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Boccaccerías habaneras o Giovanni en la capital cubana

Jesús Dueñas Becerra, 31 de julio de 2014

Boccaccerías habaneras,1 del director Arturo Sotto Díaz, es el título del filme, que se estrenara en las salas oscuras de La Habana y en los cines de las demás provincias que configuran nuestra exuberante geografía insular. 

Al genial escritor, poeta y humanista italiano, Giovanni Boccaccio (1313-1375), lo conocen en todo el orbe, al igual que en la mayor isla de las Antillas, por los picarescos relatos cortos, incluidos en el volumen Decamerón, cuya lectura los ilustres prelados devoraban con avidez en la época socio-histórica en que fuera publicado, mientras se regocijaban al máximo con las situaciones picantes descritas en sus páginas…, pero le prohibían al pueblo que lo leyera, porque, según la falsa moral cristiana («haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago»), constituía un verdadero «atentado al pudor y a las buenas costumbres»; valores que debían configurar el estricto código ético-moral que regulara el «adecuado» comportamiento psicosocial, sobre todo de aquellas familias —la mayoría— que carecían de bienes materiales.

En un principio, fue un proyecto colectivo, que incluía tres cuentos, escritos por tres directores diferentes: un italiano, Jorge Perugorría2 y Sotto Díaz.

El protagonista del multilaureado largometraje Fresa y Chocolate, nominado al Premio Oscar en 1995, filmó la película Se vende3 y el director de Boccacerías… decidió llevar al celuloide su propia cinta a partir de una trilogía. Dos cuentos están inspirados en el Decamerón, de Boccaccio, y el tercero es de su autoría.

El hilo conductor de las historias narradas en ese contexto audiovisual gira alrededor de la asistencia de varios personajes al hogar de un escritor en plena crisis imaginativa, que retribuye económicamente a quienes acuden a él para escuchar historias, que puedan estimularle la inspiración para crear novelas o filmes.

A partir de ahí, todo el que visita su morada sueña despierto con desempeñar el papel protagónico en las futuras novelas o películas que, supuestamente, producirá el artista, o recibir dinero a cambio de relatar vivencias, experiencias y anécdotas, a veces increíbles, que al evocarlas despiertan emociones primitivas o mezquinas pasiones que liberan la «bestia salvaje» escondida en el componente instintivo del inconsciente freudiano, y reprimida por el superyó (código ético-moral que mediatiza el comportamiento psicosocial del homo sapiens).

Para llevar dichas situaciones a la praxis cinematográfica, Sotto Díaz se hace acompañar de un excelente equipo de realización, integrado en la banda sonora por Javier Figueroa, el artista del lente Alejandro Pérez, y un conjunto de actores y actrices de primera línea, encabezados por Mario Guerra, Jorge Perugorría, Luis Alberto García, Patricio Wood, Irela Bravo, Félix Beatón y Omar Franco, entre otros/as, quienes —con la excelencia artístico-profesional que los caracteriza en cualquier medio— hacen reir a mandíbula batiente a los cinéfilos, y al mismo tiempo, los incitan a la reflexión serena y profunda…, pero sin desviarlos un ápice del objetivo fundamental de Boccacerías…: entretener

Con apoyo en recursos histriónicos inteligentemente empleados, los/as artistas, tanto consagrados/as como noveles, tratan —por todos los medios a su alcance…, y lo logran con creces— de «aplatanar» al máximo los relatos cortos de Boccaccio, quien es, junto a Dante Alighieri (1265-1321) y Francesco Petrarca (1304-1374), uno de los padres del Renacimiento en el Viejo Continente.

En los interiores, en las casas, en las fábricas de habanos, al espectador le llega —desde la pantalla grande— un ambiente bien habanero…, como si el autor europeo, de estatura universal, estuviera de vacaciones en la Ciudad de las Columnas.

En uno de los cuentos, la trama gira alrededor de la historia de una tabaquera, mientras que en otro la acción tragicómica se desarrolla en el entorno circense. Es un filme diverso en cuanto a locaciones y por su indiscutible concepción estético-artística. En general, muy sensual, desenfadado e irreverente; atributos que el eminente escritor italiano les otorga a las situaciones humorísticas descritas en el Decamerón por su ingeniosa pluma, en pleno siglo XIV.

Cada historia tiene su propia puesta en escena, su propio color, sin establecer diferencias muy radicales, porque forman parte del mismo largometraje, y además, se interrelacionan mutuamente.

Desde un ambiente renacentista por excelencia, Boccaccerías… deviene una buena escultura y una hilarante estructura tipográfica de la sociedad cubana actual, percibida —y eso no podía faltar, en modo alguno— a través de la óptica de la comedia, ya que ese es, precisamente, el género en que se enmarca la obra cumbre de Giovanni Boccaccio.

La cinta, realizada con un magnífico sonido directo, les facilita a los amantes del séptimo arte involucrarse aún más en ese mundo mágico, donde solo es posible realizar nuestros sueños.

Notas
1. Boccaccerías habaneras obtuvo el Premio del Público en el XXXV Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, dedicado —en esa edición— a evocar la memoria del doctor Alfredo Guevara Valdés (1925-2013), su ilustre presidente-fundador.
2. Entrevistado en esta sección.
3. Dueñas Becerra, Jesús. Se vende. www.radioprogreso.icrt.cu (Culturales – Cine).

Editado por: Heidy Bolaños
 

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