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Emilio Ballagas: “un gran poeta y un hombre intrínsecamente bueno”

Leonardo Depestre Catony, 10 de septiembre de 2014

  

Nicolás Guillén y Emilio Ballagas nacieron ambos en Camagüey; el primero en 1902 y el segundo en 1908. Tras la lectura de Motivos de Son, de Guillén, Ballagas le envía una carta elogiosa. Es el periodista Joaquín G. Santana, biógrafo del Poeta Nacional, quien cuenta en su libro Nicolás Guillén – juglar americano (1989) este muy simpático pasaje con el cual abrimos nuestro comentario conmemorativo del 60 aniversario del fallecimiento del ilustre poeta Emilio Ballagas:


“De labios de Guillén he escuchado una anécdota de su relación con Emilio Ballagas. Siempre lo consideró un gran poeta y un hombre intrínsecamente bueno. Era un provinciano blanco, culto y católico, que nunca compartió la moda de la discriminación racial. Pero un día, para demostrarle su aprecio personal al poeta mulato, le sugirió que visitara su casa. Sin intenciones peyorativas, a la sugerencia le agregó una frase:

- Nosotros no discriminamos a los negros.

“Guillén, siempre ingenioso, le respondió que también lo recibiría gustoso en su hogar. Ballagas no podía imaginarse el agregado de esta invitación, que era una respuesta cariñosa pero aleccionadora:

- Porque tampoco nosotros discriminamos a los blancos.

“Tiempo después, inspirado en los Motivos de son, el coterráneo de Guillén escribiría su excelente “Elegía a María Belén Chacón”, un poema antológico de la llamada poesía afrocubana”.

 

Emilio Ballagas publicó su primer libro, Júbilo y fuga, en 1931, época por la que el poeta aún estudiaba en la Universidad de La Habana el doctorado en Pedagogía. Colaboró en algunas de las más importantes publicaciones de su tiempo,  tales como Social, Grafos, Clavileño, Revista de Avance, Diario de La Marina, Orígenes, Revista Cubana...

Cuaderno de poesía negra se publica en 1934; Elegía sin nombre, en 1936;  Nocturno y elegía, en 1938, y Sabor eterno data de 1939, solo en 1951  vino a publicar el más conocido de sus libros, Cielo en rehenes. El Premio Nacional de Poesía lo recibió en 1951 y sus Décimas por el júbilo martiano alcanzaron premio en el concurso convocado para celebrar el centenario de José Martí en 1953. Transitó por la poesía negra, de gran riqueza folclórica, de marcada sensualidad y ritmo, en la que ocupan espacio los elementos de carácter social y no está ajeno tampoco el pintoresquismo. Allí está la “Elegía de Maria Belén Chacón” antes citada:


¿Qué ladrido te mordió el vértice del pulmón?
María Belén Chacón, María Belén Chacón...
¿Qué ladrido te mordió el vértice del pulmón?
Ni fue ladrido ni uña,
ni fue uña ni fue daño.
¡La plancha, de madrugada, fue quien te quemó el pulmón!
María Belén Chacón, María Belén Chacón...
Y luego, por la mañana,
con la ropa, en la canasta, se llevaron tu sandunga,
tu sandunga y tu pulmón.


Pero no quiere decir lo anterior que Ballagas careciera de otra arista en su poética y su carácter. Él es, “ante todo, un poeta introspectivo, aunque hay en su lírica aspectos diferentes en que se aleja de sí mismo, juega con las palabras y recoge alguna palpitación del mundo que lo rodea”, apunta acertadamente el eminente crítico dominicano-cubano Max Henríquez Ureña.

Este Ballagas introspectivo es el que se revela en Nocturno y elegía y en Sabor eterno, de los que escapa su angustia y su dolor, con una sinceridad conmovedora. Tómese de ejemplo “Elegía sin nombre”:


Yo andaba, andaba, andaba
en un andar en andas más frágil que yo mismo,
con una ingravidez transparente y dormida
suelto de mis recuerdos, con el ombligo al viento...
Mi sombra iba a mi lado sin pies para seguirme,
mi sombra se caía rota, inútil y magra;
como un pez sin espinas mi sombra iba a mi lado,
como un perro de sombras
tan pobre que ni un perro de sombras le ladraba.


Mucho de autobiográfico hay en esta poesía, que se lee con la apreciación de estar ante un hombre que se consume, pero con la convicción de estar ante un poeta  cuya expresión es necesario escuchar.

Una tercera etapa se distingue en su obra, esta marcada por el tratamiento de los temas católicos. Consciente de su deterioro físico y sabedor de un final cercano, Emilio Ballagas se mantuvo siempre fiel al ejercicio poético. Lo dijo así:

 

“La poesía en mí no es un oficio ni un beneficio. Es una disciplina humilde, un hecho humano al que no puedo negarme, porque me llama con la más tierna de las voces, con una inconfundible voz suplicante e imperativa a la vez. Como poeta no me siento en modo alguno un ser excepcional y privilegiado”.

 

No solo fue poeta, también escribió ensayos y es autor de la Antología de la poesía negra hispanoamericana, publicada en Madrid en 1935, y de Mapa de la poesía negra americana, publicado en Buenos Aires en 1946; amén de haber sido conferencista y traductor.

  Nacido el 7 de noviembre de 1908, Emilio Ballagas murió en La Habana el 11 de septiembre de 1954. Recordémoslo con una relectura de su obra. Colocarla nuevamente entre los libros de cabecera constituiría el mejor homenaje a 60 años de su partida.

 

Editado por: Dino Allende