César García del Pino o el compromiso con la Historia
A sus más de 90 años, seguramente César García del Pino mira la vida con una discreta sonrisa y se sienta a meditar sobre lo mucho que aún puede hacer. Es una satisfacción que así sea, para él, que es un trabajador incansable, para la cultura cubana, para la historia de su patria y para la historia naval en particular, tema este último en el cual se le considera la primera autoridad nacional, aunque su prestigio trasciende las fronteras y en España es muy reconocido.
A Cesar García del Pino lo conozco más por su obra que personalmente. Mi juicio es el de lector, el de consultor de su obra, no el del colega o el del vecino. Pero aun así me atrevo a decir algunas cosas. César es hombre sencillo (me consta); tiempo atrás lo llamé por teléfono, le solicité una colaboración para la revista que entonces editaba, y César, con la modestia de un estudiante, nos hizo llegar su trabajo, humildemente, en tanto en la revista todos nos honrábamos en considerarlo nuestro colaborador.
Nuestro hombre —nombrado César y Augusto— nació el 19 de julio de 1921, en la occidental —y entonces algo remota por su situación mas allá de La Habana— provincia de Pinar del Río. La fecha, me recuerda un amigo, coincide con la de la celebración del Día del Historiador. De manera que el cumpleaños de don César García del Pino se honra y honra, en uno y otro sentido, la efeméride. Acaso una casualidad. Acaso una premonición. Bueno, escoja usted cómo definirlo.
Los estudios de bachillerato los cursó en el Instituto de La Habana, aunque por aquellos tiempos ya comenzó a enrumbar firmemente hacia los asuntos que definirían sus temas de investigaciones de entonces acá. Nos referimos a la Arqueología, la Etnología y la Historia, impartidas en el seno de la Sociedad Espeleológica de Cuba, una institución cuya huella se palpa en todo cuanto tiene que ver con el esclarecimiento de las raíces de la nacionalidad cubana.
Su primer trabajo aparece en la Revista Lux en 1946 —tiene el autor 25 anos— con el titulo “¿De dónde procedían los siboneyes?”, presentado con motivo de su participación en el IV Congreso Nacional de Historia. Se abre así el camino para otras colaboraciones que serán acogidas en las páginas del Boletín de la Sociedad Espeleológica de Cuba, Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, Universidad de La Habana, Revolución y Cultura, Anuario del Centro de Estudios Martianos, Boletín Numismático, Archivo Hispalense… Y también de otras de mayor circulación y más diverso espectro de lectores, como las revistas Bohemia y Mar y Pesca.
A la Universidad de La Habana llegó en 1949 para estudiar Arqueología de Cuba e Historia de España. Son años que demandan su definición ciudadana, y en 1956 lo colocan del lado del Movimiento 26 de julio, junto a la juventud revolucionaria.
Después del 1ro de enero de 1959 regresa a las aulas universitarias y se licencia en la especialidad de Diplomacia (1962-1963). En adelante trabaja en el Ministerio de Relaciones Exteriores y en calidad de asesor histórico participa del XVI Período de la Asamblea General de la ONU, en momentos decisivos.
Comisionado por el Banco Nacional de Cuba realizó investigaciones históricas en el British Museum y en la Public Record Office de Inglaterra, en el Archivo Nacional de Francia, en el Archivo General de Indias, en el de Protocolos de Sevilla, en el Museo Naval de Madrid y el Museo Histórico Nacional de España. En 1988 concurrió al II Congreso de Arqueología efectuado en Santo Domingo.
Paso a paso García del Pino elabora una obra en la cual se incluyen los libros El corso en Cuba, al que sucedería El libro de los escribanos cubanos de los siglos XVI-XVII y XVIII. También dos volúmenes imprescindibles: Documentos para la historia colonial de Cuba y Nuevos documentos para la historia colonial de Cuba, ambos resultantes del trabajo mancomunado de investigación junto a su compañera en la vida, la paleógrafa Alicia Melis Cappa.
El Premio Nacional de Ciencias Sociales 2013, el de la Crítica, la Distinción por la Cultura Nacional, la Réplica del Machete del Generalísimo Máximo Gómez, el Premio Nacional Ramiro Guerra, el Premio Nacional de Historia y la Orden Félix Varela de Primer Grado reconocen la obra y el mérito de este incansable historiador-escritor que aún hoy se desempeña como asesor del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.