Daniel Chile: ahora lo que quiero es hacer cine
«Desde niño, me fascina el mundo de las imágenes». Con esa frase sincera, espontánea, fiel reflejo de la personalidad del narrador y realizador Daniel Chile (La Habana, 1987), comenzó este fluido diálogo con el joven artista del universo audiovisual cubano contemporáneo.
Mi interlocutor es graduado de la especialidad de Actuación en la Escuela Nacional de Arte (2006), y de licenciatura en Comunicación Social, por la bicentenaria Universidad de La Habana (2012).
Ha participado como camarógrafo, sonidista y asistente de dirección en documentales de realizadores cubanos y extranjeros de la talla de Roberto Chile (su ilustre progenitor), Estela Bravo, Saúl Landau, Ken Schneider, Charles Kopellman y Eirene Huston, entre otros/as.
Como realizador ha dirigido spots publicitarios, vídeo clip y cortometrajes de ficción. Entre sus cortometrajes de ficción se encuentran Tres Puntos (2008) y Túnel (2010), exhibidos tanto en nuestro país, como en el exterior.
En el 2013, realizó su tercer cortometraje de ficción Tarde Para Ramón, protagonizado por el multilaureado actor Jorge Perugorría.
Dicho cortometraje ha participado en la XIII Muestra Joven del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, y en el Havana Film Festival de Nueva York.
¿Cómo nació, se desarrolló y consolidó en usted el amor y la pasión que siente hacia los medios audiovisuales?
Desde pequeño, me sentí fuertemente atraído por el mundo mágico de las imágenes. Me hacía dueño de cada secuencia que veía en los filmes que mi papá proyectaba en la sala de mi casa. Esa pasión se reforzaba mucho más cuando veía los trabajos terminados que él compartía conmigo y toda la familia antes de estrenarlos. Asistí incluso a algunas filmaciones suyas, lo que se convirtió en algo contagioso y desató en mí una verdadera fascinación por la creación audiovisual. En fin, crecí con una cámara a mi lado.
¿Cuál fue la motivación fundamental que, una vez concluidos los estudios de nivel superior, inclinó su vocación artística hacia los cortometrajes, donde se desenvuelve con amplio y lejano dominio del género y gran profesionalidad?
Matriculé en la Escuela Nacional de Arte, en la especialidad de Actuación. Allí di mis primeros pasos en el mundo artístico. Aunque me preparaba como actor, lo que más me interesaba era dirigir, y convertirme en director de cine. Cuando era actor, sentí la necesidad de profundizar en las técnicas y en el arte del cine; y para ello, decidí cursar un taller de lenguaje cinematográfico, donde realicé varios ejercicios prácticos que motivaron, aún más, mi vocación para narrar historias.
En 2008, mientras cursaba el tercer año de la carrera de Comunicación Social, realicé mi primer cortometraje de ficción, Tres Puntos, al que le siguieron otros dos, y le seguirán algunos más, antes de lanzarme a la realización de un largometraje.
¿Podría describir cuáles fueron los factores cognitivo-afectivos que lo llevaron a concebir y llevar, tanto a la sala oscura, como a la pequeña pantalla, el cortometraje Tarde para Ramón, donde se trata un tema tan sensible para el ser humano: la pésima relación hija-padre?
Tarde para Ramón ahonda en la complejidad de los seres humanos, a través de la estropeada relación entre un padre y una hija, marcada por un pasado turbio y doloroso que dejó en ellos una cicatriz incurable. Se trata de una historia acerca de la incomunicación entre seres humanos allegados, y también, sobre las diferentes perspectivas en que podemos mirar y enjuiciar un mismo suceso.
Algunas de esas ideas son motivaciones que me han perseguido y se han afianzado en cada historia que desarrollo. No creo que sean temas que pertenezcan solo a ese cortometraje, en mis dos cortos anteriores he indagado en temas similares. Por supuesto, cada uno con su espíritu y su particularidad.
Generalmente, me inclino por historias relacionadas con la soledad y el dolor que nos persigue en estos tiempos, pedazos de existencias de personas que desean algo y el destino se les pone delante, o mejor, se les enfrenta.
¿Por qué decidió escoger como protagonista de ese audiovisual al primerísimo actor Jorge Perugorría? ¿Acaso pensaba que la presencia en el set de filmación del protagonista de Fresa y Chocolate, filme dirigido por el maestro Tomás Gutiérrez Alea (1928-1996), y nominado al Premio Oscar en 1995, representaba una carta de triunfo...?
No escogí a Jorge Perugorría como una posible carta de triunfo. Considero que es un actor estupendo y le confieso que, desde que escribí la historia, lo veía en cada acto, en cada gesto, en las angustias de Ramón.
Al principio, solo era un sueño: sabía que se trataba de un actor lleno de compromisos y con una fuerte carga de trabajo. Pero la vida propició un encuentro entre nosotros y aceptó mi proposición. Buscó un espacio en su apretada agenda —por esos días Perugorría estaba en medio de la preparación de su película Fátima o el parque de la fraternidad— y un tiempo después iniciamos el rodaje de Tarde para Ramón.
Fue una inolvidable experiencia trabajar con alguien que, además de ser un excelente y experimentado actor, es un ejemplo de ser humano. Jamás se le escuchó una queja, ni un mal gesto, ni siquiera en los momentos más tensos del rodaje. Se entregó profundamente al trabajo y hay que reconocer que sufrió y disfrutó cada toma, con el ímpetu y la energía de un joven que se inicia en el cine.
De las muchas vivencias, experiencias y anécdotas acontecidas durante el proceso de filmación y edición de Tarde para Ramón, ¿podría relatar una que le haya dejado una huella indeleble en el intelecto y en el espíritu?
En el segundo día de rodaje filmamos la última secuencia del cortometraje, que es el encuentro de Ramón con su hija Laura en el aeropuerto, y que termina con el desprecio de ella y la desolación de Ramón.
La actuación de Perugorría fue tan honesta, que hubo un momento en que mientras observaba el monitor me olvidé que estábamos grabando. Me emocioné tanto que, al terminar, fui adonde estaba él y le di un abrazo. Jamás olvidaré aquel momento que afincó mi convicción de que la pasión mayor de mi vida es el cine. No sé cuál será mi destino […], pero ahora lo que quiero es hacer cine.
¿Que recomendación les harías a los jóvenes que se inician en el estudio o en la práctica profesional, en el mundo mágico del audiovisual?
Les diría que estudien y se preparen, que lean, vean buenos filmes y asistan con frecuencia al teatro. Pero, más que eso, les diría que si optan por el cine, que sea por amor, pues solo así van a poder llegar a él. Quien intente hacer cine sin un sentimiento de amor verdadero, quedará en el camino.
Editado por: Heidy Bolaños