes para llevar al muy criollo libro que nunca se ha publicado y que seguramente el lector de hoy recibiría con agrado.

1
La información más socorrida es la que da el Diccionario de Literatura Cubana en su tomo 2, de 1984