Los planetas fantasmas V: Tiamat, la madre de todo
“La ignorancia frecuentemente proporciona más confianza que el conocimiento”.
Charles Darwin
La mezcla de la mitología con la astronomía ha estado presente en toda la historia humana, así mitos surgidos de hechos reales o de fábulas se han reflejado en las constelaciones, como también a través de las representaciones posteriores que se hicieron de los dioses.
En las antiguas leyendas es común el relato de sucesos catastróficos a escala cósmica que no han podido ser confirmados por las observaciones científicas, y muchas veces historias o suposiciones surgidas en los tiempos modernos, que son ampliamente difundidas por los medios, tampoco se corresponden con las observaciones y conocimientos astronómicos contemporáneos.
En la interpretación del surgimiento del sistema solar, sobre todo en cuanto a los planetas interiores, existen las llamadas hipótesis catastróficas que pudieron dar lugar a la Tierra, la Luna, el cinturón de asteroides y el planeta Venus.
Se ha mencionado en las nuevas leyendas, y en las exégesis de las antiguas, la posibilidad de la existencia de algunos cuerpos celestes que se involucraron en tales catástrofes o en futuras colisiones con los planetas de nuestro sistema.
Son conocidos los casos de la interpretación que hizo Zecharia Sitchin (1920-2010) de las leyendas sumerias ―planetas Tiamat y Nibiru―; las proposiciones del auto-titulado profeta Hercilio Maes, propagadas por el gnóstico colombiano que se hacía llamar Rabolú; las llamadas hipótesis Némesis, y la posible existencia del planeta Tyche.
En los últimos tiempos algunos de estos mitos se han tratado de explicar a partir del descubrimiento de cuerpos transneptunianos en el cinturón de Kuiper y la Nube de Oort. Y aunque los objetos descubiertos ―como Sedna, Eris, Quaoar y Xena― son catalogados como planetas enanos, todavía circulan sospechas de que exista algún planeta mayor o gigante que pueda justificar las suposiciones de la llamada hipótesis Némesis con una enana marrón o la discutida existencia del quinto gigante gaseoso.
Entre las leyendas que se han hecho más populares durante el pasado siglo, se encuentra la impulsada por Zecharia Sitchin, escritor, historiador y lingüista que se dio a conocer con un texto devenido best seller, El 12. planeta.
Dentro de esta mezcla de historias antiguas y modernas, uno de los astros sería el llamado Tiamat, que tiene su correlato mitológico en la llamada diosa madre de la cultura babilónica. Dicha mitología ha sido estudiada y recreada en los últimos tiempos, tanto para el conocimiento cultural como para la manipulación de las explicaciones del origen del mundo y las supuestas visitas de extraterrestres en la antigüedad.
Sin embargo, las relaciones entre los personajes mitológicos a veces no guardan relación con lo que se dice que ocurrió con los astros. La historia de Tiamat se narra en el poema épico sumerio Enûma Elish.
El nombre Tiamat, analizado etimológicamente por los estudiosos de la cultura sumeria, se interpreta como ´madre de la vida´, ya que Ti significa ´vida´ y amat, ´madre´, según reporta el estudioso Abram Smythe Palmer en su libro La influencia babilónica en la Biblia y la cultura popular, de 1897.
Tiamat sería el mar, representación de las potencialidades del caos inicial. Era un monstruo formado de agua salada que se tomó como el principio femenino, mientras que el agua dulce correspondía al principio masculino representado por el dios Apsu. Al mezclarse, Tiamat y Apsu dieron lugar a diversos dioses y animales, los primeros fueron los manglares Lahmu y Lahamu. Por su parte, el dios de la magia Ea, molesto por el ruido de la turbulencia de las aguas en su creación, las sometió al reposo, con lo que mató a Apsu; por eso las aguas dulces de los lagos están quietas.
Mientras, la enfurecida Tiamat creó un ejército de demonios encabezados por Kingu, uno de sus hijos que a la vez era su amante, y convencida de que tenía que vengar la muerte de Apsu, entregó a Kingu las "tablillas del destino". Las mismas detentaban el poder y, de este modo, lo convirtió en príncipe de los dioses que apoyaron a Tiamat en la contienda.
Los demás dioses se aliaron contra ellos y tomaron como líder a Marduk, que derrotó a Tiamat y Kingu. Este, por ser el cabecilla de la rebelión, fue condenado a muerte; con su sangre se amasó la arcilla de la que fueron creados los hombres para servir a los dioses. Marduk partió el cuerpo de Tiamat e hizo con una mitad el cielo y con la otra la tierra firme, como base para cubrir la profundidad del vacío que hay en el fondo del universo. El relato agrega que con las lágrimas de Tiamat se formaron los rios Tigris y Éufrates.
En una muy cuestionada interpretación astronómica postulada por Zecharia Sitchin, se indica que en la antigüedad se habría producido una catastrófica colisión de Tiamat ―planeta― con un planeta errante nombrado Marduk y sus satélites. La parte de Tiamat que no se destruyó dio lugar a la Tierra, mientras que el resto dio lugar al inestable planeta Maldek, que al destruirse originó el cinturón de asteroides. Por su parte, Marduk quedó en una órbita muy excéntrica alrededor del sol, en sus libros Sitchin lo llama Nibiru, “El doceavo planeta”.
Tiamat era entonces, según esta interpretación, un planeta que habría estado entre Marte y Júpiter, y en la colisión habría formado el planeta Tierra y el cinturón de asteroides. Todo esto según la saga de Nibiru, escrita por Zecharia Sitchin en una interpretación muy libre de las leyendas sumerias.
De acuerdo a esta teoría, el antiguo sistema solar estaba formado por los planetas Nibiru, Tiamat con su satélite Knigu, Gaga (Plutón), An (Urano), Antu (Neptuno), Ashar (Saturno), Kishar (Júpiter), Lahmu (Marte), Mummu (Mercurio), Lahamu (Venus) y Apsu (El Sol).
Es interesante que Sitchin asocia uno de los planetas de la cultura sumeria a Plutón, que no podía ser observado en aquella época, pero lo menciona como conocido por los extraterrestres y que ha cambiado su carácter de planeta al de planeta enano por la nueva definición del sistema solar. Cabe preguntarse, si había un nombre para Plutón, ¿por qué no lo habría para los otros planetas enanos?
Lo cierto es que Sitchin nombra el doceavo planeta como Nibiru y este nombre aparece en múltiples leyendas, cuentos de ciencia ficción y juegos de computadora. Pero la historia de este astro es más complicada, y de ella trataré en el siguiente artículo de esta serie dedicada a los planetas fantasmas.