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Los planetas fantasmas  VI:  Nibiru, el 12. planeta, cuna de los annunaki

Bruno Henríquez, 05 de agosto de 2014

“Lo único seguro sobre algo que no hace falta decir, es que alguien va a decirlo”.

Isaac Asimov

Mirar al firmamento y estudiarlo a lo largo de las eras le ha permitido a los humanos descubrir regularidades, leyes y fenómenos sorprendentes. Las estrellas más lejanas parecen estar fijas formando la trama de las constelaciones, mientras que otros cuerpos se desplazan de forma irregular o con leyes más complejas, entre estos están los cometas y los planetas.

Hay planetas que se observan y en su movimiento se pueden estudiar las causas de que regresen, avancen o retrocedan; otros no se ven pero se adivinan, y acerca de ellos se tejen hipótesis y leyendas; algunos ni siquiera existen, pero dejan una impronta en la cultura. Esos son los llamados planetas fantasmas de los que hemos hablado en otras ocasiones. Hoy les traigo un comentario acerca de uno de dichos planetas fantasmas, el conocido por Nibiru, y de cómo las especulaciones sobre su existencia se han relacionado con el origen de la humanidad, el falso fin del mundo en el año 2012 y el porqué del interés por el oro a lo largo de los siglos en la historia de la civilización.

Un personaje interesante en la creación de estos nuevos mitos a partir de interpretaciones de los antiguos lo fue Zecharía Sitchin, escritor, historiador y lingüista, seguidor de la teoría de los paleocontactos, promotor de las ideas de un origen extraterrestre de la humanidad a partir de las manipulaciones genéticas por parte de los llamados nefilim o annunakis, provenientes del planeta Nibiru.

A partir de su interpretación de poemas e inscripciones hititas y de tablillas sumerias, acadias, babilónicas y cananeas, además de los jeroglíficos egipcios, que mezclaba y relacionaba todo con los libros del Antiguo Testamento, el Libro de los Jubileos y otras fuentes, llegó a conclusiones que, en su opinión, le permiten abordar la historia de la humanidad y del planeta Tierra desde una óptica absolutamente sorprendente.

La serie de libros de Zecharia Sitchin Las Crónicas de la Tierra, que se han convertido en best- sellers, nos ofrece ―según él― la historia contada desde el lado de la humanidad, tal como quedara registrada en las antiguas tablillas de arcilla y otros objetos sumerios en lo referente a nuestros orígenes por acciones de los anunnaki.

Estos libros son:

Crónicas de la tierra 1. El 12. planeta

Crónicas de la tierra 2. El código cósmico

Crónicas de la tierra 3. La guerra de los dioses

Crónicas de la tierra 4. Los reinos perdidos

Crónicas de la tierra 5. El libro perdido de Enki

Crónicas de la tierra 6. Códigos cósmicos

Crónicas de la tierra 7. El Génesis revisado

Y fuera de la serie, pero del mismo tema, se encuentran los libros: La escalera al cielo y El final de los tiempos.

A partir de su obra El 12. planeta, plantea la existencia del planeta Nibiru que él asocia a las forma de contar el tiempo en la India antigua, así como también a Tiamat y a grandes catástrofes cósmicas, como hiciera en su tiempo el polémico Inmanuel Velikovski.

La fecha de 11 mil años atrás coincide con el final de la última glaciación. Sitchin manipula las fechas; los ciclos de los sucesos históricos terrestres y sus historias son contradictorias, porque se olvida de lo que contó antes, sobre todo en lo referido al mundo anterior.

Según Sitchin, el término anunnaki quiere decir ´los que vinieron del cielo´. Pero en sumerio quiere decir ´los poderosos del agua´, a partir del criterio de especialistas como Morris Jastrow en su obra La religión de Babilonia y Asiria.

Según el Génesis, los nephilim eran el producto de la unión de los pura-sangre con mujeres mundanas. Ese es el auténtico significado, a raíz de una correcta interpretación del versículo donde se habla de la unión de los “hijos de dios” con las hijas de los hombres. Y es que esos hijos no eran astronautas, sino el linaje hebreo primigenio para ellos. La principal prueba está en uno de los famosos textos del Qumrán, donde en vez de usarse “hijos de dios”, se prefiere “hijos de Israel”. Es decir, el linaje de Set, puesto que Abel murió y Caín estaba maldito. El equivalente de Set, en Súmer, era Alalgar, hijo de Alulim (Alalu), que a su vez representa a Adán como ya se dijo, puesto que era el que había esparcido la semilla humana de dioses/hombres.

