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José Orlando Suárez Tajonera: su percepción ideo-estética de las artes escénicas

Jesús Dueñas Becerra, 21 de agosto de 2014



El teatro no es más que el […]
 reflejo de algunas ideas
José Martí

Este artículo deviene un cálido tributo de admiración y respeto a la memoria del doctor José Orlando Suárez Tajonera (1928-2008), profesor emérito de la capitalina Universidad de las Artes (ISA), con motivo del sexto aniversario de su lamentable deceso.

Suárez Tajonera obtuvo el título de Doctor en Ciencias Filosóficas ad honorem en el Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), con una tesis de grado científico dedicada a la educación estética en Cuba, y publicada por dicha institución euro-asiática.1

Fue, además, el traductor, compilador y prologuista del volumen Estética. Textos escogidos,2 cuyos objetivos fundamentales eran « […] divulgar un material solo parcialmente conocido, de indiscutible calidad para colectivos de profesores y para estudiantes de estética en el nivel superior, además de ilustrar a los [estudiosos e] investigadores en cuestiones de [capital] importancia y [palpitante] actualidad sobre el sentido y el valor de la creación artística contemporánea».3

Por otra parte, escribió — en coautoría con el profesor Alfredo Martínez Gutiérrez— las palabras introductorias al poemario Verso peregrino, de la poetisa y profesora de enseñanza artística, Doris Oropesa, así como ensayos literarios, crónicas y artículos periodísticos5 para la revista Vivarium, que edita la cátedra homónima que funciona en el Centro de Estudios Culturales «Padre Félix Varela», con sede en el antiguo Seminario de San Carlos y San Ambrosio.

Ahora bien, llevar a la praxis periodística el noble propósito al que aspiro, requiere —necesariamente— la realización de un análisis objetivo- subjetivo acerca de la forma sui generis en que el Padre de la Estética en la mayor isla de las Antillas percibía el arte de las tablas, a cuyo ético ejercicio se consagrara en cuerpo, mente y alma durante una década (1953-1963).

Suárez Tajonera, quien cursara estudios en la Academia de Arte Dramático de La Habana, donde se formaron prestigiosos artistas cubanos, e integrara como actor profesional el elenco de destacadas agrupaciones capitalinas, estima que dicha manifestación artística constituye un potente medio de la educación estética de la personalidad, y además, un instrumento práctico-espiritual para la defensa de nuestra identidad y arma de resistencia contra la desestructuración de los valores que sostienen la patria del Venerable Padre Félix Varela y del Apóstol José Martí y la pérdida de las esencias afro-caribeño-latinoamericanas.

De acuerdo con las concepciones sustentadas por el también Premio Nacional de la Enseñanza Artística 2007, toda obra teatral deviene algo material, y a la vez, espiritual.

Es algo material, en la misma medida en que posee la capacidad de revelar —en la interpretación por el actor o la actriz y la recepción por parte del público y la crítica especializada— sus virtudes éticas, ideo-estéticas, artísticas, humanas y espirituales, las cuales ejercen una influencia social que —en modo alguno— se debe subestimar y mucho menos olvidar.

Con apoyo en el hecho de que la obra teatral se convierte en objeto de la sensibilidad, y al mismo tiempo, de la razón, se eleva al máximo el descubrimiento de ese complejo y complicado proceso, que en el campo de la estética se conoce como la unidad del sentido otorgado por el espectador al mensaje que se le revela, y los valores que el auditorio aprecia en ella.

Cuando un espectador asiste, por ejemplo, a la representación de una obra teatral no es simplemente lo que le parece por percepción empírica, sino que simboliza algo espiritual, expresión de fuerzas superiores invisibles para los órganos visuales, que involucran única y exclusivamente al alma humana.

De ahí, que el concepto de técnica teatral no es solo la habilidad, la pericia, que un talento debe aportar con la preparación, que es resultado del adiestramiento físico y el dominio del lenguaje verbal y gestual, sino que es una categoría estético-artística de mayor alcance, que debe incluir los tres niveles que integran la personalidad del homo sapiens: el físico-somático, el mental, psicológico o emocional, y el espiritual.

O con otras palabras, los componentes bio-psico-socio-culturales y espirituales que le confieren al soberano de la creación su esencia verdaderamente humana.

La persona que va a una función teatral no asiste —como en otras artes— al proceso de creación ya terminado, sino al proceso de creación materializado por los actores y las actrices en el momento mismo de la actuación frente al público.

Si se es coherente con dicha línea de pensamiento, el sentido del mensaje (no el mensaje en sí), no se recibe por vía directa, sino que se construye por parte del sujeto a través de una serie de procesos perceptivos que tienen como fondo la vivencia; complejo proceso psíquico mediante el cual todo lo que se percibe, en la vida y en el arte, la personalidad lo va interiorizando y se convierte en su expediente personal humano, único e irrepetible. Mecanismo cognitivo-afectivo-espiritual que se devuelve siempre en forma espontánea y enriquecido por la belleza interior del receptor.

Con base en ese constructo teórico-conceptual y metodológico, se intuye  que la unidad del sentido y el valor de la obra teatral exigen en su análisis —por parte del autor, los actores y las actrices, el crítico y el espectador— la unidad indisoluble de la interpretación y la valoración.

Por último, habría que llegar a la conclusión de que el maestro José Orlando Suárez Tajonera era un ardiente defensor del criterio de que para que un actor pudiera alcanzar la excelencia artístico-profesional debía, cual requisito indispensable, espiritualizar la técnica académica. De lo contrario, se quedaría varado a la orilla del río, y por consiguiente, no podría zambullirse en sus apacibles o turbulentas aguas, ya que el artista  trabaja para el hombre; razón por la que debe tocar las fibras íntimas de su universo subjetivo.

Editado por: Heidy Bolaños
 
Nota
1 Suárez Tajonera, José Orlando. La educación estética en Cuba, Moscú, Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de la URSS, 1982 (en ruso).
2 Prólogo. Estética. Textos escogidos, La Habana, Editorial Pueblo y Educación, 1991, pp. III-IV.
3 Ibídem, p. IV.
4 "La danza: movimiento espiritual del cuerpo transfigurado", Vivarium, 2011, XXX, pp. 53-56 (Dossier José Orlando Suárez Tajonera In Memoriam).
5 "El descubrimiento del hecho artístico a través del hecho estructural", Ibídem, pp, 67-69.

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