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Juan Gualberto Gómez: La independencia completa, absoluta e inmediata...

Leonardo Depestre Catony, 15 de julio de 2014

“¡Ah, amigo!... ¡qué zozobra, qué fortuna hasta este instante y qué tierna admiración para usted!”

 

Así le expresa José Martí a Juan Gualberto Gómez en carta de febrero de 1895. La correspondencia entre ambos es abundante. El héroe cubano lo llama “amigo queridísimo” y patentiza en todo momento su afecto y confianza hacia Juan Gualberto respecto de los preparativos de la insurrección del 95.

Desde los días mismos de la creación del Partido Revolucionario Cubano, en 1892, Martí cuenta con Juan Gualberto, quien conoce todos los detalles de la conspiración. Nada se mueve en la Isla sin que él lo sepa. Y es tal la actividad de este hombre, que solo una palabra cabe para expresarla: ¡asombrosa!

El 24 de febrero de 1895, inicio de la "guerra necesaria", es fecha de gloria para los cubanos. Entre los héroes de aquella jornada y de las que la antecedieron e hicieron posible, está Juan Gualberto Gómez, quien hubiera querido incorporarse a la manigua, pero finalmente fue apresado, sentenciado y enviado a Ceuta, en la costa africana, donde permaneció algo más de tres años. Luego, el patriota se trasladó hacia España, de ahí a París y por último embarcó para Nueva York, desde donde colabora de nuevo con la causa de la insurrección.

Pero un poco antes, estando en Arcachón, con fecha 7 de abril de 1898, Juan Gualberto escribe a Estrada Palma:



“...¡España no puede más! Yo traigo la impresión directa y fresca, de que allí está todo agotado: recursos materiales, entusiasmo y fuerza moral. La pérdida de Cuba está descontada. Como los antiguos gladiadores romanos, el mismo gobierno, sintiendo que queda exangüe, solo busca una posición artística para caer. ¡Por todos los santos del cielo! No cedan Uds. un palmo de terreno: no desmayen ni se dejen seducir por nadie la independencia completa, absoluta e inmediata: fuera de esa solución no acepten ninguna otra...”



Concluida la guerra y ocupada la Isla por los norteamericanos, Juan Gualberto fue uno de los representantes a la Asamblea Constituyente  encargada de la dolorosa misión de redactar una Constitución que diera cabida a la intervención norteamericana en los asuntos internos cubanos. La enmienda presentada por el senador Orville Platt fue aprobada como apéndice de dicho texto, pero no contó con la anuencia de Juan Gualberto, quien la refutó virilmente.

Su conducta honrada y de servicio a la patria durante los primeros tres decenios de la era republicana le valió gran confianza de la ciudadanía y ya en la ancianidad, al pedírsele opinión acerca de los propósitos continuistas y dictatoriales del presidente Gerardo Machado, escribió:



“Soy, en efecto, de los que entienden y proclaman que desde que la llamada Convención Constituyente de 1928 violó el artículo 115 de la Constitución de 1901, a cuya redacción colaboré, todo lo que ha seguido: prórroga de poderes, candidatura única, elección congresional, etc, etc, es completamente nulo, por ilegal”.



Juan Gualberto no transigió con la intervención norteamericana, ni con la dictadura de Machado. Con tal proceder no es de extrañar que muriera pobre, pero querido y respetado por el pueblo.

Nacido el 12 de julio de 1854 en el ingenio Vellocino, Sabanilla del Comendador, en la provincia de Matanzas, hijo de esclavos y dotado de una inteligencia lúcida, siempre dispuesto a la superación, Juan Gualberto hizo estudios técnicos en París, donde vivió los días de la guerra franco-prusiana y la Comuna. De carácter rebelde, desde allá hizo labor proselitista en favor de la independencia de Cuba, adonde regresó en 1877. Inició sus colaboraciones en el periódico La Discusión y a partir de marzo de 1879, fundó el periódico La Fraternidad.
A través del abogado Nicolás Azcárate conoció a José Martí, forjándose entre ambos una relación fraterna que mucho aportó a la independencia de Cuba.

Detenido por la metrópoli, en 1880 se le envió al presidio de Ceuta, en África. Solo dos años después se le autorizó a regresar a Madrid, para después estar de vuelta en Cuba, donde reanudó la publicación de La Fraternidad, desde cuyas páginas hizo patente su consigna Por la Patria, por la Libertad y por la Democracia.

A sus muchos méritos unió el de representar el más puro sentimiento de la independencia nacional. Para Martí, “Juan Gualberto tiene el tesón del periodista, la energía del organizador y la visión distante del hombre de Estado".

En la celebración del 160 aniversario del nacimiento de Juan Gualberto Gómez recordamos al patriota, al pensador y al periodista, al cubano que no aceptó otra fórmula que no fuera la de la independencia nacional.