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Cinco revistas que impulsaron el desarrollo del pensamiento cubano (1831-1959).

Ángel Herrera Oviedo, 06 de mayo de 2014

[…] las revistas hacen esencia de pensamiento. 
                                                 José Martí

 
Las publicaciones periódicas literarias en nuestro país ilustran una de las más firmes, sabias, renovadoras y audaces conductas de la intelectualidad cubana, teñida de fuertes sentimientos y proyecciones nacionalistas y antiimperialistas desde la República.

La Revista Bimestre Cubana es una de las publicaciones periódicas de más larga vida en nuestro país. Fundada en 1831 por José Antonio Saco,  su primer director, es dirigida posteriormente por Fernando Ortiz y Ramiro Guerra, este último en plena dictadura de Gerardo Machado.

Mediante la Revista Bimestre Cubana Fernando Ortiz cumplió el objetivo fundamental de la Sociedad Económica de Amigos del País, al dar a conocer en sus páginas los juicios originales de las obras científicas y literarias de la época. En ella aparecen también,  artículos diversos sobre estudios etnográficos, lingüísticos, discursos políticos, trabajos sobre artes plásticas,  entre otros, lo que demuestra su amplio espectro cultural.

Social es otra de las publicaciones que dio a la luz en 1916 bajo la dirección de Conrado W. Massaguer, considerado uno de los padres de la caricatura cubana, quien luego devino minorista1.  Desde sus inicios, el humor y, especialmente la crítica satírica, tuvieron un lugar de lujo dentro de esta. […] En el caso de Social, el más lejano antecedente habría que buscarlo en la llamada “prensa periódica amena”, cuyo boom desde finales de la década del treinta del siglo XIX cubano, a imagen y semejanza de lo que ocurría en las revistas y periódicos de Europa y Norteamérica, dio en caracterizarlas como de “recreo” o del “bello sexo” 2.

Pero en la década del veinte del siglo XX, con la llegada de Emilio Roig, al consejo de redacción y luego como director literario, Social muestra ya cambios significativos avalados por notables colaboraciones referentes a los diferentes campos de creación (literatura, música, artes visuales) entre las que se destacan las de Rafael Alberti, Miguel Ángel Asturias, Rafael Blanco, Federico García Lorca,  Jorge Mañach, Alejo Carpentier, y ya para 1926, irrumpen con fuerza José Carlos Mariátegui, Magda Portal y Serafín Delmar.

Esta fue una época donde la cultura cubana experimenta una peculiar situación a la que Juan Marinello denominó “década  crítica” (1920-1930), signada por  un cambio de las pautas culturales dominantes y es donde la defensa de la cultura toma una matiz diferente y privilegiado desde la conservación de las tradiciones criollas y artísticas. Sobre este particular, Marinello  refiere  que “sus gérmenes formadores  poseen raíces muy profundas, de las que suben las grandes floraciones que hemos contemplado después. No es casual que en estos diez años —ni antes ni después— hayan ocurrido hechos como estos: La Revista de Avance, Venezuela Libre, América Libre y la radicalización de Social. Añádase la aparición, en esta lapso de tiempo, del primer Manifiesto Antimperialista”3.

Emilio Roig de Leuchsenring,  figura prominente de la cultura cubana de esta etapa, divulgó a través de Social lo más connotado  del pensamiento y el arte cubanos lo que hoy es un privilegio para la cultura latinoamericana en general, como bien supo resumir Carlos Rafael Rodríguez: “(…) solo alguien con su vocación y su sentido de adoctrinamiento popular pudo haber concebido utilizar a la revista Social, órgano dirigido al solaz esparcimiento de la burguesía criolla de vehículo, para dar a conocer en nuestro país a figuras como José Mariategui y aún más convertir a la revista Carteles, poseída y regida por propietarios conservadores, en un ámbito de propaganda democrático-popular, antifascista y progresista. Roig de Leuchsenring organizó un sistema de publicaciones dirigido a renovar toda la interpretación y la temática de la historia cubana4.