Así, podemos concluir que en algún momento se mezclaron descendientes de reyes, con personas sin linaje real. Eso molestaba profundamente a la fuente sacerdotal del Antiguo Testamento, que tenía gran predilección por la cadena genética de los individuos llamados a guiar al pueblo.

Beroso el Caldeo, sacerdote que vivió entre los años 350 a 270 a.n.e., escribió que tras el diluvio “reinaron semidioses”, es decir, mestizos. Antes, tan solo reinaron dioses, hombres de linaje puro. Más tarde, la mitología popular hizo divinos a los héroes “de antaño” y añadió no cientos, sino miles de nuevos dioses, hasta el punto de que modernas investigaciones han catalogado a más de 3000.

Nibiru

Según Sitchin, el planeta Nibiru sería un astro real, nombrado así a causa del dios babilonio Marduk a quien se le atribuye la creación de la Tierra, a partir de una interpretación muy cuestionada de las copias del poema épico sumerio Enüma Elish. En la descripción de Sitchin sobre la cosmología sumeria, Nibiru sería el buscado 12. planetaa, o el Planeta X ―que incluye la descripción de 10 planetas, más el Sol y la Luna.

Este duodécimo planeta obtendría su número en función de todos los astros de nuestro sistema solar: Sol, Mercurio, Venus, Tierra, Luna, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno, Plutón y Nibiru. Lo que no se explica es por qué se cuenta a la Luna y no a Io, Ganímedes, Europa, Calisto, Titán, Tritón..., que son satélites más grandes que la Luna, Y lo que es más grave, ¿qué pasa con los otros planetas enanos como Sedna o Eris? Por tamaño, Mercurio no es más grande que alguno de los satélites de Júpiter, ¿por qué no contarlos? Si la respuesta está en que no orbitan el Sol sino a su planeta madre, ¿por qué contar la Luna? ¿Y por qué incluir a Plutón y no mencionar a Caronte, su satélite, si los extraterrestres debían conocerlo desde la antigüedad?

Si se cuentan estos, deben contarse Sedna, Eris y Quaoar. Pero claro, estos planetas enanos se descubrieron recientemente, y Sitchin escribió su libro hace más de 30 años.

El origen del planeta Nibiru como miembro de nuestro sistema solar se debió, según Sitchin, a una catástrofe colosal entre planetas que modificó nuestro sistema, la órbita de Nibiru y causó la aparición de la Luna y del cinturón de asteroides.

Igualmente indica que en la antigüedad se habría producido una catastrófica colisión de uno de los satélites de Nibiru con Tiamat, el hipotético planeta también postulado por Sitchin, ubicado entre el planeta Marte y Júpiter, hecho que habría formado el planeta Tierra y el cinturón de asteroides. Además, Nibiru habría sido el hogar de una poderosa raza alienígena, los anunnaki. Como consecuencia de la colisión, el planeta Nibiru habría quedado atrapado en el Sistema Solar, volviendo al lugar de la colisión periódicamente en una órbita excéntrica.

Sitchin cita algunas fuentes que, según él, hablarían sobre el planeta. Algunas de ellas dicen que posiblemente se trataría de una estrella ―concretamente una enana marrón, en cuya superficie no podrían vivir los extraterrestres que él describe―. Esta tendría una órbita sumamente elíptica alrededor del Sol, su perihelio habría tenido lugar hace aproximadamente 3 600 años y su periodo orbital, de 3 600 a 3 760 años. En sus especulaciones, atribuye estos datos a los astrónomos de la civilización maya, por lo que actualmente dicho cuerpo estaría a punto de regresar a las inmediaciones de los planetas interiores de nuestro sistema.

Para Sitchin, el planeta madre de los anunnaki realizaba una órbita completa cada 3 600 años. A pesar de sus intentos por confundir al lector incluyendo hipotéticas trayectorias planetarias, esta posibilidad es más que remota. Cuando se aplican las leyes de Kepler a las distancias y trayectorias supuestas por el autor, las mismas no coinciden.

Si se tiene en cuenta que Sitchin habla de una órbita excéntrica, de forma que su perigeo o punto más cercano al sol se situaría entre Marte y Júpiter, esta misma excentricidad alargaría la distancia hasta límites más allá de los 70 000 millones de km, donde el sol solo sería visible como un punto brillante y este planeta 12 obtendría su número ordinal en función de todos los astros conocidos en aquella época.

