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Aleja a tus hijos del alcohol: una alerta artística a la población juvenil

Jesús Dueñas Becerra Foto: José Ramón Hernández, 11 de septiembre de 2014

Aleja a tus hijos del alcohol es el título de la obra (inédita) del bisoño dramaturgo Rogelio Orizondo, que Teatro El Público, jerarquizado por el maestro Carlos Díaz, rey Midas de las tablas cubanas, llevara al sótano del capitalino Teatro Nacional de Guiñol. La obra fue laureada con la Beca de Creación Milanés 2012, que otorga la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

La puesta en escena dirigida por el novel actor y director José Ramón Hernández, incluyó en el elenco artístico a las actrices Hilda Gorpe (sueca) y Rosalía Roque (cubana), cuyas convincentes actuaciones desestructuran los pilares fundamentales en que descansa la «cuarta pared teatral».

El método empleado se basa, esencialmente, en la tendencia a la fragmentación del discurso dramatúrgico, lo que les permite a las actrices interactuar con el auditorio, ofrecer testimonios relacionados con una parte de su realidad existencial y establecer un clima emocional que favorece la complicidad mutua (incluidas situaciones lúdicas).

Con apoyo en el denominado karaoke escénico, caracterizado por la exhibición, el ridículo, la espectacularidad, la farsa, la afectación, la competencia, la revelación y el temor, son utilizados —entre otros materiales— un piano y el músico que acaricia el teclado, luces combinadas, un antiguo refrigerador soviético, un cubo con agua y una pequeña pantalla que refleja detalles de la vida personal de las protagonistas de dicha obra.

Aleja a tus hijos… tiene como objetivo incitar al público para hacerlo partícipe de una especie de subcultura urbana, donde prevalecen lo sucio, lo feo, lo íntimo, el dolor, el sufrimiento (estado psíquico «fabricado» por la mente humana cuando no acepta la realidad objetivo-subjetiva o quiere algo que no existe o que no es real), la crisis existencial y el devenir cotidiano.

Con una actuación en primera persona, Gorpe y Roque logran crear una atmósfera espectacular, donde cantan, bailan, reflexionan en voz alta, ríen, y (¿por qué no?) beben un buen trago de Cuba Libre…, pero ¡ojo! sin exagerar.

Por otra parte, esa pieza es consecuente —desde el principio hasta el final— con su intencionalidad dialógica, ya que su joven autor logra acercarla a los amantes de las artes escénicas insulares, y consecuentemente, abrumarlos con demasiada información y saturarles los sentidos con las más disímiles sensaciones.

La obra desmonta el paradigma clásico de mostrarle al espectador un conflicto como centro de la acción dramática, porque el aporte de Hernández se nutre de los testimonios y vivencias del equipo de realización; forma sui generis del nuevo quehacer teatral que viene tornándose cada vez más frecuente en nuestro archipiélago.

Dicho movimiento, aún en pleno desarrollo, está diseñando —cada vez con mayor precisión y exactitud— un indicador metodológico en los escenarios cubanos. Por ende, es necesario que se analice desde la vertiente teórico-conceptual y se respete, porque a los jóvenes, según el ideario martiano, hay que amarlos por lo que son y venerarlos por lo que puedan llegar a ser.

Por último, habría que destacar el hecho de que la toxicomanía alcohólica o adicción al alcohol como droga portera (que facilita el acceso al consumo de las demás drogas, lícitas o ilícitas), es una afección que destruye el equilibrio bio-psico-socio-cultural y espiritual en que se sustenta la salud humana, y por ende, lesiona la calidad de vida de la persona que padece las secuelas corporales, psíquicas y espirituales de la ingestión abusiva de bebidas alcohólicas.

De ahí, que persiga distanciar a los/as adolescentes y jóvenes del alcohol, cuya adicción los lleva a «la apatía, la muerte [en vida], la desesperanza, el silencio, la simulación [y] el oportunismo [males que, en la actualidad, corroen los cimientos de la sociedad que —desde hace más de medio siglo— edificamos “para el bien de todos/as”]».1

Este cronista está convencido de que « […] en Aleja a tus hijos… los/as jóvenes tienen la última palabra, [ya que ellos/as, al compás de una] “bulla escénica”, [son quienes] se empinan, crecen y construyen, desde sus voces [resonantes], un [corpus] liberado teatral y espiritualmente».2

Notas

1Hernández, Yohayna. Notas al programa. La Habana: Teatro El Público, 2014.
2Ídem.

Editado por: Heidy Bolaños
 
 

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