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Enrique Hernández Miyares, autor de un soneto antológico

Leonardo Depestre Catony, 05 de agosto de 2014

                                                                         

Al cabo de un siglo de su muerte, la personalidad y la obra de Enrique Hernández Miyares parece cada vez más desdibujada, como si entre el polvo y las luces, incluidas las sombras de los 100 años transcurridos, nos devolvieran una imagen en que los detalles se confunden.

Hernández Miyares vivió 54 años. Nació en Santiago de Cuba el 20 de octubre de 1859 y murió en La Habana el 2 de agosto de 1914, ciudad hacia la cual se trasladó su familia cuando Enrique era todavía un adolescente.

Pero por mucho que el tiempo haya maltratado a este autor, el olvido le haya tendido su capa y el desconocimiento de los actuales lectores le corra una mala pasada, siempre quedará un poema suyo que fue muy popular y nos da la medida de su cuerda poética: “La más fermosa”, que aquí reproducimos para que juzgue por sí mismo:



Que siga el caballero su camino,
Agravios desfaciendo con su lanza;
Todo noble tesón, al cabo alcanza
Fijar las justas leyes del destino.

Cálate el roto yermo de Mambrino
Y en tu rocín glorioso altivo avanza,
Desoye al refranero Sancho Panza,
Y en tu brazo confía y en tu sino.

No temas la esquivez de la fortuna;
Si el caballero de la Blanca Luna
Medir sus armas con las tuyas osa,

Y te derriba por contraria suerte,
De Dulcinea, en ansias de tu muerte,
¡Di que siempre será la más fermosa!



Los datos biográficos que recogen los textos son lo por general escuetos, de ahí que mejor resulte situar a Hernández Miyares en el contexto de su época. Un detalle nos ilustra acerca de su activa participación en la vida intelectual cubana del período que transcurre entre la terminación de la Guerra de los Diez Años, en 1878, y el inicio de la Revolución de 1895: ese hecho es su presencia en la revista La Habana Elegante, primero como colaborador desde su fundación en 1883 y después como director, a partir de 1888, y su no menos trascendente labor como codirector, junto a Alfredo Zayas, de La Habana Literaria, surgida en 1891; una y otra ilustradas y abarcadoras de temas diversos de la cultura, la literatura y las artes, en cuyas páginas aparecen las firmas de los más relevantes intelectuales cubanos se su tiempo.

Desde Estados Unidos, país hacia donde marchó en 1895, figuró en la redacción de la prensa independentista, a través del periódico Patria y del semanario Cacarajícara, que dirigió. La labor periodística, que ejerció tanto en Cuba como en el exterior, es precisamente una de las facetas que Enrique Hernández Miyares desempeña de manera más sostenida y le da a conocer.
 
Cantó además al arma favorita del mambí libertador:



 Recia cinta de acero americana,
imagen de mi pueblo fue tu suerte,
ayer, de pecho esclavo en puño fuerte
segaste la gramínea soberana.


    (De “El machete”)



Como apuntó José Manuel Carbonell, “la individualidad poética de Hernández Miyares se enrolla con madreselvas de eternidad al ideal revolucionario”.

Cuando regresó a Cuba fungió de redactor y colaborador de los diarios La Discusión y El Triunfo, así como de la revista El Fígaro, importante en el acontecer bibliográfico de la Isla durante los últimos años del siglo XIX las dos primeras décadas del XX.

Son años de muy viva actividad intelectual para Hernández Miyares, quien integra como miembro fundador la Academia Nacional de Artes y Letras en octubre de 1910, y es secretario del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana.

La totalidad de la obra de Hernández Miyares, dispersa en periódicos y revistas, se recopiló después de su fallecimiento.  Aparecieron sus Obras Completas;  el primer tomo contentivo de su poesía, en 1915, y el segundo de su prosa, en 1916, preparadas por José Manuel Carbonell. Unos cuantos años después, en 1936, se publicó su libro Tú y mi patria, reeditado tres años más tarde.

Muy atareado fue el quehacer de Enrique Hernández Miyares dentro del periodismo —en realidad se trató de uno de los periodistas cubanos más conocidos de principios del siglo XX— y también como poeta.
 
En su centenario, aun cuando el escritor permanezca un tanto olvidado, queda su célebre soneto, tan disfrutable hoy como cien años atrás.

 

Editado por Dino Allende