En fecha reciente se especuló mucho acerca del fin del mundo en el año 2012 por la libérrima interpretación de las profecías mayas, y uno de los hechos que debería justificarlo era la existencia de Nibiru y su supuesto regreso a las cercanías de la órbita terrestre en ese falsamente fatídico año.

En un libro publicado en 2011 titulado 2012: cita con Marduk, el escritor e investigador turco Burak Eldem presenta una nueva teoría, sugiriendo que son 3661 años los que duraría el periodo orbital del supuesto planeta, y reclama que habrá “una fecha de retorno'' para el año 2012. Según la teoría de Eldem, 3661 es un séptimo de 25627, que es el ciclo total de "5 años mundiales", según el Calendario maya extendido. El último paso orbital de Marduk sucedió en 1649 a.n.e. y causó grandes catástrofes sobre la Tierra, incluyendo la erupción de Thera o la isla de Santorini, como se le conoce actualmente.

Según los seguidores de Sitchin, sus ideas estarían avaladas por un dominio de las lenguas muertas, como el sumerio, y asistidas por la traducción de piezas consideradas tesoros, aunque esto en realidad no es científicamente un fundamento astronómico y, al parecer, su “dominio” de las lenguas muertas fue más un pretexto para fabular que una herramienta para interpretar.

La opinión científica

La comunidad científica niega la existencia de un planeta así, sobre todo por la falta de observaciones y confirmaciones por distintos tipos de mediciones, y ha realizado múltiples declaraciones en este sentido. Para los astrónomos, las persistentes reclamaciones de un planeta cercano pero invisible son simplemente incoherentes con el método científico y muestran un desconocimiento de la mecánica celeste y los métodos de observación astronómica que no se reducen solo a la observación visual.

Desde los foros científicos se alerta sobre una estrategia habitual para confundir y alimentar el mito de la existencia de este planeta, consistente en relacionar el planeta ficticio Nibiru con cualquier comentario acerca del Planeta X o con los planetas enanos y otros posibles cuerpos transplutonianos.

Según Sitchin, los annunaki provenientes de Nibiru serían los creadores de los humanos en la Tierra a partir de manipulaciones genéticas, con el objetivo de crear obreros que extrajeran el oro para ellos. El oro era necesario, pues con él podrían fabricar un polvo limpiador para la atmósfera contaminada de su planeta.

La manipulación genética daría lugar a seres antropomórficos capaces de trabajar como esclavos. Según la leyenda, al ser muy torpes, se decidió combinar su ADN con el de los annunaki, pero entonces resultaron seres más inteligentes de lo esperado y con un parecido muy grande a estos últimos, por lo que algunos de ellos se mezclaron con los terrestres. En la Biblia se cita que “se mezclaron con las hijas de los hombres” y dieron lugar a los titanes o gigantes.

En el Génesis se puede leer:

Génesis 6:1 Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas,

Génesis 6:2 que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas…

Génesis 6:4 Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre.

Esta cita bíblica se usa muchas veces para justificar las leyendas sobre gigantes y titanes, pero se presta también a interpretaciones menos “divinas” y más a la mezcla de las castas de los gobernantes con las personas de las tribus nómadas que no eran parte del “pueblo de Dios”.

En cuanto a reportes sobre el planeta Nibiru, en octubre de 1999 el astrónomo británico John Murray anunció haber descubierto, mientras estudiaba unos cometas en los límites exteriores del Sistema Solar, un décimo planeta, al que llamó Nibiru1 y que por sus características sería asimilable a Némesis, otro hipotético acompañante del sol. Según Murray, el nuevo planeta o estrella compañera giraría alrededor del Sol a una distancia 1000 veces más lejana que Plutón, lo cual no pudo ser verificado finalmente, ya que todos los intentos posteriores de observación han resultado infructuosos y esto se ha calificado como un error de observación por unos, mientras que otros lo consideran un intento del científico por llamar la atención.

Así, Nibiru ha pasado a ser uno más en la lista de los supuestos planetas que pudieron existir en nuestro Sistema Solar, de los que solo se han encontrado leyendas y un grupo de seguidores fanáticos.

1 No confundir con el planeta Nibiru propuesto por Zecharia Sitchin.