Las reflexiones sobre el arte nuevo o el vanguardismo atañen tanto a la literatura como al resto de la creación artística. El núcleo desgajado del Grupo Minorista, dio vida a la Revista de Avance en 1927, un sólido exponente de las relaciones entre literatura y artes plásticas. Entre sus fundadores se encuentran: Juan Marinello, Jorge Mañach, Francisco Ichaso, Félix Lizaso, y Martín Casanovas, y como colaboradores: Regino Pedroso, Carlos Loveira, Raúl Roa, Fernando Ortiz, Ramiro Guerra, por solo citar algunos.

No podía ser la Revista de Avance, como lo fueron otras de su tiempo,  desentendida de la realidad. En muchas ocasiones la posición editorial  de la revista fue correcta y oportuna así como cuando defendió la libertad de Puerto Rico y atacó a la Enmienda Platt y al fascismo. Los editores de Social llamaron a los de la Revista de Avance, “Minoristas, estimados amigos y colaboradores” y ya en el segundo número de la novísima publicación, se hará saber que Carpentier “se ve delicadamente obligado, por su vinculación con otra revista (Carteles), a declinar sus responsabilidades en la edición de 1927”5. Avances cesó su publicación en 1930, debido a la represión machadista y a las definiciones políticas y sociales que imponía aquel momento.

En 1944 se agruparon alrededor de José Lezama Lima y la “aventura sigilosa”, que fue Orígenes (grupo y revista) en aquel momento,  jóvenes como: Cintio Vitier, Fina García Marruz, Eliseo Diego, Gastón Baquero, Octavio Smith, Virgilio Piñera  y el padre Ángel Gaztelu, un poeta místico.  Sobre el significado de su denominación fueron varios los criterios. “(…) Orígenes.... mucho se ha especulado sobre el significado de ese nombre, pero puedo asegurar a los incrédulos que no guarda relación alguna con el filósofo de Alejandría, aunque me place pensar que la invocaciones de un hombre que pecó en muchas ocasiones de heterodoxo no estaba reñida con nuestras intenciones.6

El grupo Orígenes emprendió una tarea siempre presente e inconclusa: definir lo cubano. Pese a las individualidades, primó una innegable coherencia grupal  por captar lo nacional y por tratar de caracterizar la cubanidad.

La catolicidad del grupo de poetas origenistas no fue muy fiel al magisterio de la Iglesia y a su tradición. En este sentido, no fue muy ortodoxa7. La presencia de dos españoles dentro de Orígenes: Juan Ramón Jiménez y María Zambrano, fue de gran valía para el grupo y particularmente la de ella,   por su relación con Lezama.

La propia filósofa, al reflexionar sobre el inicio de  sus relaciones con el grupo, confiesa:  “Los diez poetas del grupo Orígenes de Lezama y su revista, en cuya fundación yo tuve parte anónima, me fueron presentados. Me pidieron ayuda para que su labor tuviera el reconocimiento que merecía. Les prometí que así lo haría en mis colaboraciones en revistas de prestigio de América y de Europa. Uno de los diez, Cintio Vitier, me respondió: “No, María, nosotros somos de aquí, queremos ser reconocidos aquí”. Le di entonces mi primer artículo para Orígenes. Este “ser de aquí” resonó en mí avasalladoramente, este “aquí” era el lugar universal que yo había presentido y sentido en la presencia de José Lezama Lima, quien nunca había querido exiliarse.  Él era de La Habana como Santo Tomás lo era de Aquino y Sócrates de Atenas.  El creyó en su ciudad” 8.

Los integrantes del grupo poseían una alta calidad poética y complejización del lenguaje, profunda espiritualidad y una marcada  preocupación por el  conocimiento de forma general.

