Senel Paz: la amistad, el sexo y el amor, pero también una sonrisa
Senel Paz podrá escribir cuantos libros quiera y hacerlo magistralmente, pero será siempre recordado por su relato El lobo, el bosque y el hombre nuevo, con el cual ganó el Premio Internacional de Cuentos Juan Rulfo 1990, y además, por ser guionista de la película Fresa y chocolate, basada en el citado relato, que dirigida por Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío fue nominada al Premio Oscar como mejor película extranjera, y aún hoy se disfruta con el encanto del primer día. Con ese cuento y ese guión cinematográfico Senel tocó las puertas del firmamento.
... Pero, ¿quién lo diría?, no quedó ahí, y después entraría en él a paso seguro con su novela En el cielo con diamantes, publicada en 2007. El pensamiento y la vida de David, adolescente campesino, tímido y talentoso, incorporado al sistema de becas en La Habana, su aceptación dentro del nuevo grupo y la interrelación dentro de un contexto que lo presiona a seguir ciertos patrones de comportamiento acordes con el momento, su sexo y lo que de él se espera, conforman un cuadro interior en que la memoria y el recuerdo, así como el presente y el futuro, se revelan con tal naturalidad que los ojos se aferran a la página impresa.
Por supuesto que En el cielo con diamantes no es un libro de humor, como tampoco una novela erótica. Pero de lo uno y de lo otro tiene mucho. La condición de guionista fílmico del autor conduce la narración por los senderos de la cinematografía: el movimiento, la amenidad y la reflexión se integran a la trama. Argumento y lenguaje consiguen el complemento:
Oye, si eres del campo, dijeron, seguro te gustan las chivas. David empezó a bizquear y respondió que no señor, que de ninguna manera. Entonces las yeguas. No, ningún animal, eso es una infamia; si un hombre tiene tratos con un animal será condenado a muerte y también se sacrificará al animal, dice la Biblia. Los socios me miraron: ¿a qué clase de mequetrefe habíamos salvado? Yo me apresuré a aclarar que no a todo el mundo le gusta lo mismo.
Como el lector no siempre acepta de buen grado la dureza de ciertas imágenes, obviamos algunos pasajes estruendosamente graciosos aunque plenos en vocabulario para mayores de 16 años, mas no hemos querido privarle de este, donde un cierto tono de ingenuidad confiere al relato la dosis exacta de picaresca:
Según Isabel, yo padecía de melancolía, y la melancolía, en un varón criado lejos de su padre, es muy peligrosa (...) Mamá se asustó, y una tarde, siguiendo las instrucciones de la amiga, me llamó al cuarto y me ordenó que me bajara los pantalones. Ahora échese eso para atrás. Enseguida dio media vuelta y salió de la habitación un poco sofocada. Poco después la escuché comentando con Isabel que yo, desnudo, era normal e igualito a mi padre; que incluso tenía, como aquel, un lunar en medio de la pirinola, y que como a él, me miraba hacia la izquierda. ¡Cosas más grandes tiene la naturaleza!, comentó Isabel, un padre y un hijo que apenas se han visto y hasta en el rabo se parecen.
El tratamiento de la humanidad interior del individuo, sus razonamientos y temores, también sus anhelos, confieren a la novela de Senel Paz riqueza psicológica y el valor del documento que recrea el pasado con aliento zumbón. Ya camino de La Habana, “aquella guagua se estremeció como un animal prehistórico, soltó tres pedos por el tubo de escape y, entre bufidos, corcoveos y vapores azulados y amarillos, enfiló la trompa hacia la carretera central”.
Paz irrumpió en la literatura cubana con un libro de relatos, El niño aquel, ganador del Premio David correspondiente a 1979, y es también autor de la novela Un rey en el jardín, Premio de la Crítica, con ediciones en Cuba y en el extranjero.
Como testigo que cuida de presentar un trozo de la historia reciente desde la óptica de una cubanidad sin ambages ni paternalismos, es a través de la palabra del personaje Arnaldo que nos llega este pasaje:
Oiga, compañero, tuve que decirle a uno que pasaba cerca, llevamos aquí media hora y nadie nos atiende, ¿esto es respeto al pueblo? Nos miró como si fuéramos bichos raros y siguió de largo, pero volvió a los cinco minutos y, sin acercarse mucho, preguntó: ¿Qué van a pedir? Dos de chorizo. Las de chorizo se acabaron. Entonces dos de jamón, cebolla y pimiento. Dos de jamón y cebollas, el pimiento se acabó. Está bien, compadre, qué se va a hacer, y dos cervezas. Las cervezas se acabaron. Pues dos refrescos o lo que haya, pero rápido, como si estuviéramos en Italia.
El guionista que en Senel coexiste es muy reconocido y hasta más prolífico que el escritor. Ahí figuran los de las películas Una novia para David (1985), Adorables mentiras (1991), Fresa y chocolate (1993), Malena es un nombre de tango (1996), Lista de espera (2001), Una rosa de Francia (2005)... varias de ellas ganadoras de premios internacionales.
Dotado de la maña suficiente para que el lector acompañe a los protagonistas tras cada descubrimiento, En el cielo con diamantes entrega un lienzo de utopías y realidades que con el ardor de los años de la adolescencia en el contexto de la década del 60, se mueven entre la nostalgia, la indagación, el sexo, el amor y el humor, elementos capaces de garantizar una lectura atractiva hasta el punto final.