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Emilio Roig de Leuchsenring. Emilito y su medio siglo más de vida tras la muerte

Leonardo Depestre Catony, 21 de agosto de 2014

Que los restos de Emilio Roig de Leuchsenring (1889-1964) hayan sido trasladados al Jardín de la Madre Teresa de Calcuta para que allí reposen definitivamente, junto a los de su amada María Benítez, en el corazón de La Habana Vieja, es uno de los más sentidos reconocimientos a la que seguramente hubiera sido la voluntad suya.
 
Y aunque desde su natalicio un 23 de agosto hayan transcurrido 125 años; en este 2014 se cumpla medio siglo desde su muerte el día 8 de ese mismo mes; amén de que mucho se ha escrito y estudiado acerca de su obra, el valor de la misma cada día se acrecienta, por lo que conservan vigencia las palabras del ensayista y político cubano Juan Marinello:



"La devoción de Emilio Roig de Leuchsenring por nuestra etapa mambisa y por sus más destacados voceros —Martí y Maceo en término primero—, fue ahondando y afirmando su pensamiento antiimperialista, que cuajó en estudios y conclusiones de gran oportunidad y valía".



La obra escrita de Emilio Roig de Leuchsenring —quien "ha perdido entre nosotros sus apellidos de ringo-rango  para ser antonomásticamente Emilito", como dijo Fernando Ortiz— comprendió tres vertientes principales: la primera fue el costumbrismo, encauzado hacia la crítica de los vicios que tanto desmejoraban la salud de la incipiente República neocolonial; la segunda, el tema martiano, acerca del cual husmeó en archivos, descubrió documentos y dejó importante obra; la tercera, el antiimperialismo, se ejemplificó en sus estudios sobre la Enmienda Platt, la Guerra Hispano-Cubano-Americana y el intervencionismo.

De asombroso puede considerarse el quehacer de Emilito en lo que hoy denominaríamos la promoción cultural. Gestor natural de esta, y además su preservador, la huella de este inquieto habanero es palpable en muy disímiles pero complementarias disciplinas del saber: fue el gran animador de la Sociedad Cubana de Derecho Internacional, de la Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales y de los Congresos Nacionales de Historia; presidió la Asociación de Librepensadores de Cuba y abogó por una escuela laica y libre.

Promovió las primeras Ferias del Libro; estableció bibliotecas con los fondos de la suya propia; fue activo participante del Grupo Minorista; presidió el Comité Cubano Pro Libertad de los Patriotas Puertorriqueños; firmó y redactó manifiestos por cuanta causa consideró justa y democrática; estuvo entre los fundadores de la Sociedad de Estudios Afrocubanos; impartió cursos radiales de Historia de Cuba; gestionó la colocación de tarjas conmemorativas en lugares históricos; promovió campañas por los derechos de la mujer...

Desde su condición de presidente de la Comisión de Monumentos, Edificios y Lugares Históricos y Artísticos Habaneros rescató y protegió edificaciones amenazadas de demolición.

Y algo más, un rasgo de su personalidad que destaca el doctor Eusebio Leal:


 
"Orador brillante, gustaba de hablar sin amplificación, su voz metálica se escuchaba en las fábricas y tabaquerías, en los parques. De pequeña figura y robusta complexión física, la mano se movía en el aire con la misma cadencia y acento de su palabra".



Periodista y colaborador asiduo en numerosas publicaciones, autor de un sinfín de libros sobre La Habana, historia y otras materias, su variado quehacer y asidua presencia en actos públicos, popularizaron a Emilito, quien fue el creador del Museo de la Ciudad de La Habana, una de sus obras más importantes y permanentes.

Cubano medular, de los más útiles de su tiempo, de los más laboriosos, de los que dejó más profunda huella, Emilio Roig de Leuchsenring —Emilito— vivió 75 años, que en su caso han sido una prolongación de su vida de servicio a la sociedad y a la cultura patria.

La evocación, tan necesaria, seguramente se suma a un diverso programa de actividades por la fecha al cual, desde esta página digital de Cubaliteraria, incorporamos nuestra voz.