Ya con el triunfo revolucionario comenzó a salir el 23 de marzo de 1959, el primer número de Lunes de Revolución que terminó su vida el 6 de noviembre de 1961. Buena parte de su directiva provenía de dos revistas anteriores: Nuestro Tiempo y Ciclón. Sus principales colaboradores fueron los entonces jóvenes escritores Guillermo Cabrera Infante (director), Pablo Armando Fernández (Subdirector), Roberto Fernández Retamar, Fayad Jamís, José A. Baragaño, Rolando Escardó, Ambrosio Fornet, César López, Lisandro Otero, Calvert Casey, Virgilio Piñera, entre otros.

“Lunes fue la primera publicación que logró atraer a colaboradores con distintas inclinaciones ideológicas —incluyendo a ciertos oportunistas— y abarcar muchos temas culturales”9. Para los jóvenes escritores, Lunes de Revolución significó un medio para estar al tanto de las corrientes artísticas más novedosas de la época. A los intelectuales con una obra publicada les sirvió de vía para poner en práctica nuevos proyectos como las Ediciones ERRE (R) creados por Virgilio Piñera.

Muchas han sido las opiniones que esta revista ha suscitado, entre ellos el de  artistas como Jorge Bermúdez quien caracteriza en síntesis su parecer al respecto: “Lunes... es deudor de un legado que viene —me atrevo a  asegurar— desde finales de la colonia cuando se fundan dos magníficas revistas: El Fígaro y La Habana Elegante, y que tiene su continuidad en el período republicano con Bohemia, Gráfico, Carteles y Social —a mi entender esta última es la revista de mejor despliegue gráfico de Cuba en el pasado siglo—, así como una gráfica vinculada a los medios publicitarios en los cincuenta.”10

Del anterior comentario se desprende que Lunes de Revolución, a pesar de su corto tiempo de publicación se caracterizó por poseer un diseño gráfico (de portada e Ilustración interior) de alta calidad, cual fiel continuador de las revistas cubanas que le antecedieron, contando dentro de sus filas a reconocidos plásticos como Raúl Martínez, Antonia Eiriz, Mariano Rodríguez y caricaturas de René de la Nuez que ayudaron a que Lunes… revolucionara la gráfica cubana.

Este pequeño esbozo representa un primer acercamiento a cinco de las revistas literarias más destacadas dentro de las publicaciones períodicas de la República, y aunque cada una guarda celosamente su propia leyenda, en su conjunto son reveladoras de un espíritu de época y atesoran un gran patrimonio cultural.

NOTAS:

1 Se refiere al Grupo Minorista que nació el 18 de marzo de 1923, formado por un reducido número de intelectuales jóvenes de izquierda que se pronunciaron desde el primer momento contra los falsos valores y por una radical y completa renovación formal e ideológica en las letras y artes, pero por encima de ellas, se interesaban por los problemas políticos y sociales de Cuba, de América y de la humanidad.

2 Jorge R. Bermúdez: República y Vanguardia,  Ediciones La memoria,  Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2011, p. 76.

3 Recopilación de textos sobre Juan Marinello, Casa de las Américas, La Habana, 1979, p. 31.

4 Carlos Rafael Rodríguez: “Emilio Roig de Leuchsenring”, en Letra con filo, Editorial de Ciencias Sociales, T. III

5 Jorge R. Bermúdez: República y Vanguardia, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2011, p. 174.

6 José Rodríguez Feo: Mi correspondencia con Lezama Lima, Ed. Unión, La Habana, 2007, pp. 22-23.

7 Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal: “¿Catolicismo heterodoxo?, en Vivarium, no. 2, febrero, 1991, pp. 69-74.

8 Alessandra Riccio: “El secreto de Cuba en Juan Ramón Jiménez y María Zambrano en Opus Habana vol. V, No. 1 2001, p. 14.

9 Héctor Villaverde: Testimonio del diseño gráfico cubano 1959-1974, Ediciones La memoria, Colección Majadahonda, 2013, p. 72.

10 Texto de la presentación gráfica de Jorge Bermúdez: Testimonios del Diseño gráfico cubano 1959-1974.